| EL RATONCITO
MITJONET Dedicado a la pequeña Ariadna Priante Francès |
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-¡Guau, guau! –ladró el perro que era un cachorro muy juguetón- Hola, ratoncillo, ¿qué haces aquí dentro encerrado -No estoy encerrado por mi gusto, esto es una trampa y yo un Tros de mico, un Esquitx y un Babau... -¡Caramba, qué nombre más largo!... Yo me llamo Baldufa. -Pues mucho gusto, amigo Baldufa... Escucha, ¿podrías sacarme de este encierro? Tan grande y fuerte como pareces, para ti eso será coser y cantar. -Hombre, quiero decir ratón, gracias, muy amable por tu parte, pero la verdad es que no tengo ni idea de cómo levantar la reja, porque si la muerdo me estropearé los dientes y si tiro la ratonera por los aires lo más seguro es que seas tú el que acabes de mala manera... ¿Verdad que me entiendes? -¿Entonces qué? –lloriqueó Mitjonet. Baldufa lamióse la pata reflexionando. -Escucha, ¿sabes lo que haremos? -¿Qué? -Iré a buscar a la hija de mi amo, Ariadna, que es una nena muy lista y ella sabrá lo que se ha de hacer. -¿Seguro? -Hombre, quiero decir ratoncito, ¡y tanto! Baldufa echó a correr dejando a Mitjonet angustiado pero enseguida regresó, y detrás suyo iba una muchachita rubia de grandes ojos castaños, muy linda. -¿Qué quieres, Baldufa, hacia dónde vamos? -¡Guau, guau! –ladró el perro deteniéndose delante de la cárcel de Mitjonet. -¡Ay, una ratonera!... –exclamó la nena-¡Pobrecillo ratoncito, ha caído en una trampa para ratas! Y la pequeña, a la que no le daban miedo los ratones, levantó la reja con unos deditos blancos y suaves. Mitjonet no daba crédito a sus ojos: una giganta le ayudaba a salir de la trampa, una giganta de la raza de los hombres, ¿pero no decía su padre que los hombres se creían los reyes de la Creación y que no se trataba nada más que de unos necios vanidosos? La niña sonrió al ratón, al tiempo que le decía: -Anda, guapo, ya te puedes ir, ¡corre, corre! Y procura no volver a caer en ninguna ratonera nunca más. -¿No te lo decía yo? –comentó muy orgulloso el cachorro, y Mitjonet, recordando la buena educación recibida de sus papás, le hizo una reverencia a la nena, cosa que la dejó boquiabierta, y le dijo al perro antes de huir a toda velocidad: -¡Muchas, muchas gracias, amigo mío, nunca olvidaré este favor, y si un día te lo puedo devolver....? Baldufa sonrió de oreja a oreja. -Prefiero que no Tros de mico, Esquitx y Babau... ¡Caramba, para ser tan pequeñito, que nombre más largo tienes, ratoncillo! Mitjonet estaba tan contento que no le sacó de su error porque, pensó, se lo tenía bien ganado, por tonto, aquel nombre tan largo y estrafalario.
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