LA PRINCESA DE LA MONTAÑA DE CRISTAL
Cuento Escandinavo
© 2005 Traducido del francés y adaptado por Estrella Cardona Gamio

Copyright dibujo: Estrella Cardona Gamio6

Dicho y hecho. Cuando alcanzó lo más alto del árbol, miró por todos los lados divisando un gran palacio que brillaba bajo el sol en la lejanía. Esta visión le llenó de gozo dirigiendo enseguida sus pasos hacia ese lugar. Por el camino encontró a un muchacho que empujaba un arado y con el cual intercambió los vestidos. Así equipado, llegó finalmente al palacio, entró, pidió trabajo y fue  cogido como pastor para guardar los rebaños del rey. Desde entonces el príncipe erraba por los alrededores del bosque desde el alba hasta el crepúsculo, y, pasando el tiempo, olvidó sus penas convirtiéndose en más alto y vigoroso que cualquiera

Interesémonos ahora por el rey a quien pertenecía el palacio. Estaba casado y no había tenido más que una hija de su esposa la reina. Ella era mucho más bonita que las otras doncellas y era a la vez amable y educada, y aquel que obtuviese algún día su mano sería pues, considerado como un hombre afortunado.

Cuando ella hubo alcanzado su quinceavo invierno, tenía ya una cohorte innumerable de pretendientes cuya cantidad aumentaba sin cesar, tantos, que a la postre el rey no sabía que decirles.

Sin embargo un día, el monarca interrumpió a su hija en medio de una reverencia rogándole que escogiera, pero ella se negó. Lleno de cólera ante su negativa, le dijo el rey:

-Puesto que no queréis hacer la elección vos misma, yo la haré en vuestro lugar, tanto si es a favor como en contra de vuestros deseos.

El rey hizo el gesto de marcharse, pero su hija le retuvo diciéndole:

-Creo que las cosas han de suceder como vos deseáis padre mío, pero no debéis imaginar que aceptaré al primer recién llegado, sólo aquel que se revele capaz de cabalgar completamente armado hasta la cima de la montaña de cristal, podrá obtener mi mano.

Sigue...

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