| EL RATONCITO
MITJONET Dedicado a la pequeña Ariadna Priante Francès |
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Érase una vez un ratoncito que se llamaba Mitjonet porque vio la primera luz dentro de un calcetín infantil descubierto en el bosque, cerca de una charca, en el lugar conocido como Turons de la Farigola, o sea que un niño se lo debió de haber olvidado cerca del agua. ¡Ay la madre cuando su hijito llegó a casa con un calcetín en un pie y el otro sin! Pero como ésta no es nuestra historia, pues, no es necesario saber nada de ella, ¿verdad? Bien, vayamos a lo que nos interesa, o sea, al cuento de Mitjonet, el ratoncito que nació dentro de un calcetín, que, según se dice, era de color azul cielo. Un buen día, Mitjonet se fue de casa porque los animalitos, cuando crecen, no van a la escuela sino que marchan por el mundo para aprender a vivir. Y un paso detrás del otro, Mitjonet fuese alejando más y más del nido de sus padres, quienes, cuando se despidieron, le habían dado muchos besos y mejores buenos consejos, para desenvolverse en su nueva vida. -Se amable con todos, hijo mío –le dijo su madre. -Y sé con todos como quisieras que te tratasen a ti, hijo mío –le dijo su padre. -Se siempre educado, que los buenos modales ganan amigos, hijo mío –le dijo su madre. -Al tanto con los gatos, hijo mío –le dijo su padre. -Ves con cuidado de no caer en una trampa, hijo mío –le dijo su madre. -Al tanto con los hombres; no son buenos, hijo mío –le dijo su padre. -Ves con cuidado de que no te engañen, hijo mío –le dijo su madre. -¿Qué es un gato, papá? –quiso saber Mitjonet. -Un monstruo muy grande con colmillos como ramas de árbol, hijo mío –le respondió su padre. -¿Qué es una trampa, mamá? –quiso saber Mitjonet. -Una trampa es una engañifa que nos atrae y nos deslumbra para hacernos mal, y para los ratones también se puede llamar ratonera, hijo mío –le respondió su madre. -¿Qué es un hombre, papá? –quiso saber Mitjonet. -Se cree el rey de la Creación, y no se trata sino que de un tonto vanidoso pero nada más, hijo mío –le respondió su padre. -¿Quién querrá engañarme, mamá? –quiso saber Mitjonet. -¡Todos! –dijeron su padre y su madre al mismo tiempo. -¡Caramba –exclamó Mitjonet rascándose la cabecita-, si que es complicado eso de ir por el mundo! -¡Y tanto hijo mío! -dijeron la madre y el padre al mismo tiempo. -Me gustaría ser mayor como vosotros y saber tantas cosas, así ninguno me tomaría el pelo. El padre de Mitjonet le dijo: -No tengas prisa por crecer que todo llega... -... y cuando llegué –añadió su madre-, no lo olvides nunca, los demás te han de tratar con respeto, y serás el señor Mitjó, como ahora tu padre es el señor Cuagrisa, nada de Cueta, como le llamaban de pequeño... ¿Me estás escuchando? -Sí mamá, si papá... Os prometo que me acordaré de vuestras palabras y seré un buen chico para dar ejemplo a mis hijos el día de mañana. Después de esta declaración de intenciones, Mitjonet se despidió de sus padres y hermanitos, y con su zurrón al hombro, se fue pasito a pasito bosque adelante.
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