| REINOS
INVISIBLES de Richard von Volkmann |
©
2005 Traducido del alemán por Estrella Cardona Gamio
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-Éste tampoco es mucho mejor –opinó el Rey de los Sueños-. Ladra como un perro y posee la fuerza de un titán. Cuando la gente se angustia en sueños, los sujeta de manos y piernas y no pueden escapar. -También le conozco –recordó Jörg el Soñador-. Cuando uno quiere huir se queda inmóvil y rígido como un pedazo de madera. Quieres levantar el brazo y no puedes, quieres mover una pierna y no puedes... Pero a veces no es ningún perro, sino un oso o un bandido, ¡y, en otras ocasiones, algo terrorífico! -Nunca volveré a permitir que te visiten de nuevo –le tranquilizó el Rey-. Ahora vamos con los Malos Sueños, pero no abrigues temor que no llegarán a ti para hacerte daño; solamente se aparecen a las malas personas. En estas penetraron en una estancia inmensa que rodeaba una alta muralla y en medio de la cual había una enorme puerta de hierro, cerrada. En ella gemían horribles formas y espantables monstruos, unos con apariencia de personas, otros a medias humanos y otros con aspecto de animal. Jörg el Soñador, asustado, se echó hacia atrás, alejándose de la puerta de hierro. Sin embargo, el Rey se le dirigió amigablemente, preguntándole: -¿No quieres ver lo que las malas personas tienen que soñar? E hizo ademán a un sueño que estaba cercano; era un gigante horrible que tenía debajo de cada brazo una muela de molino. -¡Explica que vas a hacer esta noche! –le ordenó el Rey. El interpelado titubeó ladeando la enorme cabeza, que mostraba una boca de oreja a oreja, y se encogió de hombros inseguro para decir luego alegremente: -Iré a casa de un hombre rico que dejó morir de hambre a su padre. Un día el anciano subió a la escalera de piedra que había delante de la casa de su hijo, y sentándose, le pidió pan, pero el hijo vino y les ordenó a los criados: -¡Echad a este fantoche! Ahora yo voy cada noche y le estiro entre las dos muelas de molino hasta romperle todos los huesos. Entonces él suplica y patalea, pero yo le agarro por el cuello, le sacudo y le digo: -¡Fíjate tú lo bonitamente que ahora pataleas! Después él se despierta castañeteándole los dientes y exclama: -¡Mujer, tráeme más mantas que tengo frío! Y cuando otra vez vuelve a dormirse, yo repito de nuevo. En cuanto Jörg el Soñador escuchó esto, se alejó de la puerta para sacar al Rey de allí, y le dijo: -¡No permanezcamos ni un momento más junto a los malos sueños! ¡Esto es horrible! El Rey le guió entonces hacia un magnífico jardín, en donde los caminos eran de plata, los setos de oro y sus flores de piedras preciosas; entre ellos se paseaban los buenos Sueños. Lo primero que vio Jörg el Soñador, fue a un Sueño que era una mujer joven y pálida que llevaba debajo de uno de los brazos un Arca de Noé y debajo del otro, un caja de herramientas. -¿Quién es? –preguntó Jörg el Soñador. -Esta mujer siempre va al anochecer a visitar a un muchachito enfermo cuya madre falleció. Durante todo el día está solo y ninguno se preocupa por él; pero cuando anochece, ella va a hacerle compañía jugando con él y permaneciendo a su lado la noche entera. Él se duerme siempre temprano y por eso ella va tan pronto. Los otros sueños aparecen mucho más tarde... Ven; si quieres verlo todo, es preciso que vayamos rápidos. . |
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