CAPÍTULO III GOLFI

Copyright dibujo: Estrella Cardona Gamio

El Mago Serapión se puso su bata de trabajo y Ratoncillo Gris le acompañó a la destartalada y polvorienta biblioteca en la que el mago iba amontonando los libros, libracos rarísimos, grandes y pequeños que sobrepasaban las estanterías y lo inundaban todo por doquier. El mago empezó a rebuscar y a revolver cosas, pero con frecuencia se distraía leyendo textos olvidados de volúmenes centenarios. Ratoncillo Gris quiso ayudarle y comenzó a husmear diligentemente entre aquella barahúnda de pergaminos amarillentos y encuadernaciones desvencijadas y pronto se puso a estornudar porque había demasiado polvo acumulado entre tanto y tanto papelote.

-¿Estás constipado, Ratoncillo Gris? –preguntó distraído el Mago Serapión y Ratoncillo Gris le iba a responder pero le dio un ataque de tos porque al ir a hablar se tragó una bola de pelusa.

-Caramba, Ratoncillo Gris, deberías tomarte algún jarabe. Yo preparo uno muy bueno a base de violetas y malvas con miel... Luego te lo doy; seguro que te quita la tos.

-Gra... gracias... –dijo Ratoncillo Gris ya recobrado- Mago Serapión, ¿y el Gran Zifhandel?... ¿Está por ahí?

-Pues no, pero he encontrado un libro muy interesante que habla de cómo pintar cuadros sin pintura y de cómo...

-Mago Serapión, ¿y el Gran Zifhandel?...

-¿El Gran Zifhandel?... ¿Para qué quieres tú el Gran Zifhandel?...

Ratoncillo Gris sintió que se le acababa la paciencia; otra vez el mago había vuelto a olvidar el asunto que llevaban entre manos

-El Gran Zifhandel es el libro que nos puede contar la historia del hilo de luz de luna, del cangrejo de plata y del anzuelo, ¿si o no?

-¿Ah, sí claro, por supuesto, casi lo había olvidado!... Es verdad... ¿Dónde estará el Gran Zifhandel?... ¿Tú lo has visto?

Ratoncillo Gris estuvo a punto de decirle que sólo había visto polvo, telarañas y pergaminos mohosos y nada que se pareciese ni de lejos a lo que suponíase era el Gran Zifhandel, cuando alguien entró volando y les interrumpió.

-¡Hola, Mago Serapión, hola, primo, ¿qué es lo que estáis buscando?

Ratoncillo Gris y el Mago Serapión miraron hacia lo alto.

-¡Hola, Golfi!... –dijo el mago- ¿Cómo es que vuelves tan pronto?

-¡No vuelvo tan pronto –protestó Golfi-; está amaneciendo!

-¡Uy, pues es verdad, ya va a salir el sol!... ¡Si que ha transcurrido la noche deprisa!

Golfi era un murcielaguito doméstico que vivía, mejor sería decir “dormía”, en casa del mago. Era chiquitín y alegre y llamaba a Ratoncillo Gris, en broma, primo, pero Ratoncillo Gris no se enfadaba porque en el fondo sabía que ratones y murciélagos son primos lejanos.

-No tan deprisa –bostezó Golfi-, yo he volado mucho y estoy rendido... Me voy a dormir, pero antes, dime, ¿qué es lo que buscáis?

-El Gran Zifhandel, ¿sabes tú, por casualidad, dónde está metido?

Golfi, que revoloteaba nervioso, con ganas de acostarse ya, se detuvo en el saliente de una viga colgándose cabeza abajo, que es como los murciélagos descansan más a gusto, y se lamentó mientras entornaba los ojitos somnoliento:

-¡Ay, Mago Serapión, mira que eres olvidadizo!... Si no encuentras el Gran Zifhandel es porque se lo prestaste a las hadas gemelas Drianda y Brianda que lo precisaban para desencantar a un príncipe convertido en dragón.

Al Mago Serapión se le encendieron los colores, abochornado al darse cuenta de que nuevamente había sufrido otro despiste grandísimo... ¡Vaya, mira que no acordarse de que prestara el Gran Zifhandel a sus amiguitas las graciosas hadas gemelas Brianda y Drianda!... ¡Merecía que le tirasen de las orejas por ello!

Ratoncillo Gris, que estaba luchando por limpiarse los restos de una rotosa y mugrienta telaraña con la que había tropezado, se animó considerablemente al oír lo que Golfi decía, y entre estornudo y estornudo, exclamó:

-Mago Serapión, ¡atchisss!, eso es estupendo, ¡atchiiss!... ¿vamos, ¡atchiiiiss!, a visitar a Drianda y Brianda?

-¿Por qué hemos de visitarlas, es acaso su cumpleaños??

Ratoncillo Gris, con un trozo de telaraña por gorro, miró preocupado al mago.

-Mago Serapión que no vamos al cumpleaños de nadie.. Las hadas gemelas Brianda y Drianda, tienen el Gran Zifhandel porque tú se lo dejaste, te lo acaba de decir Golfi.

-¿Golfi?... ¡Y tanto, claro, claro, ahora me acuerdo!... Bueno, pues será cuestión de ir a verlas para que me dejen hojear el Gran Zifhandel... ¡Vamos, Ratoncillo Gris, no te entretengas más, que ya henos perdido mucho tiempo, y el viaje es largo porque las hadas gemelas Drianda y Brianda viven en el Bosque Lejano!

-¿Es que no vamos a ir en un abrir y cerrar de ojos?

-¿Qué dices?... El bosque es mágico y a los bosques mágicos hay que ir andando...

-¿Andando? –gimió Ratoncillo Gris.

-Me has interrumpido, Ratoncillo Gris, iba a añadir, o en coche.

-Pero tú no tienes coche, Mago Serapión.

-¿Y quién te ha dicho que no?

Entonces el Mago Serapión levantó ambos brazos pronunciando las siguientes palabras mágicas.

-¡Artauge, canlevir, Licorsag!

Y de manera sorprendente y maravillosa, hete aquí que visto y no visto, Ratoncilo Gris y el Mago Serapión, se encontraron dentro de un bonito carruaje con su cochero y todo, del que tiraban seis caballos blancos alados.

Ratoncillo Gris iba sentado sobre un cojín de terciopelo color lavanda y el Mago Serapión a su lado, llevaba puesto el traje de gala que visten los magos de categoría cuando van a a visitar a las hadas. Encima de sus cabezas un enojado Golfi, a quien el hechizo había incluido dentro del vehículo, se bamboleaba boca abajo, agarrado con sus patitas del adorno central del techo.

-¡Tengo sueño y quiero dormir! –vociferó Golfi enfadado.

-Está bien, está bien, duerme; nosotros no te vamos a despertar.

Golfi dio un bufido y escondió la cabeza entre sus alitas.

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