REINOS INVISIBLES
de Richard von Volkmann
© 2005 Traducido del alemán por Estrella Cardona Gamio

3

En así diciendo, el Rey de los Sueños tomó la delantera y Jörg le siguió. Cuando llegaron a un lugar donde las nubes se hallaban a ras del suelo, el monarca indicó una trampilla que se escondía bajo un arbusto, allí en donde nadie la podía encontrar.

El Rey de los Sueños la levantó guiando a su acompañante quinientos escalones hacia las profundidades hasta una prodigiosa caverna muy iluminada. ¡Era indeciblemente hermosa! Aquí y allá habían castillos sobre islas en medio de un gran mar y las islas navegaban como barcos. Cuando alguna quería entrar en uno de tales castillos, acostumbraba a ir al borde de la orilla y gritaba:

¡Castillito, castillito, hacia aquí nada

De modo que yo entrar pueda!

Y entonces se acercaba a la orilla. En la inmensidad había otros castillos sobre las nubes, que volaban lentos por el aire, pero si alguien decía:

¡Baja mi aéreo castillo

De modo que yo entrar pueda!

Éste se sumergía en las nubes descendiendo lentamente.

Además había también jardines con flores que perfumaban el día y de noche brillaban tornasolados pájaros que contaban cuentos de hadas, entre otros muchos y todos por completo maravillosos, ante lo cual, Jörg El Soñador no cesaba de asombrarse y admirarse.

-Ahora voy a mostrarte a mis súbditos los Sueños-dijo el Rey-. De ellos hay tres especies: buenos sueños para las buenas personas, malos sueños para las malas, y además tengo a los duendes del sueño.

Con éstos últimos a veces gasto bromas, porque un rey también puede hacer sus chanzas.

Y primero le llevó a uno de los castillos que estaba construido de un modo ceremoniosamente cómico.

-Aquí viven los Duendes del Sueño –le dijo-, un pueblo menudo y petulante, que no le hace daño a nadie pero al que, de buena gana, le gusta bromear. ¡Ven pequeño! –gritó el Rey a uno de los duendes-, y por un momento compórtate con seriedad.

Después siguió andando y le dijo a Jörg El Soñador:

-¿Sabes que hace este pícaro cuando yo le permito excepcionalmente subir a la Tierra? Va a la casa más próxima, agarra a la primera persona que encuentra, la sube al campanario de la iglesia y la tira cabeza abajo. Entonces salta apresurado por las escaleras de la torre, llegando abajo justo a tiempo de recogerlo y de nuevo se lo lleva a su casa y cuidadosamente le deja en la cama de manera que ésta cruja despertándole. Entonces el así desvelado, se frota los ojos porque no comprende nada y habla de esta suerte:

-¡Dios mío!, ¿qué es lo que hacía yo en el campanario?... Bueno, menos mal que era un simple sueño lo que he tenido.

-¿Es este? –exclamó Jörg el Soñador- También ya estuvo una vez en mi casa; si vuelve de nuevo y le agarro, lo va a pasar muy mal.

Apenas haber dicho aquello, otro Duende del Sueño salió de debajo de la mesa. Aparentaba ser un perrito ya que era todo peludo y la lengua le colgaba.

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Sigue...

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