EL RATONCITO MITJONET
Dedicado a la pequeña Ariadna Priante Francès

© 2005 Estrella Cardona Gamio

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Copyright dibujo: ADOLF 2005 .13 La libélula Cristalina

Mitjonet se puso a llorar desconsoladamente,¡adiós para siempre, señor Orelles, amigos, nunca más los volvería a ver, y lo peor era que ellos pensarían que Mitjonet se había ido a la ventura por su gusto, y que era un ingrato que iba a la suya olvidando a los buenos compañeros! La colonia de los ratones pescadores ya tenía otro nombre que añadir a su historia, después de Rodamón, Mitjonet, el ratoncillo que llegó de una tierra lejana a la espalda de una urraca... y que se marchó no se sabe adónde, arrastrado por la corriente del agua un bochornoso día de verano.

De pronto, Mitjonet se quedó sin lágrimas y muy sobresaltado al descubrir unos ojos redondos y grandísimos que, quién sabe con qué intenciones, le miraban fijos sobresaliendo del agua como dos piedras relucientes.

El ratón estaba tan espantado que no se dio cuenta de que se trataba de los ojos de una rana que iba nadando por el río, y que, a más a más, era lo que se dice una cotilla.

-¡Hola ratoncito! –dijo la rana sacando toda la cabeza del agua, y en buen momento lo hizo porque si no a Mitjonet le da un ataque al corazón.

-¿Qué haces por aquí? Tú eres uno de los ratones pescadores, ¿verdad que sí?

Mitjonet se puso muy contento.

-¿Conoce usted a mis compañeros!

-Nunca los he visto.

-¿Entonces?

-Me lo han explicado los pájaros que vuelan por tierras lejanas.

Al pobre Mitjonet se le encogió el ánimo otra vez.

-¿Qué lugar es este, señora rana?

La rana, que no era lo que se dice muy inteligente y además no tenía  mucha paciencia, se enfadó.

-¿Qué lugar quieres que sea, ratoncillo?, ¿es qué tal vez no tienes ojos sobre la nariz?... Este es el río y tú has venido con una barca, ¿no?, pues ya está dicho todo... ¡Hala, adiós, que tengo prisa!

Y desapareció zambulléndose agua abajo.

Mitjonet se quedó pasmado ante comportamiento tan grosero; mala cosa era estar perdido sin saber en dónde se encontraba y peor todavía que si quien podía dar respuesta no lo hacía. De todas maneras, lo que había quedado bien claro es que la colonia de los ratones pescadores estaba demasiado lejos y que nunca podría volver, porque la corriente del río iba hacia abajo, abajo, con mucha suavidad y sin detenerse por nada. Si hubiese estado Branquilló, entre los dos habrían podido remar contra corriente hasta llegar a la orilla amarrando la barquita a un tallo y después... ¿Después qué? Con o sin Branquilló tanto daba, porque igual hubiesen estado completamente perdidos.

Una libélula pasó volando por encima de la cabeza de Mitjonet.

-¡Eh, tú! –gritó el ratón- ¡Detente, hazme el favor!

La libélula dio marcha atrás haciendo una voltereta.

-¿Qué quieres?

-Ayuda para amarrar la barca.

-¿Cómo puedo hacerlo? –quiso saber el insecto que no era un mal educado como la rana.

-Pues yo te doy este cordel y tú lo enganchas bien fuerte al tallo de ahí, ¿lo ves?

-Sí, lo veo... Ahora mismo lo haré.

Y lo hizo.

Amarrada la embarcación en un periquete, fue coser y cantar el que Mitjonet estuviese enseguida en tierra firme deshaciéndose en demostraciones de agradecimiento. La libélula, sin embargo, no dio ninguna importancia a su ayuda.

-De nada, de nada, cualquiera habría hecho lo mismo.

-¡No lo creas, y por eso te estoy muy agradecido!... ¿Qué podría hacer yo por ti?

La libélula se puso a reflexionar.

-No se me ocurre...

-¿Quieres que te haga algún encargo?

-Mmmm... ¡Pues sí, mira por donde!, si te tropiezas con otra libélula le dices que Cristalina, esa soy yo, tardará un poco en llegar a la fiesta.

-¡Oh, si es por mi culpa me sabe muy mal!

-No, no, ratoncillo, no es por culpa tuya, ya iba retrasada, porque, ¿sabes?, me he entretenido hablando con una abeja, afortunadamente, por lo que veo, o sea...

Mitjonet se rió.

-Así está bien... Te doy mi palabra de que haré el encargo... ¡Hasta la vista y muchas gracias!

-¡Hasta la vista amigo!

El ratón se quedó otra vez solito, pero ahora ya no tenía miedo ni estaba triste; había podido salir del río y si bien la rana no había sido muy amable con él, la libélula sí. Eso quería decir que en este mundo hay de todo y que nadie ha de llorar y sentirse abandonado porque siempre existe la esperanza de que las cosas pueden arreglarse.

 

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