| EL RATONCITO
MITJONET Dedicado a la pequeña Ariadna Priante Francès |
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Mitjonet estaba desolado, inquieto y entristecido por cuanto acababa de escuchar; si sus padres no se hallaban en los Turons de la Farigola, ¿qué quería decir esto? ¿Estaban perdidos por los senderos, o...? ¡Pobre ratoncito, tan buen chico como era, siempre pensando en la familia y preocupándose por el futuro de los Cuagrisa, y ahora quién sabe por donde andarían todos! Eixerit le dio unos golpecitos en la espalda para animarlo. -No te lo tomes así, Mitjonet, se deben encontrar todos bien, tal vez ahora estén caminando demasiado alejados de estos lugares... La llegada de su hermana, que iba con dos cestos de provisiones para los desplazados, les interrumpió, y Rosella viendo las caras largas que hacían los ratones, quiso saber el motivo por el cual Mitjonet parecía a punto de llorar y Eixerit no le quitaba la vista encima. -¿Qué cosa os han dicho que parece que vayáis de entierro? -Los hombres talan los bosques para hacer un campo de golf –dijo Eixerit. -¿Un campo de qué cosa? –preguntó sorprendida Rosella. -De golf –añadió Mitjonet todo mustio. -¿Qué es eso de “golf”? -Un juego. -¿Un juego?... ¡Qué tontería!... ¿Y por qué juegan a estas cosas tan bobas los hombres? -No lo sabemos, mi padre decía que los hombres no son buenos, que se creen los Reyes de la Creación y que son unos memos orgullosos... -El dueño del molino es un hombre, y no es un mal hombre; nunca ha metido la nariz en nuestra madriguera y nos deja vivir tranquilamente sin gatos ni ratoneras, y hacer lo que queramos, eso desde los tiempos del señor Enfarinat, ¿sabes? –defendió Rosella. Mitjonet recordó entonces a la nena rubia de grandes ojos castaños, llamada Ariadna, que le sacó de la trampa donde le habían hecho caer las tres ratas, y pensó, qué, quizá, quizá, no todos los hombres eran malos... a pesar de que lo pareciesen en ocasiones. Se ve que había de buenos y de malos, los malos, sin embargo, debían ser numerosos porque iban a la suya y nadie les llamaba al orden o si se les llamaba, hacían como si estuvieran sordos y, ¡hala, para adelante!, menospreciando a cuantos desean vivir tranquilos y disfrutar sin sobresaltos del verano, del otoño, de la primavera, y del invierno pese al frío; calentitos entonces en sus casas bajo tierra con la familia alrededor y la despensa llena de comida si eran ratones, topos, erizos, conejos o ardillas –las cuales, como todo el mundo sabe, viven dentro de los troncos de los árboles-, y si se trataba de pájaros transeúntes, pues lo mismo, porque cada año regresan con el buen tiempo a sus nidos de siempre. Claro que todo eso eran otras reflexiones, por ahora lo más urgente era la suerte que podían correr sus familiares, así que acto seguido Mitjonet le expuso a su amiguita los motivos que le traían de cabeza: -Hay más cosas, Rosella, y la peor de todas es que ya han comenzado a talar el bosque de los Turons de la Farigola donde vivían mis padres y ellos ya no están, se han ido, nos lo ha dicho una ardilla... Rosella, que tenía muy buen corazón, se enterneció. -¡Eso no puede ser, habrá de hacerse algo! -¿El qué?; ni tan sólo sabemos por donde paran... ¡Ay, cómo he estado perdiendo el tiempo, tenía que haberles ido a buscar hace ya días y con la idea fija de que la casa estuviese en condiciones para recibirlos, he llegado demasiado tarde! Rosella dejó los cestos en el suelo y tomó asiento en un guijarro, pensativa. De pronto alzó la cabecita y anunció muy satisfecha: -¡Ya tengo la solución, Mitjonet! -¿Sí? -¡Sí, llama a tus amigos, los hermanos Garsa, y ves con ellos a buscar a tu familia! Mitjonet cambió de expresión en un periquete dándose un golpe en la frente muy contento. -¡Caramba!, ¿cómo no se me había ocurrido antes? Garsa petita y Petita Garsa, mis amigos, tienes toda la razón, Rosella, iré a buscar a mis padres y a mis hermanitos, con ellos. Eixerit no estaba tan convencido. -¿Cómo lo haréis? Mitjonet, que daba saltos de alegría, respondió: -¡Allí en donde veamos hileras de bestezuelas huyendo, bajaremos y preguntaremos; mi padre, el señor Cuagrisa, es muy conocido alrededor de los Turons de la Farigola! Mitjonet recordó a su amigo el erizo Maduixa, quien le había hablado de sus padres, y del señor Cargol, que le conocía de haber sentido hablar del cabeza de la familia Cuagrisa, y lleno de esperanzas, se dijo que pronto encontraría a los suyos y se prometió que nunca más, nunca más, se separarían.
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