| LA
PRINCESA DE LA MONTAÑA DE CRISTAL Cuento Escandinavo |
©
2005 Traducido del francés y adaptado por Estrella Cardona Gamio
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-¡Es él, es él! Al oír aquello, todo el mundo se echó a reír, pues se habían dado cuenta de que se trataba del pastor del rebaño del rey, y éste mismo exclamó: -¡Qué Dios me ayude! ¿Semejante yerno voy a tener yo? Pero el joven le dijo: -No os engañéis, vos tendréis a un hijo de rey tan seguro como vos mismo lo sois. Y en ese preciso instante se quitó la capa, y ya no hubo nadie que se burlase de él cuando en lugar de su traje de pastor, se vio a un hermoso joven revestido de oro de la cabeza a los pies, y llevando en la mano la manzana de oro de la princesa! Todos reconocieron al joven caballero que había escalado la montaña de cristal. Ahora es fácil imaginar que imperaba en el reino una alegría sin parangón. El príncipe abrazó a su bien amada contándole la historia de su familia y de todo lo que le había sucedido. El soberano ordenó los preparativos para aquel matrimonio al cual invitó a los pretendientes y al pueblo entero. Se dio un gran banquete, el más suntuoso que se haya visto jamás. El príncipe había obtenido la mano de la princesa y la mitad del reino. Cuando los festejos hubieron durado siete días, él llevó a su joven esposa a su reino natal, en donde sus padres los reyes lloraron de alegría al volver a verle. El príncipe y la princesa su esposa vivieron felices largo tiempo. Pero nunca más se oyó hablar del misterioso hombre salvaje.
FIN de La princesa de la montaña de cristal |
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