LA PRINCESA DE LA MONTAÑA DE CRISTAL
Cuento Escandinavo
© 2005 Traducido del francés y adaptado por Estrella Cardona Gamio

Copyright dibujo: Estrella Cardona Gamio2

Uno de los cortesanos le respondió.

-Deberíais encerrarlo en palacio a fin de hacer saber hasta los confines del reino cuan gran cazador sois; aseguraos  que esté bien vigilado para que no pueda escaparse, pues se trata de una criatura astuta.

A estas palabras, el rey permaneció un momento silencioso y después, blandiendo la copa, dijo:

-Haré lo que me has aconsejado y no será por culpa mía si el enano se escapa. Mas yo juro que si alguno le deja huir, le castigaré aunque sea mi propio hijo.

Habiendo pronunciado estas palabras, vació su copa probando con ese gesto que se trataba de un juramento inviolable. Pero los cortesanos intercambiaron miradas preocupadas pues nunca antes habían oído hablar al rey así y se daban cuenta de que el alcohol se le había subido a la cabeza, lo que no es nada recomendable.

A la mañana siguiente, al despertarse, el rey se acordó de su juramento y mandó buscar madera y otros materiales para construir una pequeña jaula cerca del palacio real. Una vez hecha la jaula con tablones, se la llenó de cerraduras y barrotes de modo y manera que nadie habría podido escapar. En medio de la pared del fondo una pequeña abertura, una suerte de ventana, había sido dispuesta para permitir darle de comer al prisionero. Cuando todo estuvo dispuesto, el rey hizo llevar al salvaje, le metió en la caja y se guardó las llaves.

El prisionero quedó sentado dentro de la jaula día y noche, en medio de las idas y las venidas de todos. Algunos curiosos se detenían para lanzarle una ojeada pero jamás nadie le oyó quejarse y ni siquiera pronunciar una sola palabra.

 

Sigue...

Inicio