| CAPÍTULO X RATONCILLO GRIS, MI HÉROE | |||
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El Mago Serapión, el profesor Catalejo y Ratoncillo Gris se quedaron patitiesos del susto y casi hubieran chillado ellos también muy a gusto de no ser porque eran los buenos, los intrépidos expedicionarios y no debían dar muestras de miedo o debilidad por más que estuvieran temblando como hojas, de auténtico pavor... ¡El Viejo de la Luna acababa de descubrir la superchería!, ¿qué iba a ser de la Tierra? -¡Me habéis engañado, traidores repelentes, os habéis burlado de mí, odiosos parásitos terráqueos, esto no es la Tierra, la Tierra está ahí, ahí fuera, como siempre, colgando como una lámpara!... ¡Me habéis querido enredar en una torpe maquinación para que yo me creyese que había capturado a la Tierra y os dejase en paz!... ¡Pues de eso ni hablar, la seguiré intentando hasta que lo consiga!, ya veréis! El mago quiso parlamentar haciendo de tripas corazón. -¡Por favor, señor rey de la Luna, comprenda que lo que pretende no está nada bien, no se puede ir por ahí pescando planetas como si de sardinas se tratase!...Lo que no quieras para ti no lo quieras para los demás... ¿Es tan difícil de comprender? El profesor Catalejo también aportó su granito de arena insistiendo con más de lo mismo: -¡No haga a su prójimo lo que no le gustaría que le hiciesen a usted!... ¿Acaso no podemos vivir como buenos amigos, usted en su Luna y nosotros en nuestra Tierra?... ¿No sería bonito que cada noche de Luna llena, usted, desde aquí, en lugar de querer pescarnos, nos dijera ¡“hola, hola”! con la mano, como vecinos que somos?... Nosotros también le diríamos ¡hola! Y todos estaríamos tranquilos, cada cual en su propio mundo y muy felices! El Viejo de la Luna se había quedado empotrado en el cestillo del globo y por más que estiraba y estiraba, apoyando sus huesudos dedos en los bordes del cesto, le estaba resultando imposible descomprimirse en tan reducido espacio, pero aun y así vociferaba muy enfurecido sin dejar de forcejear: -¡Me las pagareis mentirosos, me las pagareis, en cuanto salga de este trasto os voy a tirar a los tres de cabeza a un cráter, y hala, a hacer compañía a mis súbditos, si es que queda alguno todavía... ¡Vais a saber lo que es bueno! Vosotros os estaréis preguntando, mientras todos estos sucesos tan terribles estaban teniendo lugar, ¿y Ratoncillo Gris, que es lo que hacía Ratoncillo Gris, por qué no tomaba la palabra también intentando poner en razón al Viejo de la Luna? Os contaré, Ratoncillo Gris, que se había quedado helado de miedo en un principio cuando el viejo rey de la Luna se dio cuenta de que le habían tomado el pelo, estaba reaccionando ya, y hora era de que lo hiciese porque los minutos resultaban preciosos. Mientras el mago y el profesor intentaban por todos los medios calmar y convencer al temible soberano lunar, Ratoncillo Gris, desesperado, se fijó de pronto en que el globo permanecía sujeto al suelo merced al hilo de luz de Luna que lo tenía atrapado y el hilo de luz de Luna provenía de una gigantesca caña de pescar que estaba tirada a escasos metros de ellos, y el anzuelo, al extremo del hilo, pues eso, clavado fuertemente en el cestillo de juncos del globo aerostático. Ratoncillo Gris, avanzó ligero pero cauto, arrastrándose pancita al suelo, hasta situarse encima del hilo de luz de luna, y entonces, pensó: -“Yo no soy el cangrejo de plata, mas tengo mis buenos dientes”. Conque dicho y hecho. Ratoncillo Gris abrió la boca y, sin tiempo para roer nada, le pegó un gran mordisco al cable lunar... Se oyó un ligero ¡crash!, y tres exclamaciones diferentes que revelaron sorpresa. El viejo rey de la Luna: -¡Eh! El Mago Serapión: -¡Oh! Y el profesor Catalejo: -¡Ah! Ratoncillo Gris suspiró aliviado: -¡Uf! Y los tres miraron en dirección al globo que se alzaba lenta, majestuosamente, flotando cielo arriba, arriba, arriba, cada vez más lejos y más alto... El Viejo de la luna se había quedado mudo y con ojos redondos como platos, veía, allá abajo, como el suelo se iba apartando y no era una broma precisamente, ni un juego. -¡Buen viaje, señor rey de la Luna, buen viaje! –gritó Ratoncillo Gris alegremente. El Mago Serapión miró a Ratoncillo Gris y al profesor Catalejo. -¡Se va, se va! –se le cortó en seco el regocijo- ¿Y adónde se va ahora el Viejo de la Luna’ El profesor Catalejo llamó a la calma con un gesto. -Tranquilo, Mago Serapión, que no llega a la Tierra, si es eso lo que usted parece temer, ni siquiera saldrá de la órbita de la Luna... El monarca pescador que tantas ganas tenía de que el universo entero girase entorno a él, se verá convertido a su vez, en satélite; le está bien empleado por ambicioso. El Mago Serapión se dirigió a Ratoncillo Gris con reconocimiento. -¡Ratoncillo Gris, tú nos has salvado, has salvado a la Tierra! -Sí, en efecto –dijo el profesor Catalejo sonriente-, Ratoncillo Gris se ha portado como un héroe, y todos le debemos estar muy agradecidos ya que sin su rápida intervención hubiéramos estado perdidos, Ratoncillo Gris se sintió feliz como nunca en su vida; había salvado a la Tierra de un grave peligro y eso era maravilloso. Sin subírsele los humos a la cabeza, repuso con modestia: -No tiene importancia, dio la casualidad de que yo estaba junto al cable y entonces se me ocurrió esa idea, podía haber sido cualquiera que hubiese estado ahí. -¡En eso te doy toda la razón, amigo! –exclamó una voz desconocida detrás de ellos. El Mago Serapión, el profesor Catalejo y Ratoncillo Gris, se volvieron estupefactos, ¿de quién era aquella voz?
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