| EL RATONCITO
MITJONET Dedicado a la pequeña Ariadna Priante Francès |
|||
|
|
|||
|
Planeando sobre el molino, Mitjonet divisó numerosos ratones que iban de un lugar a otro atareados llevando cada uno tres granos de trigo al mismo tiempo, el primero cogido con la cola, el segundo agarrado con las patas delanteras y el tercero sujeto entre los dientes. -¡Caramba, vaya una idea! ¿No podrían llevar el grano mejor de uno en uno? ¡Nadie les persigue! -No lo crea –le dijo Petita garsa-, no hacen más que seguir las órdenes del señor Farinetes, que es muy sabio. -Y tanto –añadió Garsa petita-; el señor Farinetes quiere tener los graneros bien llenos por si el mal tiempo llega antes de hora, que hoy en día nunca se sabe, con este clima tan chiflado. -¡Si que es precavido el señor Farinetes! –dijo con admiración Mitjonet- Me recuerda a mi padre. Las urracas aterrizaron cerca del molino despidiéndose de su amigo y antigua niñera. -Volveremos cualquier día de estos para ver como marcha todo, señor Mitjonet, y ya sabe, aquí nos tiene para lo que usted quiera. -Os lo agradezco, chicos, de veras. -¡Hasta pronto! -¡Hasta la vista! -¡Adiós! Y Petita garsa y Garsa petita se alejaron volando. Mitjonet se aproximó al molino por un caminito estrecho que debían haber hecho los ratones molineros subiendo y bajando a menudo, y cuando llegó al llano saludó a los otros roedores diciendo en voz alta para que le escuchasen todos los que no estaban en la madriguera: -¡Buenos días, me llamo Mitjonet y vengo de muy lejos! Puesto que los ratones molineros eran de lo más sociable, pronto le rodearon contentos de ver a un forastero que seguro les contaría todas sus aventuras, porque hemos de tener en cuenta que las bestezuelas al vivir sin televisión ni Internet, siempre están a la espera de cualquier novedad, y por eso a los viajeros nunca les falta una buena acogida. -¡Voy a buscar a papá! –dijo una ratoncita muy linda que llevaba una amapola en la cabeza, y otro ratón le explicó a Mitjonet: -Nuestro padre es el patriarca de la madriguera del molino y ella es nuestra hermana pequeña, Rosella... -¿Cómo la flor? -Eso mismo, le gustan tanto las amapolas que ya hace tiempo que no la llamamos por ningún otro nombre. -¿Vuestro padre es quizá el señor Farinetes? -¡Caramba, nunca hubiese pensado que nuestro padre fuese tan conocido fuera del molino! Porque tú vienes de muy lejos, ¿no? -De muy lejos río arriba, de la colonia de los ratones pescadores. El otro se lo miró como si aquellas palabras le hubiesen traído recuerdos olvidados, y después silbó: -¡Fiiiiiu!... ¡Sí que vienes de lejos, chico! O sea que tú eres un pescador... ¿Y qué haces tierra adentro? -Es una historia muy larga... –empezó a decir Mitjonet cuando la llegada del señor Farinetes con la pequeña Rosella, le interrumpió. -¡Veamos, veamos, un recién llegado en la madriguera de los molineros! –dijo el patriarca ratonil, que era un animalito regordete y de talante bonachón- ¿Te has perdido dando vueltas o has venido a hacer fortuna por estas tierras? -Ni una cosa ni la otra, el río me arrastró la barca y... El señor Farinetes hizo una mueca muy extraña, como si de repente se hubiese alterado mucho y estuviese a punto de llorar de emoción. -¿Vienes de la colonia de los ratones pescadores? -Sí señor Farinetes, eso mismo. Todos sus hijos le miraron preocupados y la pequeña Rosella le apretó la mano. -La colonia de los ratones pescadores... –dijo el patriarca soñador- ¿Sabes, chico?, cuando yo era como tú, hace ya muchísimo tiempo, vivía en la colonia de los ratones pescadores y un día se me ocurrió dejarlo todo, nido, padres, amigos, para irme a descubrir tierras lejanas... Llegada la hora de la partida me despedí de todos triunfalmente y ¡hala!, a la ventura hacia un lugar único, maravilloso... y, por tanto, inexistente... Tonterías de un cabeza de chorlito que vivía en las nubes y que se pensaba que por la vida se ha de ir como el que marcha a buscar setas al bosque... Entonces estalló una tempestad comenzando a llover y a tronar y relampaguear y el ruido de los truenos ensordecían y el río se me llevó la barca y con la barca a Rodamón y a aquellos sueños demasiado grandes para él... Y nunca más he podido regresar... Mitjonet se lo miraba boquiabierto,¡mira por donde el señor Farinetes era el mítico Rodamón! -Señor –dijo temblando como una hoja por el descubrimiento que acababa de hacer-, ¿estoy, verdaderamente, delante del legendario aventurero conocido por Rodamón? Ninguno de los presentes osaba decir nada que interrumpiese la palabra a Mitjonet o al patriarca. -¡Rodamón!... ¡Qué nombre más lejano, pequeño, muy lejano!... Rodamón desapareció hace toda una vida... cuando se salvó nadando, pisando la orilla y encontrando, después de caminar y caminar, desarrapado y muerto de hambre y de sed, el molino, este mismo molino viejo que ves detrás de ti... Entonces el ratón molinero era el señor Enfarinat que me acogió como un padre... y aquí me quedé, y ahora llegas tú, como yo hace tantos años... ¡Hijos míos –les dijo con solemnidad-, éste es un gran momento para todos nosotros!... ¿Cómo te llamas, chico? -Mitjonet. -Pues bien, Mitjonet, si quieres, esta será tu casa y mis hijos tus hermanos, ¿qué te parece? Mitjonet miró a hurtadillas a Rosella y, ruborizándose, dijo: -Me parece muy bien; si he sido pescador también puedo ser molinero, ¿verdad que sí?
|
|||