EL RATONCITO MITJONET
Dedicado a la pequeña Ariadna Priante Francès

© 2005 Estrella Cardona Gamio

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Copyright dibujo: ADOLF 2005 10 Mitjonet aviador

Pronto sobrevolaron el río, porque el señor Garsa era un ave con muchas horas de navegación aérea.

-¡Mire, Mitjonet! –le dijo al ratón-, allá abajo tiene usted el río, ¿dónde quiere que le deje?

-Pues..., no lo sé... Tendría que ser hacia donde esté la colonia de los ratones pescadores... ¿Ve usted algo que se le parezca?

-¡Hum!... ¿Qué quiere que le diga?, tengo una vista excelente y no avizoro nada todavía.

-¿Es muy largo en río?

-¡Y tanto! Es más largo que un día de verano.

-¡Caray –exclamó Mitjonet pasmado-, si que es largo!

-A ver que podemos hacer para encontrar la colonia de sus parientes –porque el señor Garsa se creía que también Mitjonet iba, como hiciera hace poco él, de visita familiar.

Casualmente pasaba por allá un gorrión y el señor Garsa le preguntó:

-Oye chico, ¿sabes hacia donde para la colonia de los ratones pescadores?

-¡Pío, pío, sí que lo sé!

-Dime.

-Deja a tu espalda este bosque y cuando vuelvas a ver el río, allí mismo encontrarás la colonia metida en un rincón cerca del agua. Las madrigueras están bajo tierra, pero los ratones están fuera atareados faenando... Ahora que veo, llevas a uno de ellos de pasajero, ¿no?

-Sí es un amigo que tiene familia allá abajo.

-De visita entonces, ¿no?

-Eso mismo.

-¡Qué te vaya bien ratoncillo! Tus parientes son de lo más hospitalario, te encontrarás muy bien con ellos... ¡Adiós!

-¡Hasta la vista! –dijeron los viajeros.

Cinco minutos más tarde ya estaban sobrevolando la tan deseada colonia ratonil. ¡Caramba y que hormiguero de pequeños roedores que había por los alrededores todos faenando con sus barquitas río arriba río abajo!

-¡Ya estamos! –dijo el señor Garsa-. Aterrizaré sobre aquella roca, para no espantar a nadie con el batir de las alas y como no se encuentra muy lejos enseguida estará usted con ellos, ¿le va bien?

-¡Naturalmente que sí, y tanto, muchas, muchas gracias, señor Garsa!

-De nada, estamos en este mundo para ayudarnos los unos a los otros, mal iríamos si no, amigo Mitjonet.

Eso ya lo había escuchado decir en otra ocasión el ratoncito.

Cuando Mitjonet se despidió del ave después de haberle dado recuerdos para la familia, pasito a pasito, se dirigió hacia el pequeño puerto donde embarcaban y desembarcaban los ratones pescadores.

Mitjonet estaba muy nervioso porque iba a conocer, ¡por fin!, a aquellos hermanos de raza de quienes tanto había oído hablar, ¿cómo lo recibirían?, contentos, o por el contrario enfadados de ver a un ratón forastero que venía a meter la nariz en donde nadie le llamaba?... Bien, pronto lo sabría.

 

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