EL RATONCITO MITJONET
Dedicado a la pequeña Ariadna Priante Francès

© 2005 Estrella Cardona Gamio

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Copyright dibujo: ADOLF 2005 .11 La colonia de los ratones pescadores

El primero en verlo fue un ratón pescador que estaba ocupado amarrando su embarcación a un tallo.

-¡Buenos días! -dijo Mitjonet muy educado.

-¡Buenos días! –respondió el otro con una sonrisa- ¿De dónde sales!

-De tierras muy lejanas.

-¿Te has perdido?

-¡No, no, estoy aquí ex profeso!; he venido para establecerme, si aceptáis un miembro más en la gran familia de vuestra colonia... Tengo muchas ganas de ser pescador, ¿sabes?

-¿Has faenado en el río alguna vez?

-¡Nunca, pero puedo aprender enseguida si me enseñáis!

-¿Te gusta la aventura, no?

-Me gusta conocer mundo y aprender muchas cosas como hicieron mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo, cuando dejaron el hogar de los suyos.

-Eso que dices es sensato, es necesario vivir y aprender para convertirse en un ratón de bien... Me llamo Branquilló, ¿y tú?

-Mitjonet.

-¡Bienvenido a la colonia de río, Mitjonet!... Ven, que te presentaré a los demás compañeros.

Y Mitjonet, muy contento, siguió a su nuevo amigo.

Nuestro héroe fue presentado enseguida a los demás, quienes le acogieron calurosamente, e invitándole inmediatamente a cenar con ellos, le pidieron que les contase sus aventuras, pues pensaban que era un ratoncito muy audaz y decidido por haber llegado tan lejos de su hogar para conocer mundo, ¡y eso no se veía cada día!

Mitjonet les explicó gustosamente sus andanzas y los ratones pescadores se hacían cruces escuchándole boquiabierto, porque nunca habían sabido de un ratoncillo que volase sentado sobre el lomo de un ave, se llamase urraca o cualquiera otro nombre.

-¡Eres muy valiente, chico! –le dijo Branquilló.

-No lo creo, he hecho camino andando, nada más.

Otro ratón, el más mayor de todos y que se llamaba Orelles, añadió:

-Me recuerdas a Rodamón.

-¿Rodamón?

-Sí. Era un ratón más o menos de tu edad cuando ambos éramos jovencitos, compañero de travesuras, ¿sabes¿ Muy buen ratón, sin embargo, tú me lo recuerdas porque te gusta ir de un lado para el otro y conocer tierras y bestezuelas igual que Rodamón... Era el mejor pescador de la región hasta que un día decidió que quería navegar siguiendo el curso del río a la búsqueda de aventuras y descubrimientos... Soñaba con llegar a un lugar maravilloso donde los ratones pudiesen vivir sin trabajar y comiesen de todo lo bueno lo mejor sólo con extender la pata... ¡Qué tontería!... De todos los sueños que le cruzaban por la cabeza, y había tenido para dar y vender, éste era el más inverosímil, porque un lugar así no existe.

-¿No? –preguntó Mitjonet deslumbrado.

-¡No, claro que no! –gritó el ratón anciano con espanto al advertir la luz encendida de pronto en el fondo de los ojitos de Mitjonet- No vivas en las nubes, chico, y sabe que Rodamón se fue y que nunca más le hemos vuelto a ver.

Branquilló intervino gravemente:

-Yo todavía no había nacido.

-¿Qué le pasó a Rodamón?

-Eso no lo sabremos nunca... Después que él se alejó por el río diciendo adiós a todos muy contento, no hemos podido saber nada más.

Otro ratón no tan mayor como el señor Orelles, dijo:

-Estábamos en primavera entonces y recuerdo que aquel mismo día estalló una gran tormenta con muchos relámpagos y truenos y no pudimos salir a pescar, y pasado el aguacero, el río creció y tuvimos que correr para subirnos a las tierras más altas...

-Además las madrigueras se inundaron –interrumpió otro ratón demasiado joven para haber vivido aquello-. Me lo explicaron mis abuelos –agregó con timidez.

-Sí, y no se ahogaron todos de milagro, porque las madres y las abuelas, los pequeños y los enfermos, huyeron, con tiempo, de prisa y corriendo.

-¡Qué miedo! –dijo Mitjonet impresionadísimo.

-Ciertamente, ciertamente.

-¡Pobre Rodamón!

-Si chico, pobre Rodamón.

Todos se quedaron mudos y melancólicos y no volvieron ha hablar de Rodamón ni aquel día ni los otros que siguieron. Era un recuerdo demasiado triste y ya había hecho su labor de enseñar al recién llegado que no es aconsejable enfrascarse en proyectos irreflexivos ni ir a las tontas y a las locas por el mundo.

 

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