| LA
PRINCESA DE LA MONTAÑA DE CRISTAL Cuento Escandinavo |
©
2005 Traducido del francés y adaptado por Estrella Cardona Gamio
|
||
| |
|||
3
Después de algún tiempo, una guerra se declaró y el rey vióse obligado a partir en campaña. La mañana de la partida le dijo a la reina: -Vos gobernaréis y yo dejo el país y al pueblo bajo vuestra protección. Pero debéis prometerme una cosa, que vigilaréis bien al salvaje a fin de que no se escape durante mi ausencia. La reina prometió hacer todo lo posible de su parte para cumplir lo que él le había pedido y el monarca le entregó las llaves de la jaula. Después alejó las embarcaciones de la orilla, se izaron las velas sobre los mástiles dorados y se fue lejos, muy lejos hacia países ignorados y por allí donde pasaba siempre resultó victorioso. La reina se quedó en la orilla, mirando largo tiempo hasta que pudo ver las banderas flotando sobre el océano, luego, acompañada por sus servidores, volvió a palacio y se sentó hilando seda, mientras esperaba el retorno de su esposo. El rey y la reina no habían tenido más que un hijo, un príncipe todavía joven, pero que prometía mucho. Después de la partida del rey, un día que el muchacho iba paseando, llegó hasta la caja del salvaje, y se sentó al lado jugando con una manzana de oro. Mientras que se divertía así, su manzana pasó por azar a través de la ventana de la jaula. El salvaje se adelantó y la lanzó fuera. El muchacho pensó que era un juego divertido y volvió a tirar la manzana al interior, y el salvaje se la devolvió y así siguieron durante unos instantes. Mas al final la diversiones transformó en enfado pues el salvaje retuvo la manzana y no se la quiso devolver. Cuando ni las amenazas ni los ruegos no ser revelaron de ninguna utilidad, el chico estalló en sollozos. Viéndolo así el salvaje dijo:
|
|||