| EL RATONCITO
MITJONET Dedicado a la pequeña Ariadna Priante Francès |
|||
|
|
|||
|
No, no había nada que hacer, Garsa petita tenía toda la razón, se dijo Mitjonet; ni en el pueblo, ni en el bosque, y menos todavía en el desbarajuste formado por los monstruos –(excavadoras y camiones)-, podía encontrarse el rastro de sus padres y de sus hermanos. Todo estaba perdido, pues, y debía regresar al viejo molino con los Farinetes, por consiguiente se despidió del hijo de la señora de Pollastre deseándole que tardase en llegar la Navidad. -¡Venga, chicos, regresemos! –dijo entonces el ratón muy descorazonado, y en todo el trayecto del viaje, no abrió la boca sentado sobre Petita garsa, mientras Garsa petita lo miraba preocupado. Al atardecer llegaron a la madriguera de los ratones molineros, y Rosella, que cada día desde la marcha de Mitjonet, observaba el cielo a todas horas, fue la primera en ver aparecer a los pájaros planeando con sus alas extendidas como el que nada dentro del agua. -¿Ya viene Mitjonet, ya viene! –gritó contenta y sus padres, sus hermanos y el resto de las bestezuelas refugiadas en los alrededores se enteraron enseguida, y los Farinetes, corriendo, encabezándolos la misma Rosella, se acercaron al lugar donde las urracas aterrizaron.
La alegría del recibimiento se vio aguada de golpe al contemplar todos la cara de medio muerto que traía Mitjonet. -No les hemos encontrado –dijo el ratoncillo apesadumbrado. -No estaban por ningún sitio –agregó Petita garsa, y Garsa petita: -Nadie nos daba razón. Y para el desconcierto de los tres compañeros, la familia Farinetes rompió a reír estruendosamente. -No veo que sea cosa para reírse –dijo muy picado Mitjonet, y los hermanos Garsa se miraron como el que piensa: ¡éstos han perdido el juicio! En aquel mismo momento, cuando Mitjonet iba a decir cualquier cosa que quizá hubiese sido demasiado fuerte para las orejitas de Rosella, el señor Farinetes que era lo que se dice, nunca mejor expresado, un trozo de pan bendito, haciéndose a un lado dejó ver detrás de él a... -¡¡¡Papá, mamá, hermanitos!!! –chilló Mitjonet loco de alegría viendo aparecer a su familia al completo en medio de los Farinetes. El señor Cuagrisa, la señora de Cuagrisa, los pequeños Cuagrisa y Mitjonet, se fundieron en un abrazo muy, muy apretado mientras que la señora de Farinetes y Rosella lloraban conmovidas y Petita Garsa y Garsa petita fingían un acceso de tos para disimular la emoción del rencuentro. *** -¿Cómo es qué habéis venido a parar aquí? –quiso saber Mitjonet después, cuando ya los ánimos se habían serenado y todos estaban en casa del señor Farinetes y comenzaban a hablar tranquilamente, mientras cenaban sentados en su comedor. -La casualidad, hijo mío, la casualidad... Íbamos desorientados y escogimos un camino como podíamos haber elegido otro... Entonces tropezamos con un erizo que nos dijo que te conocía... -¡Maduixa! -Eso mismo, se llamaba Maduixa, y nos dijo que te había recomendado que fueses a la colonia de los ratones pescadores, donde, añadió, debe vivir ahora... Y hacia allí fuimos, hacia el río, pero no llegábamos nunca... Afortunadamente, aquel camino nos llevó a la madriguera del señor Farinetes, y aquí estamos todos juntos... -¡Y para siempre, papá! –dijo Mitjonet muy contento- Yo quería iros a buscar porque en el molino se vive muy bien, cuando estalló esta pesadilla... ¡He hecho una casa para nosotros, con el permiso del señor Farinetes, donde viviremos! -Eso –refunfuñó el señor Cuagrisa-, si al hombre no le da por arrasar el molino, ¡porque entonces si que la habremos hecho buena! El patriarca intervino muy juiciosamente para tranquilizar a los reunidos: -Estimado amigo, eso no puede suceder nunca porque los hombres comen pan y el molino se lo procura. -¡Es verdad! –reconoció Cuagrisa aliviado de golpe- ¡No había reparado en este hecho! -Pero –intervino Eixerit súbitamente alarmado- ¿Y si cualquier día al hombre le da por sustituir los molinos por otra cosa, ¿qué haremos si eso ocurre? Cuagrisa puso cara de sobresaltado; ¡con eso no había contado! Sin embargo el señor Farinetes siempre tenía una respuesta para todo. -Querido hijo, te llamamos Eixerit, ¿qué quiere decir eso?, pues quiere decir que los ratones somos unas bestezuelas muy inteligentes y ya nos despabilaríamos si se presentase un problema como ese... ¡Cuando uno es trabajador no tiene miedo de nada y siempre sabe encontrar una salida! Todos respiraron esperanzados. -¡Tranquilo, papá –dijo Mitjonet gozoso-; aquí nos quedaremos, seremos muy felices y... -... comeremos perdices –intervino tímidamente Rosella mirando de reojo a Mitjonet, y todos se echaron a reír.
FIN
DE EL RATONCITO MITJONET.
|
|||