LA PRINCESA DE LA MONTAÑA DE CRISTAL
Cuento Escandinavo
© 2005 Traducido del francés y adaptado por Estrella Cardona Gamio

Copyright dibujo: Estrella Cardona Gamio7

El rey encontró que era una buena idea, y aprobando la resolución de su hija, mandó hacer una proclama a través de todo el reino diciendo que aquel que consiguiese cabalgar hasta la cima de la montaña de cristal completamente armado, obtendría la mano de la princesa.

Cuando el día fijado por el rey llegó, la princesa fue conducida hasta la montaña de cristal con gran pompa. Ella se sentó sobre la cima de la montaña, dominándolo todo, con una corona dorada sobre la cabeza y una manzana de oro en la mano.

Al pie de la montaña todos los pretendientes estaban reunidos a caballo de orgullosas monturas y equipados con equipos de armas espléndidas que resplandecían con mil luces bajo el sol, y por doquier las gentes se agrupaban para asistir al espectáculo.

Cuando todo estuvo dispuesto, se dio la señal por medio de cuernos y trompetas, en el mismo instante los aspirantes se lanzaron al galope y al asalto de la colina unos detrás de otros.

Pero la montaña era alta y también resbaladiza como el hielo y muy escarpada, así pues cada pretendiente no llegó a recorrer más que un pequeño trayecto antes de caer al llano. Podéis imaginar fácilmente que no faltaron ni las piernas ni los brazos rotos. A lo que siguió un tal alboroto entre los relinchos de los caballos, los gritos del pueblo y el estrépito de las armaduras rotas que se escuchaba a una distancia considerable.

Durante todo el tiempo, el joven príncipe estaba ocupado vigilando su rebaño. Escuchando el tumulto y el entrechocar de las armas, estaba sentado sobre una piedra, apoyó la cabeza sobre una mano y se puso a llorar; pensaba en la bella princesa y se imaginaba la alegría que él hubiera tenido de formar parte de los aspirantes.

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