LA PRINCESA DE LA MONTAÑA DE CRISTAL
Cuento Escandinavo
© 2005 Traducido del francés y adaptado por Estrella Cardona Gamio

Copyright dibujo: Estrella Cardona Gamio8

En el mismo momento, escuchó un ruido, y, alzando la cabeza vio al salvaje de pie delante de él.

-Gracias por lo que hiciste por mi una vez –le dijo- ¿Por qué estás sentado aquí sólo y triste?

-Tengo todo el derecho de estar triste –respondió el príncipe-, por la razón de que soy un fugitivo lejos de mi país natal y tampoco no tengo un caballo ni armas con los cuales podría escalar la montaña de cristal, compitiendo por la mano de la princesa.

-Oh –dijo el salvaje-, si eso es todo, puedo fácilmente encontrar una solución. Tú me ayudaste y yo te ayudaré en justa correspondencia.

Entonces, cogiendo al príncipe por la mano, le condujo hacia su gruta en lo más profundo de la tierra, y le mostró una armadura suspendida en el muro, forjada con el acero más resistente y tan brillante que difundía una luz azulada alrededor de ella. A su lado había un magnífico caballo de combate, ensillado y con bridas, que tascaba el freno. El salvaje le dijo:

-Ármate rápidamente y parte al galope para tentar tu suerte. Durante ese tiempo yo me ocuparé de tu rebaño.

El príncipe no se lo hizo decir dos veces, endosó la armadura y el casco, fijó las espuelas en sus talones y una espada al costado y se sintió tan ligero en su armadura de acero como un pájaro en el aire. Después, saltando en la silla, tiró de la brida de su caballo galopando a toda velocidad hacia la montaña.

Los pretendientes de la princesa venían de poner término a sus tentativas desesperadas para conseguir la victoria, y esperaban pensando que un día la fortuna les sonreiría, cuando vieron aparecer un joven caballero que saliendo del bosque se dirigía a la montaña de cristal. Sin embargo, no alcanzó la cima, pero, a medio amino, hizo una brusca media vuelta y descendió con una velocidad tal que las chispas saltaban de las herraduras del caballo. Después desapareció en el bosque como un pájaro que vuela.

Sigue...

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