EL RATONCITO MITJONET
Dedicado a la pequeña Ariadna Priante Francès

© 2005 Estrella Cardona Gamio

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Copyright dibujo: ADOLF 2005 .16 Nuevos amigos

¡Naturalmente que podía ser molinero, y además un buen molinero porque en todo lo que hacía Mitjonrt ponía la mejor voluntad del mundo!, recordad que hizo de niñera de los hijos de la señota Garsa y el señor Garsa y lo hizo tan bien que Petita garsa y Garsa petita no lo habían olvidado nunca y le tenían afecto, después le tocó ser pescador y fue uno de los mejores, y ahora haciendo de molinero trabajaba en firme porque deseaba corresponder a la acogida que le diesen en el nido del molino pues se estaba tan bien allí que pensaba llamar más adelante a sus padres y hermanos pequeños para que viniesen a vivir con él. Se lo había comentado al señor Farinetes y el patriarca le dijo entonces que le parecía de lo más indicado, que cuando más fuesen mejor, visto que había trabajo para todos. Ya que Mitjonet, aparte de recoger trigo, se estaba haciendo una madriguera muy bonita para recibir a su familia.

Un día Rosella le preguntó como pensaba ir a buscar a sus padres y hermanos a los Turons de la Farigola, y él le respondió que ya había hablado con Petita garsa i Garsa petita para lo de la cuestión del trasporte y que no era necesario preocuparse porque todo estaba listo y solamente se había de señalar la hora y el día y nada más.

Lo que no le dijo a Rosella es que Garsa petita y Petita garsa, de tanto y tanto ir volando por encima de los bosques, al haber descubierto la colonia de los ratones pescadores, se ofrecieron a devolverlo al lugar que ellos llamaban “su casa”. Y Mitjonet había arrugado el hociquito rechazando la invitación porque con los Farinetes se encontraba lo que se dice muy bien. Ahora comprendía que el aventurero Rodamón se hubiese quedado a vivir para siempre junto al molino.

Sin embargo, y como se trataba de un ratón que no era ingrato, envío una carta para Branquilló y el resto de los pescadores –mediante los servicios de los hermanos Garsa, por supuesto-, diciéndoles que se encontraba en las madrigueras de los ratones molineros, que hallábase muy bien y que había dado con Rodamón sano y salvo y convertido en patriarca de aquel nido. Y cuando llegó la respuesta, llenó de alegría a Mitjonet, y también al señor Farinetes quien pese a su edad y experiencia, pues no dejaba de haber sido un antiguo aventurero, comenzó a hacer proyectos sobre una relación comercial entre los ratones pescadores y los ratones molineros intercambiando peces por trigo y con el puente aéreo de Petita garsa y Garsa petita, negocio que el clan Farinetes –Mitjonet incluido-, encontró lo que se dice de lo más oportuno y así todo el mundo satisfecho.

Sí, todo era muy bonito, pero, me sabe mal decirlo, no siempre las cosas marchan en los cuentos como deberían ser, y éste no escapará a su destino.

¿Y qué sucedió? Pues que cierto atardecer, las últimas semanas del verano, comenzaron a aparecer bestezuelas empavorecidas que huían de quién sabe que peligro sin nombre. Las primeras en llegar temblaban, comían y se iban corriendo después de haber cogido fuerzas y a las preguntas de los ratones molineros, les decían tartamudeando:

-¡Mar... cha... os... en... en... segui... gui... da... Por... por...que, e... e... ellos... ven... ven... drán...!

-¿Quién son ellos? –quiso saber el señor Farinetes, y las bestezuelas chillaban espantadas, tirándose de los bigotes y huían a toda velocidad para alejarse aún más.

Muy preocupados, Mitjonet y Eixerit, que era uno de los hijos del señor Farinetes, hablaron con una ardilla que tenía una pata herida y no podía correr como las otros, y al final sacaron algo en limpio.

Lo que sucedía es que lejos, no demasiado, sin embargo, el hombre se había puesto a cortar árboles y más árboles para hacer un campo de golf.

-¿Qué es un campo de golf? –preguntaron al mismo tiempo Mitjonet y Eixerit.

-Pues... ¡Pues es un campo de golf! –respondió la ardilla un poco molesta porque no había muy bien que era una cosa tan extraña.

-¿El golf es, tal vez, como el trigo y se come? –interrogó Mitjonet.

En ese mismo momento una golondrina que volaba por el lugar, escuchando lo que decían los ratones y la ardilla, repuso muy sabihonda ella:

-El golf es un juego.

-¿Un juego?

-Sí, un juego.

-¿Y por un juego talan los árboles y desahucian a las bestezuelas?

-El hombre hace estas cosas a menudo... Se cree que es muy inteligente y hace y deshace a su capricho. No piensa en los bosques y menos todavía en los que viven dentro.

-¿Por qué?

-Porque lo quiere así, ¡y adiós que tengo prisa!

-¡Escucha, escucha! –gritó Mitjonet angustiado de súbito por una duda terrible.

-¡Dime!

-¿Sabes si están cortando el bosque cerca de los Turons de la Farigola?

-Este ha sido uno de los primeros.

-¡Oh!

-Sí, “¡oh!”, ya puedes decirlo ya... ¡Adiós!

Habiéndose enterado de la noticia, Mitjonet se quedó como aquel que ha recibido un golpe en la cabeza y no sabe ni quien es ni donde se encuentra.

-¿Acaso tienes familia en los Turons de la Farigola? –quiso saber la ardilla.

-Sí, a mis padres, a mis hermanos... ¿Has oído hablar del señor Cuagrisa?; es mi padre.

-¿Cuagrisa?... Déjame pensar... ¡Sí, sí, he oído hablar!...

-¿Y?... –interrumpió Mitjonet con el alma en un hilo.

-Tengo entendido que se fueron enseguida, en cuanto el hombre apareció...

-¿En qué dirección, en qué dirección?

-¡Eso no lo sé, ratoncito!

Y la ardilla no agregó nada más yéndose poco a poco arrastrando su pata herida y sus miedos.

 

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