EL PÁJARO AZUL de Madame D'Aulnoy
©Traducción de Estrella Cardona Gamio

Copyright del dibujo: Estrella Cardona Gamio17

El rey no sabía que imaginar; ¿podía creerse que una gran reina como Florine fuese disfrazada de fregatriz y que esa criatura tuviese la voz de la reina y supiera secretos tan particulares, a menos que fuera ella misma?

En esta incertidumbre él se levantó vistiéndose con precipitación, y descendió hasta el gabinete de los Ecos, del cual la reina había quitado la llave, pero el rey tenía una que abría todas las puertas de palacio.

Él la encontró con una ligera ropa de tafetán blanco que llevaba debajo de sus andrajosas ropas; sus hermosos cabellos cubríanle las espaldas y permanecía acostada sobre el lecho mientras una lámpara un poco alejada iluminaba discretamente la escena.

El rey entró bruscamente y su amor fue más importante que su resentimiento, pues en cuanto la reconoció fue a echarse a sus pies, llenándole de lágrimas las manos mientras pensaba que iba a morir de dicha, de dolor y de mil remembranzas diferentes que le pasaron a un tiempo por la cabeza.

La reina, igualmente, no se hallaba menos turbada, su corazón no latía casi pudiendo ella apenas suspirar. Miró entonces al rey fijamente sin decirle nada y cuando tuvo fuerzas para hablar tampoco le hizo reproches; el placer de verle le hizo olvidar los motivos de queja que creía tener.

En fin, ambos se explicaron, se justificaron, y su ternura despertó.

En estos momentos, el mago, que amaba al rey, llegó con un hada famosa que era precisamente la que la había dado los cuatro huevos a Florine. Después de los primeros saludos, el hechicero y el hada declararon que sus poderes se habían unido a favor del rey y de la reina, Soussio no podía ya nada contra ellos, y así su matrimonio no se retrasaría más.

Ya puede figurarse la felicidad de estos jóvenes enamorados: desde que se hizo de día, corrió la nueva por el entero palacio, y todos estaban encantados de ver a Florine.

Las noticias llegaron hasta Cerdita lo que la hizo correr a ver al rey y ¡cuál no sería su sorpresa al encontrarse con su bella rival! En el momento que ella quiso abrir la boca para injuriarla, el mago y el hada aparecieron metaformoseándola en cerda a fin de que le quedara al menos una parte de su nombre y de su natural gordura. Ella huyó arrastrándose hasta llegar al corral en donde las risotadas que escuchó acabaron de desesperarla.

El rey Charmant y la reina Florine, liberados de una persona tan odiosa, no pensaron más que en las fiestas de sus bodas que tuvieron lugar con gran magnificencia, sin que nadie pusiera en duda su derecho a la felicidad después de haber vivido tan grandes desventuras.

 

Fin de El pájaro azul

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