EL RATONCITO MITJONET
Dedicado a la pequeña Ariadna Priante Francès

© 2005 Estrella Cardona Gamio

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Copyright dibujo: ADOLF 2005 5 El pueblo

Tranquilamente, Mitjonet se dispuso a ir hacia el río donde vivía la colonia de ratones; nuestro héroe se encontraba impaciente por llegar ya que siendo un ratoncito campesino le deslumbraba el hecho de que enseguida conocería la vida pescadora viviendo quizá aventuras de lo más emocionante que harían de él todo un personaje.

Con estos sueños de gloria en la cabecita, Mitjonet se hizo un lío con las direcciones de Maduixa y en el momento de escoger camino no se acordaba si a poniente había un pueblo de personas o una colonia de ratones pescadores; finalmente, y después de reflexionarlo durante mucho rato, marchó en dirección poniente, plenamente convencido de que había elegido con acierto.

¡Pobrecillo Mitjonet, no sabía en donde iba a meterse!

Como que el camino era de bajada, el ratoncillo pensó que los ríos nunca suben a las montañas porque si no caerían, o sea que podría encontrarlo en el valle, y en sus sueños veíase ya patrón de un barca, la Mitjó I, volviendo cada día al atardecer después de haber hecho una buena pesca, siendo aclamado por los otros ratones como el mejor de todos los que faenaban por las aguas del río.

Había mucho bosque y demasiadas hierbas muy crecidas, y grandes setas da cabezas rojas salpicadas de blanco, de esas llamadas reig bord, de las que se decía eran el habitáculo de los duendes. Mitjonet todo azorado miraba cuanto le rodeaba y cada vez sentíase más pequeño, pequeño como una pulga, porque el bosque donde él había nacido no era tan espeso e impresionante. De súbito, deslizándose por entre dos piedras que formaban un pasadizo, fue a desembocar en una tubería y salió corriendo dándose de narices con la visión... ¿De un río?, os preguntaréis vosotros, pues no señor, nada de ríos o cosas parecidas, allí mismo, rodeándole, se levantaba un pueblo entero con casas, iglesia, plaza mayor... y lo que es peor todavía, si el que ve eso es un ratón, un pueblo sin duda lleno de gatos y perros..., porque personas, bastantes que había por todas partes.

 

Para Mitjonet que se quedó patitieso de espanto, era demasiado, primero su imperdonable equivocación y en segundo lugar eso de poder ver animales tan grandes como nunca los había visto en su vida, pues para él un perro o un gato podían ser como para nosotros un elefante, y la cosa no tenía nada de tranquilizadora; por otro lado estaban las personas, o sea lo que sus padres llamaban el hombre... ¡Oh, el hombre, que miedo! Era grande y gordo como una montaña y calzaba unas botas de lo más aterradoras y relucientes que cuando avanzaban hacían ¡chrass, chrass!,.pareciendo una avalancha de nieve que se te viene encima. Algunos mostraban barbas oscuras y cabellos recogidos en coleta, o bien cortos, y otros llevaban sombreros grandes como las alas de un cuervo cuando vuela, y unos iban vestidos de campesinos y otros con pantalones estropajosos y chalecos de colores estridentes, collares en el cuello, cintas en la frente y caminaban con sandalias o descalzos, después había hombres no tan altos y más delicados, sin pelo en la cara, pero con unos cabellos largos que a veces eran trenzas y en otras rizos y que no calzaban botas sino alpargatas, y llevaban faldas, y por último había otra clase de hombres mucho más pequeños que chillaban y saltaban y reían y que se empujaban, traviesos, unos a otros. Mitjonet no tenía idea de lo que eran tantas personas diferentes porque estaba viendo por primera vez hombres, mujeres y niños. 

Pensad por un momento que efecto os hubiera hecho tropezar de narices con todo eso, si vosotros hubieseis sido ratoncillos que nunca hubierais visto de cerca de ningún ser humano, el mismo efecto, creo yo, que si yendo ahora por el bosque a buscar setas apareciese de improviso un extraterrestre, ¿no os parece?

Mitjonet estaba espantado; si eso era el hombre, ¿cómo serían los gatos y los perros?; recordad que nuestro héroe no sabía distinguir entre un gato y un perro y para él, todos eran Bigotis hambrientos de carne de ratón, ¿Qué hacer entonces?

 

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