| LOS
TRES PRÍNCIPES Y SUS BESTIAS Cuento lituano recopilado por Andrew Lang |
©
2005 Traducido del inglés y adaptado por Estrella Cardona Gamio |
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-No te asustes. Haz lo que digo y seré tu amigo. Si te casas conmigo serás más feliz que con tu hermano. Pero primero debes entrar en la cocina y mirar en su alacena. Allí encontrarás tres botellas. En una de ellas hay un ungüento curativo que debes poner en mi barbilla porque en la precipitación de la huída me caí haciéndome daño, a continuación, si bebo de la segunda botella, me hará bien, y el contenido de la tercera me hará más fuerte de lo que he sido nunca. Entonces, cuando tu hermano regrese del bosque con sus bestias debes ir y decirle, hermano me gustaría saber si, teniendo las manos atadas a la espalda y los pulgares trabados con este hilo de seda, eres capaz de soltarte... Y cuando veas que no puede hacerlo, me llamas. Al volver el hermano al castillo, la hermanastra hizo como le aconsejara el ladrón, trabados los pulgares de su hermano con el hilo de seda estando sus manos atadas a la espalda. Pero él se soltó, y le dijo: -Hermana, esta cuerda no es lo bastante fuerte para mí. Al siguiente día se fue de nuevo al bosque con sus bestias y el ladrón le dijo a la princesa que debía tomar un hilo de seda más fuerte para atar con él los pulgares de su hermano. Pero él se liberó otra vez, aunque no tan fácilmente como la primera vez y le dijo a la hermanastra: -La cuerda no es lo bastante fuerte. Al tercer día, volviendo del bosque, de nuevo consintió en probar su fuerza por última vez. Ella tomó una cuerda de seda muy, muy fuerte, que había trenzado bajo el consejo del ladrón, y esta vez, por más que el príncipe tiró y tiró todo lo que pudo, le fue imposible romperla. La llamó, pues y le dijo:
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