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LA TRAMPA DE SER MUJER de Estrella Cardona Gamio
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Capítulo 15 de La trampa de ser mujer (Manual para recobrar la autoestima perdida)
Autora: Estrella Cardona Gamio

15 ME PREGUNTASTE SOBRE EL MATRIMONIO

Fue una tímida pregunta, dijiste, ¿qué opinas de vivir en pareja, casada o no, qué ganamos y qué perdemos de cualquiera de las dos maneras?

¡Vaya con la preguntita de doble filo!... Supongo que debías tener dudas por algún motivo muy directo... Mira, lo que yo opine carece de importancia: existe la institución matrimonial y existen las uniones libres y cada cual es muy dueña de elegir la opción que prefiera siempre y cuando lo haya reflexionado debidamente ya que no hay que dejarse llevar ni por las costumbres ni por las modas, sino por el propio criterio.

Hasta casi finales del siglo XX, en nuestro país, porque en él vivimos y no en el extranjero, no empezaron a tener vigencia, con todo lo que eso conllevó, las uniones libres abiertamente declaradas, pero si nos remontamos un poco más atrás en el tiempo te diré que el matrimonio fue creado para proteger a la familia, entendiéndose por ésta la que formaban los hijos nacidos de un matrimonio legal, cuya única ventaja era esa, su legalidad; la prole estaba protegida e igualmente las herencias; el amor entre los cónyuges carecía por completo de importancia, si existía bien y si no también.

Imagino que has leído algunas novelas de Jane Austen, Orgullo y prejuicio, Henry James, Las bostonianas, y Edith Wharton, La edad de la inocencia, por sólo citar tres muestras bastante representativas, o las has visto llevadas al cine, así pues habrás podido apercibirte de la extraordinaria importancia que para sus heroínas tenía el hecho de contraer matrimonio, ya que sin matrimonio las mujeres eran un cero a la izquierda y de ahí que el quedarse soltera fuese una tragedia si la doncella era honesta, por ejemplo, La heredera, de Henry James —llevada al cine magistralmente por Olivia de Havilland—, o, por su verdadero título, Washington Square.

(No quiero dejar de comentar también, porque a ello se presta, y mucho, Las bostonianas, en la que aparece el feminismo retratado por un varón, ya que al final la joven protagonista abandona sus ideales de autonomía femenina para fugarse con el hombre al que ama como si este aparente happy end, constituyera la única razón de su existencia, la de ella y la de todas las mujeres).

Cuando se leen las novelas de los autores mencionados, encuentro un poco desfasado el empeño casi neurótico en que la desprotegida mujer encuentre marido; a mí, personalmente, las novelas de Austen me han aburrido y me aburren soberanamente, pero comprendo que era su mundo, su época, y que las circunstancias funcionaban de esa manera; luego Henry James repitió la fórmula y también Edith Wharton, lo que a mi parecer era demasiado reiterativo hasta que comprendí que los tres reflejaban una sociedad existente en su momento... y hasta avanzado el siglo XX, pues he conocido después señoras que habiendo nacido en 1900 se casaron sin amor con el primero que se lo pidió para no quedarse solteronas y otras nacidas años más tarde que lo hicieron por que era la costumbre al no tener ni oficio ni beneficio, ya que un marido, teóricamente al menos, encarnaba la protección y seguridad del hogar, vaya, que eras alguien si te casabas, de lo contrario prácticamente no existías debiendo vivir trabajando como señorita de compañía o, con mucha suerte, de institutriz, eso, como signo de mujer liberada, o sino abrías una pensión que podía regentar tu madre. (En pleno siglo XX aunque parezca mentira).

Puesto que la sociedad funcionaba en base a unos parámetros determinados, casarse era recomendable por lo práctico, la costumbre ya viene de antiguo, eso protegía a la eterna menor de edad, léase mujer, le daba respetabilidad concediéndole un papel socialmente importante y le permitía transitar por la existencia con la cabeza alta ya que “su” marido le otorgaba esa dignidad, y por ello constituía la máxima ambición femenina casarse. ¿Desventajas?, el común denominador de unos matrimonios sin amor, maridos dominantes, machistas al cien por cien, celosos, infieles.

Sin embargo, las cosas no mejoran en la unión libre, ¿por qué iban a hacerlo?; a las desventajas mencionadas se une el que no hay protección legal y el abandono o la separación, si no media un acuerdo previo, se convierte en una triste realidad que empezara para la mujer como una maravillosa ilusión romántica.

O sea, querida amiga, que el viejo dicho, tanto si te casas como si no, te arrepentirás siempre, contiene una profunda sabiduría.

Ahora bien, no hay que desesperarse, porque todo tiene arreglo si se pone el empeño necesario, y si hemos de empezar por la base, debemos comenzar educando a nuestros hijos correctamente, tanto a los chicos como a las muchachas, y no es sólo tarea de las madres, los padres han de participar también activamente poniendo de su parte, ya sé que pido demasiado, es decir, bajándose del pedestal y asumiendo su condición de ser humano que si posee virtudes también posee defectos: el varón de la especie no es infalible, tampoco la mujer, la diferencia estriba en que la mujer lo sabe porque se lo infundieron desde la cuna, y la mayoría del género masculino no.

Si las madres dejasen de inculcar en sus hijas el vasallaje al hombre, sustentado en la creencia de que “nosotras”no valemos para esto o para aquello, tu padre sabe lo que hay que hacer mejor que yo, tu padre tiene más experiencia, a los hombres todo les está permitido, a las mujeres no, si yo volviese a nacer sería hombre... En fin, todas esas lindezas que suelen decir las madres a sus hijas porque así se lo predicaron a ellas las suyas, y que no nos han favorecido nada a lo largo de los siglos dificultándonos la existencia, minimizándonos al convertirnos en manipulables, si el pater familias dice a su cónyuge, tú eres una inútil, suerte que me tienes a mí porque de lo contrario... Y no debemos permitir que semejante lavado de cerebro llegue a arraigar en nosotras.

(Esto me trae a la memoria lo que el marido de una escritora española dijo, muy culto él, comentando el estreno de su esposa en literatura con un primer, e importante, premio de novela: Las mujeres, cuando no saben que hacer, escriben.)

Recordemos que él no es el importante, lo somos los dos al cincuenta por ciento; hay mujeres muy inteligentes y hombres muy necios y viceversa —ninguno de los dos sexos tiene la patente de perfección—, por lo tanto no debemos vivir sojuzgadas callando y obedeciendo, sino ser conscientes de nuestra propia valía e importancia en la sociedad, pero sin shows públicos, empezando desde el propio hogar, en la escuela, en el trabajo, porque nuestra dignidad de ser humano así lo exige.

No hay que ir pregonando que se es mujer, hay que demostrarlo con los propios hechos.

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