REINOS INVISIBLES
de Richard von Volkmann
© 2005 Traducido del alemán por Estrella Cardona Gamio

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Estas gentes eran de otra opinión y se reían del pobre y soñador Jörg, que dejaba pasar el tiempo; se trataba de personas sin capacidad para soñar despiertos.

Cuando Jörg tomaba asiento sobre la vieja muela de molino reflexionaba acerca de que habíase quedado solo en el mundo, y un día se durmió teniendo cierto sueño: del cielo colgaba un columpio dorado pendiente de dos cuerdas plateadas. Cada cuerda iba sujeta a una estrella y sobre el columpio sentábase una encantadora princesa impulsándose tan alto que iba del firmamento a la Tierra y de la Tierra, de nuevo hacia arriba, hacia el firmamento.

Todas las veces, cuando el columpio llegaba a la Tierra, la princesa palmoteaba de alegría y le lanzaba una rosa. Pero, repentinamente, se rompieron las cuerdas del columpio y éste voló de nuevo con la princesa llevándosela hacia el firmamento, siempre lejos, siempre lejos, hasta que por último ya no se la vio más. Entonces él se despertó y al mirar en torno suyo, contempló cerca, sobre la piedra de molino, un gran ramillete de rosas.

Al siguiente día, al volverse otra vez a dormir, tuvo el mismo sueño, y al despertar, las rosas estaban de nuevo allí.

Así paso durante toda la semana y entonces Jörg el Soñador se dijo, que algo tenía que haber de verdadero en su sueño, porque siempre se repetía. Con que cerró la casa decidido y se fue a buscar a la princesa.

Después de caminar muchos días, divisó a lo lejos un país en donde las nubes llegaban hasta la Tierra. Y anda que te andarás llegó más tarde a un enorme bosque, escuchando de súbito unos aterrorizados gemidos, y cuando llegó al lugar pudo ver a un venerable anciano de barba plateada tirado sobre el suelo, mientras dos feos individuos que iban desnudos, estaban con las rodillas hincadas sobre él intentando estrangularle.

El muchacho miró a su alrededor para encontrar algún arma con que luchar contra aquellos sujetos, y al no hallar nada, dominado por la angustia, desgarró una gran rama de árbol.

Mas apenas la había cogido entre sus manos, cuando se transformó en una poderosa alabarda, con la que arremetió contra los maleantes de modo que éstos, aullando de dolor, dejaron libre al anciano y se fueron dando saltos.

Después de incorporar al anciano y consolarle, Jörg le preguntó por qué aquel par de hombres desnudos habían querido estrangularle, y él le explicó que era el Rey de los Sueños y que por equivocación había entrado en el reino de su gran enemigo, el Rey de la Realidad, quien le tenía vigilado a través de dos obedientes espías que eran sus servidores.

-¿Le habéis causado algún sufrimiento al Rey de la Realidad? –preguntó Jörg el Soñador.

-¡Guárdeme Dios! –exclamó el monarca- En general se vuelve fácilmente agresivo con los demás; es su carácter ¡y a mí me odia en especial!

-¡Pero los individuos que él mandó para estrangularos iban por completo desnudos!

-Ciertamente –dijo el Rey-; está de moda en el País de la Realidad. Allí la gente se pasea desnuda, también el Rey; ¡no tienen sentido del decoro! Pero como me has salvado la vida te estoy muy reconocido y por ello quiero mostrarte mi tierra, la más magnífica del mundo, siendo los Sueños mis súbditos.

 

Sigue...

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