| EL PÁJARO AZUL de Madame D'Aulnoy |
©Traducción
de Estrella Cardona Gamio
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El mago le rogó entonces le contase que le había sucedido para verse en semejante estado y le diera noticia de quién le hiriese de forma tan cruel. El joven rey satisfizo su curiosidad explicándole que era Florine la persona que revelase el misterio de sus visitas secretas, y que, para hacer las paces con la Reina había consentido que derribaran el ciprés permitiendo así que le hiriesen de tan perversa manera. Charmant se lamentó mil veces por la infidelidad de la princesa y le aseguró que mejor se hubiera estimado morir, antes de haber conocido la maldad de su corazón. Su amigo al oírle, se enfado contra ella y con todas las mujeres aconsejándole al rey que la olvidase. -¡Qué desgracia sería la vuestra –le aconsejó-, si vos fuerais capaz de amar por más tiempo a esta ingrata! Después de lo que ella os ha hecho, hay que temerla. El Pájaro Azul no pudo estar de acuerdo; todavía amaba demasiado a Florine, y el hechicero, que conocía sus sentimientos a pesar del cuidado que el rey se tomaba para ocultarlos, le dijo con afabilidad que el tiempo lo pondría todo en su sitio viéndose las cosas mucho más claras. El pájaro real se convenció, suplicando a su buen amigo que le llevase consigo instalándole en una jaula en donde pudiera estar a cubierto de las garras de los gatos y de toda arma mortal. -Pero –reflexionó el mago-, ¿continuareis vos cinco años todavía en este estado tan deplorable y poco conveniente para vuestros asuntos y vuestra dignidad?... Pensad que los monarcas enemigos os creen muerto y pretenden invadiros el reino, lo cual significa que podéis perderlo antes de haber recobrado vuestro primitivo aspecto. -¿No podría –replicó el rey-, regresar a mi palacio y gobernar como he hecho siempre? -¡Oh –exclamo su amigo-, la cosa es difícil!, porque quien ha obedecido a un hombre no querrá obedecer a un ave; si os respetaban siendo rey al estar rodeado de grandeza y de fasto, os arrancarían todas las plumas en viéndoos convertido en un pequeño pájaro. -¡Ah, debilidad humana, que te deslumbras por un brillante exterior! –exclamó el rey-, aunque eso no signifique nada para el mérito y la virtud, cuán decepcionante eres! Bien –continuó-, seamos filósofos, despreciemos aquello que no podemos obtener, así las cosas no serán tan malas. -Yo no me rindo aún –dijo el mago-; espero encontrar algunos recursos que puedan ayudarnos. Mientras tanto, la triste Florine se pasaba los días y las noches en la ventana, repitiendo sin cesar: -¡Pájaro Azul, color del tiempo, ven a mi al momento! La presencia de su espía no le impedía manifestarse, pues su desespero era tal, que la princesa no comía nada. -¿En que os habéis convertido, rey Charmant? –clamaba ella- ¿Nuestros comunes enemigos os han hecho sentir los crueles efectos de su ira, habéis sido sacrificado a su furor? ¡Ay de mí, ay de mí!, ¿ya no estáis, no debo ya volveros a ver, o es que, cansado de mis desgracias, me habéis abandonado a la dureza de un destino aciago? ¡Cuántas lágrimas, cuantos sollozos, acompañaron estos sentidos lamentos! ¡Cómo se convirtieron en interminables las horas debido a la ausencia de enamorado tan amable y querido! La princesa, abatida, enferma, delgada y cambiada, podía apenas sostenerse en pie pues estaba persuadida que algo muy funesto le había ocurrido al rey Charmant. La reina y Cerdita triunfaban; la venganza las satisfacía más que las había apenado el rechazo del joven monarca. ¿Pero, en el fondo, de que ofensa se trataba? El rey Charmant no había querido casarse con un pequeño monstruo al que tenía mil motivos de odiar. Mientras tanto, el padre de Florine, que ya era viejo, cayó enfermo falleciendo. La fortuna de la malvada reina y de su hija cambió de cara, pues fueron contempladas como favoritas que habían abusado de su favor y el pueblo, amotinado, corrió a palacio pidiendo por la princesa Florine a la que reconocía como soberana. La reina, irritada, quiso tratar el asunto desde las alturas, así pues apareció en el balcón amenazando al pueblo, pero no le valió de nada ya que la sedición se convirtió en general. Se echaron abajo las puertas de sus aposentos en donde se la encontró matándola allí mismo a pedradas. En cuanto a Cerdita huyó a casa de su madrina el hada Soussio ya que corría igual peligro que su madre.
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