| CAPÍTULO I I EL GRAN ZIFHANDEL | |||
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El Mago Serapión continúo. -El Gran Zifhandel se llama así porque lo escribió el Mago Zifhandel allá por loa años de María Castaña; es un libro gordo y grandote lleno de páginas de pergamino verde, en el que se hallan escritas todas las fórmulas de alta magia que en el mundo han sido hasta los tiempos de Zifhandel. Cuando Zifhandel desapareció en una barca rumbo a las islas encantadas de El Otro Mundo, antes repartió sus cosas entre varios colegas, pero su libro el Gran Zifhandel, se lo dejó en herencia a la Bruja Undiente, todavía no sé por qué, pero bueno... El caso es que la Bruja Undiente lo tuvo en su poder hasta la mayoría de edad de su hija, la Brujita Zascandila y entonces pasó a las manos de ésta y con ella estuvo durante largo tiempo hasta que cierto día vino a verme Zascandila diciéndome que me lo regalaba a cambio de un favor. Quería dejar de ser bruja porque ya estaba harta de pasarse la vida en una covacha y trabajando para los demás en una profesión que la gente suele mirar con repeluzno. Pero como el que es brujo no puede dejarlo así como así, era necesario que un mago, por ejemplo yo, recitando una fórmula mágica del Gran Zifhandel, la convirtiese en humano normal... Claro que ya nunca en su vida volvería a ser bruja ni a realizar hechizos, aunque la verdad sea dicha, eso no le preocupaba nada; ella quería ser pastora y triscar por los prados con su rebaño... El caso es que convertí a la Bruja Zascandila en persona vulgar y corriente y me quedé a cambio con el Gran Zifhandel... Yo, por aquel entonces, era un mago joven, recién salido de la Merlín University, la más prestigiosa de cuantas imparten nuestras enseñanzas mágicas, y obtener el libro fue como si me hubiese tocado la lotería... ¡Ahí es nada, el gran Zifhandel? Este libro portentoso se encuentra dividido en dos partes, y es en la segunda en dónde se hallan todas las leyendas, consejas y fábulas que hacen eferencia a cuantos sucesos mágicos se han desarrollado a lo largo de la historia de la humanidad... Lo cual quiere decir que fue ese el lugar en el que leí algo referente a cierto hilo trenzado con luz lunar. -¡Ah!... –dijeron los animalitos desilusionados, ya que esperaban que el mago recordara al completo, resolviendo de una vez por todas el misterio. Ratoncillo Gris, tan contrariado como los demás, preguntó: -Pero, Mago Serapión, ¿por qué no te esfuerzas un poquito y recuerdas lo que en el Gran Zifhandel hay escrito sobre ese hilo de luz lunar? El Mago Serapión, muy pensativo, se mordió un extremo de la uña de su dedo índice. -Es que no me viene a la memoria... Tendré que comer más rabos de pasa; últimamente he descuidado mucho el comer rabos de pasa. La señora Araña intervino enojada y criticona. -¡Un hilo de luz de luna, que tontería más grande!... En todos los años que llevo tejiendo mis redes nunca oí decir una bobada semejante... Luz de luna, ¡bah!... Vaya un hilo, seguro que se rompería al primer estiramiento. -¡Eso es! –gritó súbitamente alborozado el Mago Serapión- ¡Tres veces eureka! -¡Qué es, qué es? –chillaron todos también -¡Claro, claro, sí, sí, es eso!... Un hilo que se rompe fácilmente... ¡Me acabo de acordar de algo! Un expectante silencio reinó en el bosque mientras la luna parecía balancearse curiosa sobre sus cabezas. -Se trata, se trata... ¡Carape, lo he perdido otra vez! Ratoncillo Gris apuntó, en tanto los demás comenzaban a desesperarse: -Se trata de un hilo que se rompe fácilmente, Mago Serapión, tú los has dicho hace un instante. -Sí, sí, eso lo recuerdo... ¡Ya está, en este asunto hay de por medio un cangrejo de plata, es pequeño y se esconde debajo de las piedras blancas, es un cangrejo de río -¿Y... ? -susurró el coro muy nervioso. -Pues que el cangrejo corta el hilo –respondió el mago como si eso fuera lo más normal del mundo. -¡Oh!... -exclamaron todos y no añadieron más. -Pero, ¿de dónde viene ese hilo y por qué motivo lo corta un pequeño cangrejo de plata? –quiso saber, osadamente, Ratoncillo Gris. -¿Cómo dices?... ¡Ah, sí!... ¿Qué por qué lo corta?... Si está clarísimo, es su obligación, ha nacido para cortar ese hilo, eso es lo que tiene que hacer, vivir debajo de las piedras blancas y cortar el hilo de luz de luna. Los animalitos se miraron desorientados; volvían a estar en el mismo punto del laberinto. Hecho un lío, Ratoncillo Gris sugirió: -Mago Serapión, ¿por qué no vamos a tu casa y miramos en el Gran Zifhandel?, quizás allí acabamos de enterarnos de lo que pasó con el cangrejo de plata y el hilo de luz de luna. Un simpático topillo que asomaba el hociquito por la entrada de su nido y junto a un montículo de tierra blanda recién excavada, expuso amablemente: -¿Y si buscásemos debajo de las piedras blancas que hay junto al río?, tal vez pudiéramos encontrar al cangrejo de plata. El Mago Serapión pareció ofenderse. -No creo que sepa más ese cangrejo que el Gran Zifhandel. Ratoncillo Gris intervino conciliador. -No, no, por supuesto, ni ese cangrejo ni nadie que no sea el Gran Zifhandel, sabe de lo que va todo... Por eso, Mago Serapión, debemos volver a tu casa cuanto antes a desvelar el misterio. -Eso, eso! –gritaron los animalitos muy contentos. El Mago Serapión se rascó pensativo la barba. -Ahora me acabo de acordar de otra cosa. -¿Siiii? -Sí, aparte del cangrejo de plata, hay un anzuelo... -¿Un anzuelo? –repitieron como un eco sus oyentes. -Sí, un anzuelo y un pescador. Ratoncillo Gris, impaciente, empezó a tirar de la túnica del mago. -¡Vamos, Mago Serapión, vamos a tu biblioteca!” -Sí, sí, tienes razón, Ratoncillo Gris. Y los dos, cerrando y abriendo los ojos de nuevo, en un santiamén, estuvieron en la casita de aquel despiste de mago.
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