CAPÍTULO 9


 

¡CHOOP!...

Hice al caer dentro del agua, pero como el río era profundo no me rompí ningún hueso y salí nadando más feliz que una trucha en un estanque. Trepé a la orilla y cuando me sacudía el agua al estilo de un perro de lanas, divisé a escasa distancia de mí, primero una solitaria tienda india y segundo al Piel Roja de la canoa, un anciano venerable envuelto en una capa cubierta de bellos dibujos geométricos, llevaba varias plumas de águila en la cabeza y largas trenzas grises. Tenía un porte solemne y majestuoso y... Sus ojos, grandes y fijos te informaban de que el hombre estaba ciego.

Me apercibí que se apoyaba en un bastón al caminar y también de que el perro que le acompañaba había desaparecido, porque lo más lógico era que estuviese a su lado ladrándome o gruñendo amenazador.

-Buenas tardes, señor, me acabo de caer al río y...

-Has bajado del cielo como los pájaros, pero tú eres un hombre...

-¿Cómo lo sabe usted?

-Si estoy ciego, ¿es eso lo que te sorprende?

Yo me sonrojé.

-Bueno... No... Yo... -repliqué tartamudeando apesadumbrado.

-No debes sentir vergüenza de tus palabras, las cosas son como son y nada más... A mÍ me llaman El-Hombre-Que-Ve-Con-El-Corazón y vienen de muy lejos a visitarme para preguntar lo que ignoran... Tú vienes también de muy lejos, lo sé, de allí dónde el crepúsculo se confunde con la aurora... Vienes de muy lejos e igual que todos, tienes preguntas que hacer.

Humildemente le respondí:

-Clarividente y sabio anciano, en efecto, vengo de muy lejos y tengo una pregunta que hacer... Busco a...

El-Hombre-Que-Ve-Con-El-Corazón, hizo un gesto imperioso con la mano, obligándome a enmudecer.

-Encontrarás lo que buscas y regresarás a tu mundo.

-Gracias, pero no sé cómo volver.

-Mi perro te guiará, él sabe hacerlo muy bien... Es un buen animal, me lo encontré un día medio muerto de hambre y de sed en el desierto... El te guiará, síguele...

-Muchísimas gracias, es usted muy amable... Yo desearía corresponder a sus bondades, pero ahora no llevo... Yo...

-¿Hablas de pagarme?

-Sí, si pudiera.

-No te preocupes, nada me falta ya que las buenas gentes se ocupan de mí y me cuidan, soy rico en amigos, que es la mejor de las riquezas... Mas, si deseas pagarme, puedes hacerlo...

-¿De que forma?

El anciano indio sonrió de una manera peculiar.

-Sólo hay una que tú sabes hacer muy bien y no será hoy ni mañana ni a mí... Cuando llegue el momento lo sabrás, aunque yo creo ya lo sabías al decidirte a emprender este singular viaje...

Los hombres sabios hablan con palabras enigmáticas.

El indio llamó a su perro y éste apareció entre unos arbustos, sombra entre las sombras de un rápido atardecer... El sol resplandecía como un globo rojo en la línea del horizonte. ¡Extraordinario, apenas un rato antes era por la mañana y ahora, sin darme cuenta, estaba a punto de llegar la noche!

-Síguele -repitió el anciano-, y él te guiará.

Le di las gracias otra vez y me dispuse a seguir al perro, en tanto su amo, manejando el bastón con seguridad, se dirigía a la tienda que le servía de morada.

 

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