| LA PRINCESA
ROSETTE de Madame D'Aulnoy |
©
2005 Traducido del francés por Estrella Cardona Gamio
|
||
|
|
|||
|
El rey la abrazó y le dijo que no llorase que él venía para sacarla de la torre y llevarla a un hermoso castillo. Por su parte el príncipe, que tenía los bolsillos llenos de confites, obsequió con ellos a Rosette. -¡Vamos! –le dijo-, salgamos de esta fea torre; el rey te casará pronto, no te aflijas. Cuando Rosette vio el hermoso jardín todo lleno de flores, de frutos, de fuentes, quedó tan admirada que no podía decir palabra pues nunca había contemplado nada tan bello.. Miraba por todos los lados, avanzaba, se detenía, cogía los frutos de los árboles y las flores de los parterres; su perrito, llamado Frétillon, que era verde como un papagayo, no tenía más que una oreja, y que danzaba a las mil maravillas, iba delante de ella haciendo ¡guau, guau, guau!, entre saltos y cabriolas; Frétillon era un acompañante muy divertido. Él perrito se puso de improviso a correr por un bosquecillo, siguiéndole la princesa quien se quedó maravillada al ver allí un gran pavo real que hacía la rueda y que le pareció tan hermoso, tan hermoso, que no podía desviar la mirada de él. El rey y el príncipe llegaron después que su hermana y le preguntaron que es lo que la admiraba. Ella les mostró al pavo real, preguntando que era aquello, a los cual respondieron que se trataba de un pájaro que se comía algunas veces. -¡Cómo! –exclamó ella-, ¿quién osa matar a tan bellos pájaros y comérselos?. ¡Yo declaro que no me casará más que con el rey de los pavos reales, y cuando sea la reina, impediré que se les coma! -Pero, hermana mía –le dijo el joven soberano-, ¿dónde quieres que encontremos al rey de los pavos reales? -¡Donde vos queráis, señor, porque yo no me casaré más que con él! Después de haber tomado Rosette esta resolución, sus dos hermanos la condujeron a palacio, donde fue preciso llevar al pavo real y meterlo en sus habitaciones. Las damas que no habían visto todavía a la princesa, corrieron para saludarla, unas le llevaron confituras, otras azúcar, otras ropajes tejidos con hilo de oro, bellas cintas, muñecas, zapatos bordados, perlas y diamantes. Mientras ella hablaba con sus amigos, el monarca y el príncipe se preocupaban por encontrar al rey de los pavos reales, si es que había alguno en el mundo. Ambos se dieron cuenta entonces de que era necesario hacerle un retrato a Rosette, así pues ordenaron pintarlo observando estrictamente la semejanza, siendo el habla lo único que le faltase para que fuese perfecto, y dijeron: -Puesto que no deseas casarte con otro que no sea el rey de los pavos reales, vamos a partir juntos e iremos a buscarle por toda la Tierra. Cuida de nuestro reino a la espera de que regresemos. Rosette les agradeció las molestias que se tomaban y les dijo que gobernaría bien el reino, y que en la ausencia todas sus diversiones consistirían en mirar al bello pavo real y hacer bailar a Frétillon. Sus hermanos no pudieron frenar las lágrimas en la despedida. Y hete aquí a los dos príncipes, que en su viaje preguntaban a todo el mundo: -¿Conocéis vosotros al rey de los pavos reales? -¡No, no! Y ellos continuaban su camino, yéndose todavía más lejos, tan lejos, tan lejos como nadie había ido antes.
|
|||