| EL RATONCITO
MITJONET Dedicado a la pequeña Ariadna Priante Francès |
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Mitjonet dijo adiós a madre e hijo y regresó a la madriguera del erizo muy satisfecho de que la aventura hubiese acabado bien, y después de explicarle detalladamente a su amigo todo lo que ya sabemos, éste le habló entonces de la siguiente manera: -Como veo que eres un alma cándida, querría aconsejarte para que tu viaje no acabase de mala manera: tienes mucha vida por delante y harás grandes cosas si sabes escuchar a tus mayores... -A papá y a mamá... -Sí, y ahora a tu amigo el erizo, que los buenos amigos sirven de mucho si los sabes escuchar a tiempo. -Dime, dime, soy todo oídos. -Así me gusta... Pues mira, por lo que me has explicado, vas en busca de fortuna y también para aprender muchas cosas, pero no puedes andar como una cometa hacia donde te lleve el viento, que eso es peligroso para los ratoncillos, muy peligroso, ¿sabes? -¿Qué puedo hacer yo entonces? -Tener un itinerario, saber hacia donde vas, no caminar a la buena de Dios... Por ejemplo, ¿dónde piensas dormir esta noche? -No lo sé. -Ves, no lo sabes. -No. -Yo si que lo sé, aquí, en mi casa, serás mi huésped. -¡Muchas gracias! -De nada. Como te iba diciendo: para esta noche no hay problema, pero, ¿y mañana? -No lo sé. -¡Claro que no lo sabes!, por eso te diré que si mañana marchas en dirección a poniente, irás a parar a un pueblo lleno de gente no muy amable con los ratones, ¡nada, vaya!, ahora, si vas por el camino opuesto encontrarás el río y en sus orillas a toda una colonia de ratones pescadores de lo más despabilado... Si eres juicioso no cogerás la dirección de poniente... -¿Por qué? -Porque las personas no son ratones, y tú, Mitjonet, has de estar con los tuyos... Además, la colonia es próspera y hay comida y futuro para todos... -¿Y podré convertirme en un ratón respetable? -Lo que se dice de lo más respetable. -¿Y me dirán señor Mitjó? -¡Ciertamente! -¡Pues me iré con los ratones pescadores! -¡Mira que bien! Eso es lo que has de hacer. Y Mitjonet se puso la mar de contento porque ya sabía que dirección tomar. Entonces pasó la noche en la madriguera del erizo, cenaron juntos, y al amanecer se despidió muy educadamente de su amigo. -¡Hasta la vista querido erizo!... Oye, ¿cómo te llamas?; todavía no lo sé. -¡Es verdad, que cabeza la mía, mira que olvidar una cosa tan importante!... Me llamo Maduixa porque la madriguera de mamá estaba bajo un campo de fresas. Vaya un nombrecito, ¿no? A veces pienso que soy un frasco de mermelada- rió. Maduixa y el ratoncito se dieron un fuerte abrazo y después no se dijeron adiós, sino ¡hasta pronto!, ya que los buenos amigos, si lo son de verdad, nunca se alejan del todo.
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