LA PRINCESA ROSETTE
de Madame D'Aulnoy
© 2005 Traducido del francés por Estrella Cardona Gamio

Copyright dibujo: Estrella Cardona Gamio1

Había una vez un rey y una reina padres de dos hermosos hijos que crecían saludables pues se les atendía con todo el cuidado del que era merecedor su alto rango.

La reina no había tenido nunca hijo a cuyo nacimiento no hubiera mandado llamar a las hadas, rogándoles siempre le dijeran que era lo que debía sucederle.

Entonces, la reina tuvo una hijita que era tan linda que nadie que la viera podía dejar de quererla.

La soberana, después de agasajar muy bien a cuantas hadas habían venido a verla, les dijo cuando ya se iban a marchar:

-No olvidéis vuestras buenas costumbres y decidme que es lo que el destino le reserva a Rosette –(que tal era el nombre por el cual llamaban a la princesita).

Las hadas le dijeron que habían olvidado en casa su libro de consultas mágicas y que volverían otra vez para decírselo.

-¡Ah! –exclamó la reina-, esto no me anuncia nada bueno; veo que no deseáis afligirme con una mala predicción. Mas os ruego que me lo digáis todo; no me calléis nada.

Ellas se deshicieron en excusas, y la reina todavía se inquietó más por saber que era lo que podía sucederle a su hija. Al final, un hada muy joven, repuso:

-Nosotras creemos, majestad, que Rosette será causa de infortunio para sus hermanos, ya que ambos pueden morir por su causa. Es cuanto podemos adivinar acerca de esta hermosa princesita; sentimos mucho no poderos ofrecer mejores nuevas.

Las hadas se marcharon entonces y la reina se quedó tan triste, tan triste, que el rey se dio cuenta de ello y le preguntó que es lo que le sucedía, respondiéndole ella que se había aproximado demasiado al fuego y por esta causa habíase quemado todo el lino que estaba en su rueca.

-¿No es más que esto? –preguntó el rey y subiendo al granero le trajo tanto lino que ella no hubiera podido hilarlo en cien años.

La reina continuó triste y él volvió a preguntarle que es lo qué le pasaba. Ella le dijo entonces que estando al borde de la río, había dejado caer su zapatilla de satén verde en el curso del agua.

-¿No es más que eso? –preguntó el rey, y envió a buscar a todos los zapateros de su reino, trayéndole diez mil zapatillas de satén verde. Pero ella continuaba estando triste y él le preguntó que es lo que le sucedía, a lo que la soberana le respondió que comiendo con demasiado apetito se había tragado su anillo de boda que llevaba en el dedo.

El rey descubrió que mentía pues él había guardado ese anillo y así se lo dijo:

-Mi querida esposa, ¡estás mintiendo!, he aquí tu anillo que yo he guardado en mi bolsa.

¡Diantre!, había sido cogida en un embuste, que es la cosa más fea del mundo, y vio que el rey se enfadaba. Por lo tanto no tuvo más remedio que contarle aquello que las hadas habían predicho a la pequeña Rosette, y le preguntó si él sabía de alguna solución para evitar que la profecía se cumpliera.

El monarca se entristeció mucho y al fin le confesó a su esposa:

-No conozco otro modo de salvar a nuestros dos hijos sino es haciendo morir a Rosette.

Pero ella protestó diciendo que no sobreviviría a eso.

 

Sigue...

Inicio