| EL RATONCITO
MITJONET Dedicado a la pequeña Ariadna Priante Francès |
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Como cuando se tienen cuatro patas, las cosas se ven mejor en tierra firme que en medio del agua, pues los roedores no son peces que digamos, Mitjonet recobró el buen humor y se dispuso a caminar hasta que llegara a cualquier lugar que tuviese bestezuelas y éstas pudieran darle razón de la colonia de los ratones pescadores, porque, al final alguien habría oído hablar de ella, ¿verdad? Comenzó con mucho entusiasmo y, ya que los ratones no llevan reloj, transcurrido un espacio de tiempo demasiado largo si hemos de medirlo por su cansancio, se detuvo desorientado porque allí no había ningún animalillo a la vista; parecía un bosque vacío de toda presencia viva, ni hermanos de raza, ni primos u otros, lagartos, salamandras o cosas semejantes, ni mariposas, ni libélulas, también llamadas Caballitos del diablo, a quienes trasmitir encargos, ni pájaros, nada de nada. ¿Qué clase de bosque era ese? Inesperadamente, dos sombras que recordaban nubes grandes, planearon sobre su cabecita. -¡Pic-pic! –dijeron, y puesto que las nubes no hablan, Mitjonet se quedó patitieso de terror, y todavía más cuando las “nubes” aterrizaron a su lado. -¡Pic-pic! -¡Pic-pic! Mitjonet se encontró justo en medio de un par de urracas jovencitas y con cara de traviesas. -Ho... -... la,... -... se... -... ñor... -... Mit... -... jo... -... net... El ratoncillo, primero sorprendido y después aliviado, gritó alegremente: -¡Petita garsa, Garsa petita! ¿De verdad sois vosotros? ¡No puedo creerlo! ¡Vaya, hay que ver cómo habéis crecido! -¡Pic-pic! -¡Pic-pic! -¡Pic-pic! –repitió Mitjonet riendo muy contento. -¿Qué hace por aquí,... -...señor Mitjonet? -Pues no lo sé chicos, voy buscando la colonia de los ratones pescadores, porque me he dormido en la barca y la corriente del río se me ha llevado todavía no se adónde... -¿La colonia de los ratones pescadores? -¿Habéis sentido hablar de ellos? -Hace mucho tiempo, a nuestro padre, cuando lo llevó a usted con ellos, ¿te acuerdas Petita garsa? -¡Y tanto, Garsa petita! -Entonces, vosotros no sabéis... -No. -No. -¡Pues si que la hemos hecho buena! ¿Está muy lejos el nido de vuestros padres? -¡Sí, muy lejos!, nosotros ya nos hemos independizado, ¿sabe, señor Mitjonet? -Me alegro mucho... -¡Gracias! -¡Gracias! -De nada. Mitjonet se los miró sin saber que más añadir y entonces Petita garsa dijo de improviso: -Si lo que busca son ratones aquí cerca hay una madriguera, pero no son pescadores, son molineros. -¿Molineros? -Sí –agregó Garsa petita-, hay un viejo molino lleno de ratones muy atareados recogiendo el trigo que cae de los sacos. Estos ratones son muy ricos, se trata de una familia de roedores de lo más respetable y el padre se llama señor Farinetes. Mitjonet recobró otra vez la esperanza. -¿Habéis dicho que están cerca?, ¿dónde? -A un par de aleteos. -¿Y eso que representa para un ratón? Las dos urracas pusieron gesto de quien no sabe que responder. -No lo... -... sabemos. -Nosotros no somos... -... ratones. Afortunadamente Mitjonet era un roedor muy listo. -Pues si no os molesta, ¿por qué no me lleva uno de vosotros sobre su espalda a la madriguera de los ratones molineros? -¡Sí, yo mismo! –dijo chillón Garsa petita. -¡Yo mismo, sí! –dijo Petita garsa ruidosamente. Y los dos batían al unísono las alas como si fueran abanicos. Al final se pusieron de acuerdo los tres y Mitjonet hizo el camino hacia donde vivían los ratones molineros, dividido en dos partes, la primera sentado sobre el lomo de Petita garsa y la segunda sentado a la espalda de Garsa petita, y así no hubo más disputas entre ellos.
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