LAS AVENTURAS DE PINOCHO

Pinocho - ©ccgediciones

CAPÍTULO XX

Liberado de la prisión, decide volver a casa del hada; pero a lo largo del camino se encuentra con una serpiente horrible y después queda preso en un cepo.

Figuraos la alegría de Pinocho cuando se sintió libre. Sin hacerse preguntas, salió rápidamente fuera de la ciudad y volvió al camino que debía llevarlo de nuevo a la casita del hada.

A causa del tiempo lluvioso, el camino se había convertido en un pantano que llegaba a mitad de pierna. Pero la marioneta no se daba por enterada. Atormentado del ansia de volver a ver a su padre y a su hermanita de los cabellos color turquesa, corría a saltos como un lebrel, y corriendo las manchas del barro le salpicaban hasta el sombrero.

Mientras tanto él se decía: ”Cuántas desgracias me han ocurrido... ¡Y me lo merezco porque soy una marioneta testaruda y picajosa... y quiero hacer siempre las cosas a mi manera, sin escuchar a aquellos que me quieren bien y que tienen mil veces más juicio que yo!... Pero de ahora en adelante, hago propósito de cambiar de vida y de convertirme en un muchacho dócil y obediente... Puesto que ya he visto como los chicos, al ser desobedientes, se equivocan siempre y no aciertan ni una. ¿Mi papá me habrá esperado?... ¿Lo encontraré en casa del Hada? ¡Hace tanto tiempo, pobre hombre, que no le veo, que ardo en deseos de hacerle mil caricias y de llenarlo de besos! ¿Y el Hada, me perdonará la fea acción que he cometido?... ¡Y pensar que he recibido de ella tantas atenciones y cuidados amorosos... y pensar que si hoy estoy vivo, a ella se lo debo!... ¿Puede existir un muchacho más ingrato y sin corazón que yo?... ”

En tanto que decía estas cosas, se detuvo repentinamente, y dio cuatro pasos hacia atrás.

¿Qué es lo que había visto?

Había visto una gran serpiente, atravesada en medio del camino, que tenía la piel verde, los ojos de fuego y la cola puntiaguda, además, humeaba como una chimenea.

Imposible imaginarse el miedo de la marioneta, quien alejándose más de medio kilómetro, se sentó sobre un montón de piedras, esperando que la serpiente se fuera bien lejos a sus asuntos y le dejara libre el camino.

Esperó una hora, dos horas, tres horas, pero la serpiente estaba siempre allí, y, aunque de lejos, se veía relucir sus ojos de fuego y la columna incandescente que le salía de la punta de la cola.

Entonces Pinocho, haciendo acopio de valor, se acercó a pocos pasos de distancia, y poniendo una vocecita dulce, insinuante y sutil, le dijo a la serpiente:

-Perdone señora Serpiente, ¿qué tendría la bondad de apartarse lo suficiente para dejarme pasar?

Geppetto - ©ccgedicionesFue lo mismo que hablarle a una pared. Nadie se movió.

De nuevo insistió con la misma vocecita

-¡Debe saber, señora Serpiente, que yo voy a mi casa, donde está mi padre que me espera y a quien hace tanto tiempo que no veo!... ¿Me da permiso para que siga mi camino?

Esperó un signo de respuesta a su pregunta, pero la respuesta no llegó, y la Serpiente que hasta el momento había semejado estar vigorosa y llena de vida, se quedó inmóvil y como rígida. Los ojos se le cerraron y la cola dejó de echar humo.

-¿Estará muerta de verdad?... –dijo Pinocho frotándose las manos muy contento y sin perder más tiempo, hizo el gesto de pasar por encima para ir a la otra parte del camino. Pero no había aún terminado de levantar la pierna, que la Serpiente se incorporó de súbito como un muelle que salta y la marioneta, al tirarse hacia atrás asustado, tropezó cayendo al suelo.

Pero si con esto no bastara cayó mal al quedar con la cabeza dentro del fango y las piernas alzadas en el aire.

A la vista de aquella marioneta que pataleaba cabeza abajo y a una velocidad increíble, la Serpiente fue presa de tal convulsión de risa, que rió, rió, rió, y al final, debido al esfuerzo provocado por tanta carcajada, se le rompió una vena del pecho y esta vez se murió de verdad.

Entonces Pinocho comenzó a correr para llegar a casa del Hada antes que se hiciese oscuro. Mas, a l largo del camino, no pudiendo más soportar los mordiscos del hambre, saltó a un campo con la intención de coger unos pocos granos de uva moscatel. ¡Nunca lo hubiese hecho!

Apenas llegó a las vides, ¡crac1... sintió sus piernas cogidas entre dos hierros cortantes,  que le hicieron ver a todas las estrellas del firmamento.

La pobre marioneta había caído en una trampa colocada allí por algún campesino con la intención de cazar garduñas que eran el flagelo de todos los gallineros del vecindario.

 

Sigue...

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