EL PÁJARO AZUL de Madame D'Aulnoy
©Traducción de Estrella Cardona Gamio

Copyright del dibujo: Estrella Cardona Gamio9

Y ella misma se puso a buscar por todas partes, revolviendo hasta en la paja en la cual, como era de esperarse, encontró una gran cantidad de diamantes, de perlas, de rubíes, de esmeraldas y topacios, cuya procedencia ignoraba.

La reina había resuelto colocar en cualquier sitio papeles que incriminasen a su hijastra la princesa y, cuando nadie la miraba quiso esconderlos en la chimenea, mas por fortuna el Pájaro Azul estaba ahí arriba escondido, y desde allí, con su vista de lince podía verlo todo y también escuchar cuanto hablaban.

-¡Vigila, Florine,, he aquí a tu enemiga que quiere hacerte aparecer como traidora! –exclamó.

Aquella voz inesperada, espantó tanto a la reina que no se atrevió a llevar a cabo su plan.

-Comprobad señora -dijo la princesa-, como los espíritus del aire me son favorables.

-Lo que yo creo –contestó la reina llena de cólera-, es que los demonios se interesan por vos, mas a pesar de ello vuestro padre sabrá hacer justicia.

-¡Quisiera el Cielo –exclamó Florine- no temer más que a la furia de mi padre!... La vuestra, señora, es mucho más terrible.

La reina la dejó, trastornada por cuanto acababa de ver y escuchar, procediendo a pedir consejo sobre lo que podía hacer en contra de la princesa; se le dijo que si cualquier hada o hechicero la tenía bajo su protección, el verdadero secreto para irritarlos consistiría en ocasionarle nuevos sufrimientos. Y que ello serviría para descubrir sus intrigas. La reina estuvo de acuerdo y envió a dormir en el calabozo de Florine a una muchacha contrahecha que tenía la orden de decirle a la prisionera que la habían puesto a su servicio, pero, ¿cómo poder creerla?

La princesa la miró como a una espía y no pudo sentir sino un violento dolor en su corazón.

-¡No hablaré más con este Pájaro que me es tan querido! –se decía- Él me ayudaba a soportar mis sufrimientos, yo consolaba los suyos, nuestra ternura nos bastaba... ¿Qué hará él, qué haré yo?

Y pensando todas estas cosas, ella derramaba abundantes lágrimas.

Tampoco osaba acercarse a la ventana cuando le oía revolotear alrededor aunque estaba deseosa de abrirla, pero no lo hacía para no exponer la vida de su amado.

Florine se pasó un mes entero sin abrir la ventana con la consiguiente desesperación del Pájaro Azul que no cesaba de lamentarse, ¿cómo vivir sin ver a su princesa¿; él no había experimentado nunca los males de la ausencia ni tampoco los de la metamorfosis, pero después de darle muchas vueltas a la cabeza, no encontraba nada que le consolase, y buscaba, pues, inútilmente remedios tanto para la una como para la otra, pero resultaba inútil, ya que nada podía mitigar su dolor.

La espía de Florine, que velaba día y noche, después de un mes, se rindió al sueño quedándose profundamente dormida. La princesa se apercibió y abriendo diligentemente su pequeña ventana, pronunció estas palabras

-¡Pájaro Azul, color del tiempo, acude a mí al momento!

El Pájaro las escuchó tan claramente que voló raudo hacia la ventana.

¡Qué alegría la de verse con la de cosas que se tenían que decir! El amor y las protestas de fidelidad se renovaron mil y mil veces, la princesa lloró inconteniblemente y su enamorado hizo todo lo posible para consolarla.

En fin, que llegó el amanecer y tuvieron que separarse; sin que la carcelera se despertase, ellos se despidieron.

Pero como a la siguiente noche todavía estaba durmiendo la espía, Florine corrió a su ventana, exclamando igual que la primera vez:

-¡Pájaro Azul, color del tiempo, acude a mí al momento!

Y el Pájaro volvió, pasando ambos la velada como la anterior maravillados de que la espía durmiese tanto, entonces pensaron que así sería siempre, y, en efecto, la tercera noche transcurrió feliz, pero a la siguiente, la durmiente, habiendo oído algún rumor, fingiendo dormir, estuvo atenta a lo que se decía, después espió a hurtadillas y vio al claro de luna al más bello pájaro del universo que le hablaba a la princesa, que la acariciaba con su pata, que la besaba dulcemente, y escuchando muchas cosas de su conversación quedóse atónita: pues el Pájaro conversaba cual un enamorado galán, respondiéndole la bella Florine con suma ternura.

 

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