REINOS INVISIBLES
de Richard von Volkmann
© 2005 Traducido del alemán por Estrella Cardona Gamio

6

-Eres una persona singular –dijo el Rey entonces poniéndole el dedo índice en su frente- ¡Ya lo veréis tú y tu princesa! ¡Veréis los palacios y los jardines, los prados y los bosques que pertenecerán al reino! ¡En ellos tendréis vuestra residencia y os pasearéis y haréis lo que queráis, sólo que las otras gentes no lo verán!

Jörg el Soñador se alegró mucho aunque estaba un poco preocupado por si los del pueblo le miraban mal al llegar con la princesa y siendo un monarca.

Acto seguido se despidió del Rey de los Sueños y subió con su princesa los 500 escalones, después le quitó el velo plateado de la cabeza, lanzándolo en dirección al soberano, y al querer cerrar la tapa de la trampilla, como ésta era muy pesada no pudo sostenerla, por lo que cayó. Entonces se produjo un monstruoso estallido igual que cuando se disparan muchos cañones a la vez y Jörg se desmayó durante unos segundos; al volver de su desvanecimiento estaba de nuevo frente a su casita sentado sobre la vieja muela de molino y junto a él se hallaba su princesa en carne y hueso como cualquier otra persona.

Ella le sujetaba la mano, acariciándola y le decía:

-Tu amor, que puede ser extravagante para los demás, lo has callado durante mucho tempo, ¿acaso has tenido miedo de mí?

Y la luna salió alumbrando el río, las olas rompían contra la orilla susurrantes y el bosque murmuraba; sin embargo ellos no les prestaban atención; estaban sentados y no cesaban de hablar.

Entonces, una pequeña y negra nube pareció ponerse delante de la luna y cayó a sus propios pies como un gran paño doblado. Después la luna brilló otra vez esplendorosa.

Ellos alzaron el paño y lo desplegaron. Pero era muy fino y mostraba cientos de dobleces, así que necesitaron mucho tiempo. Cuando estuvo por completo extendido parecía un gran mapa. Atravesándolo corría un río y a ambos lados había ciudades, bosques y lagos.

Repararon que se trataba de un Reino que el bondadoso Rey de los Sueños había dejado caer desde el firmamento. Y cuando miraron su casita vieron un maravilloso castillo de torres puntiagudas con tejados de pizarra azul, con escaleras de cristal y paredes de mármol cubiertas de tapices.

Entraron en el castillo donde los súbditos estaban reunidos y se inclinaban en profundas reverencias. Timbales y trompetas resonaban mientras los pajes, caminando ante ellos, iban derramando flores a su paso porque ambos ya eran el Rey y la Reina.

A la siguiente mañana, corrió a través de la aldea, igual que un reguero de pólvora, la noticia de que Jörg el Soñador había vuelto trayendo esposa.

-Por fin ha hecho algo inteligente –comentaron los aldeanos.

-Yo les he visto muy temprano –dijo uno de los campesinos tomando la palabra-, yendo por el bosque. Ella estaba de pie con él, delante de la puerta y no tiene nada de particular en su persona, es pequeña y delgada, e iba pobremente vestida. ¡Si Jörg carece de bienes, ella tampoco debe poseerlos!

Así parloteaban entre sí las estúpidas gentes, porque no podían ver que se trataba de una princesa, y que la casita se había trasformado en un grande y maravilloso castillo; no se daban cuenta de que del firmamento le había caído a Jörg el Soñador un Reino Invisible.

Incomprensión que a él no le preocupó especialmente, viviendo feliz en su magnífico Reino Invisible con su amada princesa; tuvieron seis hijos, cada uno más hermoso que el otro y éstos fueron príncipes y princesas.

Mas de semejantes maravillas jamás supieron en la aldea porque sus gentes eran vulgares y demasiado torpes para poder ver un Reino Invisible.

 

Fin de Reinos Invisibles

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