LAS AVENTURAS DE PINOCHO

Pinocho - ©ccgediciones

CAPÍTULO XXII

Pinocho descubre a los ladrones y por haber sido fiel es recompensado con la libertad.

Hacía ya más de dos horas que dormía a pierna suelta, cuando hacia la media noche fue despertado por un bisbiseo de extrañas vocecitas, que le dio la sensación de escuchar en la era. Sacó la punta de la nariz por un agujero de la caseta, viendo reunidas en consejo a cuatro bestezuelas de pelaje oscuro, que parecían gatos. Pero no eran gatos: eran garduñas, animalitos carnívoros, golosos especialmente de huevos y de pollos jóvenes.. Una de estas garduñas, apartándose de sus compañeras, se acercó al agujero de la caseta y dijo en voz baja:

-Buenas noches, Melampo.

-Yo no me llamo Melampo –respondió la marioneta.

-¿Entonces, quién eres?

-Soy Pinocho.

-¿Y qué haces ahí?

-Hago de perro guardián.

-¿Y dónde está Melampo?, ¿dónde se ha ido el viejo can que estaba en esta caseta?

-Ha muerto esta mañana.

-¿Muerto? ¡Pobre bestia!... ¡Era tan bueno!... Pero juzgándote por la fisonomía, también tú me pareces un buen perro.

-¡Disculpa, yo no soy un perro!...

-¿Quién eres?

-Soy una marioneta.

-¿Y haces de perro guardián?

-¡Pues sí; es un castigo!...

-Bien, mira, yo te propongo los mismos pactos que tenía con el difunto Melampo y quedarás contento.

-¿Y cuáles serían estos pactos?

-Nosotras vendremos una vez por semana, como en el pasado, a visitar este gallinero, y nos llevaremos ocho gallinas. De estas gallinas, siete nos las comeremos, y una te la daremos, a condición, se sobrentiende, que tu finjas dormir y no te de por ladrar despertando al campesino.

-¿Melampo lo hacía así? –preguntó Pinocho.

-Así lo hacía y entre nosotras y él siempre hemos estado de acuerdo. Duerme, pus, tranquilamente, y estate seguro que antes de partir de aquí, te dejaremos en la caseta una gallina pelada para tu comida de mañana. ¿Queda bien entendido?

-¡Más que bien!... –respondió Pinocho y movió la cabeza de una cierta forma amenazadora, como si hubiese querido decir: -¡Dentro de poco hablaremos!...

Cuando las cuatro garduñas se creyeron seguras gracias al acuerdo tomado, fueron hacia el gallinero, que se encontraba cercanísimo a la caseta del perro; y abierta a base de dientes y de uñas la puertecita de madera, que cerraba la entrada, se introdujeron dentro, una detrás de la otra. Mas no habían aún terminado de entrar, cuando escucharon como la puertecita se cerraba con gran violencia.

Quien la había cerrado era Pinocho, el cual, no contento con haberlo hecho, puso delante, para mayor seguridad, una gran piedra a guisa de apuntalamiento.

Después comenzó a ladrar y ladrando lo mismo que si fuese un perro guardián, hacia con la voz ¡guau, guau, guau!

Ante aquellos ladridos, el campesino saltó de la cama y cogiendo el fusil y asomándose a la ventana, preguntó:

Geppetto - ©ccgediciones

.-¿Qué hay de nuevo?

-¡Son los ladrones! –respondió Pinocho.

.-¿Dónde están?

-En el gallinero.

-Bajo enseguida.

Y por tanto, en menos que se dice amén, el campesino descendió entrando a la carrera en el gallinero y después d haber atrapado y metido en un saco a las cuatro garduñas, les dijo con acento de verdadera satisfacción:

-¡Al final habéis caído en mis manos! ¡Podría castigaros pero no soy tan cruel! Me contentaré, en lugar de eso, con llevaros mañana al hostelero del pueblo vecino, el cual os despellejará y cocinará como si fuerais libres. ¡Es un honor que no merecéis, pero los hombres generosos como yo, no tienen en cuenta estas pequeñeces!...

Después, acercándose a Pinocho, comenzó a hacerle muchas caricias y, entre otras cosas, le preguntó:

-¿Cómo has conseguido descubrir el complot de estas cuatro ladronzuelas? ¡Y pensar que Melampo, mi fiel Melampo, no se dio cuenta nunca de nada!...

La marioneta, entonces, habría podido revelarle lo que sabía, es decir, habría podido contarle los pactos vergonzosos que se establecieron entre el perro y las garduñas, mas acordándose de que el perro estaba muerto, pensó: ¿De qué sirve acusar a los muertos?... ¡Los muertos están muertos, y lo mejor que se puede hacer es dejarlos en paz!...

-¿Cuándo llegaron las garduñas a la era, estabas despierto o dormías? –siguió preguntándole el campesino.

-Dormía –respondió Pinocho-, pero las garduñas me han  desvelado con su charloteo, y una ha venido hasta el cobertizo para decirme: “¡Si prometes no ladrar y no despertar al patrón, te regalaremos una gallina desplumada!...” ¿Comprende, no? ¡Tener la desvergüenza de hacer una propuesta similar! ¡Porque es necesario saber que yo soy una marioneta, que tendré todos los defectos de este mundo, pero no seré nunca un tunante haciéndole el juego a las gentes deshonestas!

-¡Bravo, muchacho! –gritó el campesino palmeándole en el hombro- ¡Estos sentimientos te honran y para demostrarte lo satisfecho que estoy, te dejo libre desde ahora para que puedas volver a casa.

Y le quitó el collar de perro.

Sigue...

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