| CAPÍTULO V EL SEÑOR HORTEPLA | |||
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El Mago Serapión seguía los renglones de la letra escritos en el Gran Zifhandel, con un dedo tembloroso por la emoción; Brianda, Drianda y Ratoncillo Gris apenas si se atrevían a respirar. -... y la noche en la que el cangrejo de plata no esté a tiempo en el lugar preciso ni a la hora indicada, entonces el Viejo de la Luna pescará a la Tierra, y eso puede suceder algún día. El Mago Serapión se detuvo volviendo la cabeza para mirar, muy preocupado, a sus oyentes -Es terrible, terrible... Si ocurre tal cosa estaremos perdidos. -Sí, sí –dijeron las hadas. Y Ratoncillo Gris, subido encima del hombro del mago, le indicó. -Parece que hay una lista de días que señala cuando el Viejo de la Luna lanzara su anzuelo. -Sí, en efecto... A ver, a ver... Aquí... Efemérides... ¡Mirad, la última, la de la noche pasada, los lanzamientos coinciden con la Luna Llena! -¡Entonces el próximo tendrá lugar el mes que viene! –chilló Ratoncillo Gris muy excitado. -En efecto, en efecto; el próximo lanzamiento tendrá lugar el mes que viene... Veamos que día, mejor, exactamente, que noche... Plenilunio el día 12 a las 24 horas y 10 minutos, hora solar, viernes... ¿Pero, cuál es la hora exacta en la que el anzuelo penetra en la atmósfera de nuestro planeta?... Aquí no lo pone, claro que ya se acaba la página. -Quizás en la siguiente –sugirió Ratoncillo Gris. -Tienes razón, veamos... ¡Helo aquí!... ¡Ratoncillo Gris eres un genio!... Mmmm, dice: para saber el minuto preciso en el cual el anzuelo entrará en el aire de la Tierra, es aconsejable consultar con un astrónomo, cuanto más afamado y de renombre, mejor. ¡Caramba, caramba!, ¿y dónde encontramos nosotros ahora a un astrónomo de renombre que no se haga de menos por tratar con magos y con hadas?... El mejor astrónomo de mis tiempos mozos fue el Gato Cirili, y ya entonces era muy viejecito el pobre y después se jubiló, o sea... Drianda batió palmas alegremente imitándola Brianda. -¡Nosotras lo sabemos, nostras lo sabemos! -¿Qué es lo que sabéis, que es lo que sabéis? Muy animada, Brianda revoloteó hasta quedarse flotando en el techo, sobre las cabezas de sus amigos; Drianda pronto hizo lo mismo. -El señor Hortepla conoce a un astrónomo. -¿Quién es el señor Hortepla? Las dos hadas descendieron al suelo muy sonrientes. -El señor Hortepla es un erizo común que vivía en la Montañamásalta hasta que se cayó rodando desde su cima al llano y vino a dar en nuestra puerta... En la Montañamásalta tiene su observatorio el profesor Catalejo, célebre astrónomo, que, además, no desdeña a los magos ni a las hadas, porque una noche, y a través del telescopio, enfocado equivocadamente a un campo vecino, pudo vernos bailar al claro de luna sobre los trigales, en ocasión de una fiesta... De hecho, es un científico de mente abierta que opina que la investigación es la madre de todo conocimiento. -¡Me gusta! –afirmó vigorosamente el Mago Serapión- ¿Podría hablar con el señor Hortepla? -¡Nada más sencillo, ahora mismo está paseando por el jardín! Salieron los cuatro afuera y allí estaba el señor Hortepla, el erizo, caminando tranquilamente entre arriates de margaritas. -¡Señor Hortepla! -Drianda y Brianda y la compañía, muy buenos días. -Muy buenos días, señor Hortepla, le presentamos al Mago Serapión y a Ratoncillo Gris, que tenían muchas ganas de conocerle. -Tanto gusto y honradísimo. Ratoncillo Gris se admiró para sus adentros de que el señor Hortepla fuese tan bien educado. -El gusto es nuestro –dijeron a coro el mago y Ratoncillo Gris para no ser menos. -Bueno, señor Hortepla –expuso el Mago Serapión-, tengo entendido que usted ha vivido en compañía del profesor Catalejo y, por tanto le conoce muy bien, ¿podría indicarnos el camino más corto para llegar a la Montañamásalta?... Necesitamos ir a verle para preguntarle una cosa. El señor Hortepla se puso muy contento. -Precisamente hace tiempo que deseo volver a la Montañamásalta, pero como voy tan poquito a poco, tardaría mucho en llegar sino me llevan... Porque ustedes tendrán algún medio de transporte, ¿no? -¡Naturalmente, señor Hortepla; disponemos de un carruaje alado! -¡Fantástico!... Les quedaré eternamente agradecido si consigo regresar a mi casa antes de que llegue el invierno. Las hadas se lamentaron: -¡Señor Hortepla, podía habérnoslo dicho y le hubiéramos devuelto a la Montañamásalta, si tal era su deseo! -Gentiles hadas, no quería molestar. -No hubiera sido ninguna molestia. -Bien –zanjó el Mago Serapión porque empezaba a tener prisa-, al grano, usted quiere regresar cuanto antes a su hogar y nosotros ponernos en contacto con el profesor Catalejo, a la mayor brevedad... Si no dispone otra cosa, podríamos marchar rumbo a la Montañamásalta enseguida, ¿le parece? El señor Hortepla, muy feliz, dijo: -Un momento, que voy a por la maleta y me reúno con ustedes. Brianda y Drianda se cogieron de la mano. -Si hay algo más que nosotras podamos hacer. -Ya habéis hecho mucho, amiguitas. -¡El Gran Zifhandel, mago Serapión, llévatelo! El Mago Serapión dio que no con la cabeza. -Demasiado incómodo para cargarlo ahora, y tampoco lo preciso inmediatamente. Ya vendré otro día a buscarlo, será una buena excusa para repetir la visita y veros de nuevo, jovencitas. Ratoncillo Gris trepó por la túnica del mago y le estiró de la manga. -¿Yo también podré volver contigo? El Mago Serapión y las hadas, rieron divertidos. -¡Claro que sí, Ratoncillo Gris, la próxima vez vendrás otra vez conmigo, faltaría más! Drianda y Brianda añadieron: -Y en tu honor haremos una fondue de queso. Ratoncillo Gris se relamió por anticipado.
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