| EL RATONCITO
MITJONET Dedicado a la pequeña Ariadna Priante Francès |
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Caminando, al medio día se detuvo muy cansado para tomar un bocado y luego, tal vez, hacer una siestecita, porque la pasada noche, no había pegado ojo de tan nervioso como estaba. Se puso a roer una raíz dulce que llevaba en el zurrón y la mitad de una almendra, y al terminar quiso echarse bajo la sombra de una planta muy bonita. Empleando por almohada la cáscara hueca de una bellota que sobresalía medio enterrada bajo la hojarasca, iba a cerrar los párpados cuando de súbito una voz ronca que parecía acatarrada, le dijo en el oído: -¿Qué haces tan solo por aquí, ratoncillo? Mitjonet, asustado, dio un bote buscando con los ojitos a quien de esta manera le hablaba. Delante de él había un ave muy grande nunca vista antes por Mitjonet. -Yo... Yo... soy el hijo mayor de los señores Cuagrisa y me llamo Mitjonet, servidor de usted... -¡Ko, ko, ko!... –dijo el ave desconocida- Yo soy la señora de Pollastre. -¡Pío, pío, pío!... La conversación acababa de ser rota por la llegada de una nidada de polluelos todos amarillos, pequeños y suaves como bolitas de algodón. -¡Mamá, mamá!... –gritaban alborotando. -¿Qué queréis, hijos? –preguntó toda orgullosa la señora de Pollastre, porque, verdaderamente, sus hijitos eran lo que se dice de lo más lindo. -¿Quién es éste? –piaron curiosos. -Un ratón que se llama Mitjonet, y que mucho me parece que no sabe en donde ha ido a caer. -¿Y dónde he ido a caer? –quiso saber Mitjonet un poco asustado porque no veía alrededor suyo nada que pudiera ser malo para él. -¡Ko, ko, ko! –cacareó la señora de Pollastre haciéndose la que lo sabe todo de la vida-. En esta granja, pequeño, hay un personaje que se llama Bigotis y al que le gustan mucho los ratones... -¡Oh, qué bien, entonces seremos amigos! -la interrumpió muy contento Mitjonet. -¡No seas bobo, ratoncillo, si le gustan es para comérselos! –agregó la señora de Pollastre algo molesta por la buena fe de Mitjonet, que para ella no era más que simpleza- Bigotis es un gato. -¿Un gato? –repitió aterrado Mitjonet. -Eso mismo, un gato... ¡No me digas ahora que no sabes lo que es un gato! -Nunca he visto ninguno, pero mis papás ya me habían advertido de que los gatos son unos monstruos enormes con colmillos como ramas de árbol. -Sí, algo parecido. ¿De dónde vienes que nunca has visto un gato? -De mi casa, en el bosque, cerca de los Turons de la Farigola. He salido para ver mundo y aprender a ser un ratón de bien. La señora de Pollastre pensó: -“Poco mundo verás tú como Bigotis te atrape” –y continúo en voz alta-.Me caes bien Mitjonet, pero será mejor que tomes las de Villadiego ahora mismo si no quieres conocer a Bigotis. -Le haré caso, señora de Pollastre, pero antes de que me vaya, ¿podría decirme cuál es la dirección más adecuada para no tropezarme con el gato?; yo no conozco estas tierras. De improviso, y como eran los últimos días de la primavera, se puso a llover a cántaros y la señora de Pollastre y su nidada desaparecieron bulliciosamente dejando solito al pobrecillo Mitjonet.
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