Tigre
hizo un comentario mientras movía el extremo de su largo rabo.
-Bueno,
al menos ya sabemos que Lindy sigue entre nosotros.
La
lulú, combativa, exclamó:
-Ya
nos contará, cuando vuelva, cómo y de que forma engulló esa cosa.
-Lindy
es muy tragona -dijo despectiva Perla que era una tiquismiquis a la
hora de comer.
-Celebro
no haber tenido que aullar anunciando la muerte. -afirmó el perro
lobo con alivio, y Tigre, filosófico, agregó:
-Vosotros
aulláis anunciando la muerte, nosotros la captamos de otra manera.
-¿De
qué manera? -quiso saber, curiosa, la lulú.
A
lo que Tigre, solemne, repuso:
-Nosotros
la sentimos dentro de nuestro corazón.
-¡Dejaros
ya de muertes, caray!... -protestó el gran danés- Lindy se ha salvado,
mejor, pero, ¿dónde estará Puchi-Puchi?... ¿No decías, Tigre...?
-Si,
es verdad, que fuiste el último en verle, ¿no?
-En
efecto. Me dijo que quería investigar y yo le ofrecí mi ayuda, no
deseaba que anduviera sólo por ahí. Nos dividimos el sector... y debo
reconocer que creo que me enredó el muy trapisonda haciéndome ir en
la dirección falsa reservándose para él la que suponía acertada...
Yo marchaba escurriéndome, saltando, subiendo y bajando cuando sucedieron
dos cosas simultáneamente... Imaginé oír a lo lejos, por cierto callejón
lleno de containers, un ladridito agudo y acto seguido empezó
a caer una lluvia fina y de esas que calan hasta los huesos... ¡Con
la noche de luna que estaba haciendo todavía, no sé de dónde salieron
tales nubes!
-¡Al
grano y déjate de partes meteorológicos! -gruñó el huskie impaciente.
-Está
bien, está bien, amigo siberiano... El caso es que la lluvia borró
todo rastro de pistas y que antes de llegar al callejón de poco más
y me atropella un coche, el único que cruzaba la avenida entonces.
-¿Cogiste
la matrícula? -interrogó con aire policial el gran danés.
Tigre
dio un bufido.
-¡A
ver si te piensas que yo sé leer y escribir!
Barín
intervino apaciblemente:
-¿Te
fijaste en el coche?
-¿Fijarme?,
bastante tiento tuve en que no me chafara como a una rata señor mío...
Era grande, oscuro, no sé, de lo que si me acuerdo es de que se trataba
de un coche muy ruidoso y de que el tubo de escape dejó una humareda
que me hizo toser.
-¿Y
de Puchi-Puchi? -preguntó el fox terrier.
-Ni
rastro de Puchi-Puchi... Le llamé y lo único que conseguí es que vinieran
unos cuantos gatos.
Se
hizo el silencio otra vez.
Boby
tosió discretamente y Tigre admitió de mala gana:
-Bien,
si, eran seis... Y ya es noticia el que los hayan encontrado envenenados
esta mañana en ese maldito callejón.
Copy
dio un paso hacia delante, carraspeando:
-Creo,
Tigre... Moralmente me hallo obligado a buscar a Puchi-Puchi...
Odín,
el huskie, ladró con fuerza:
-¡Guuuaauuu!...
¡TODOS estamos obligados!... Puchi-Puchi es nuestro amigo: ¡debemos
volver el pueblo de arriba abajo hasta encontrarle!
La
gata siamesa maulló juiciosamente:
-Si
ahora salimos en desbandada por las calles, vamos a dar la nota exótica
y sin otro resultado que el de complicar más la situación.
Al
huskie le dio un arrebato de ira.
-¡Bla,
bla, bla, y, mientras, unos desaparecen y otros son envenenados!.
Tigre
pidió la palabra.
-Propongo
que Copy y yo marchemos esta noche al callejón de los containers
para investigar, hay un patio, un almacén... Quién sabe, quizás...
-y como viera que nadie parecía confiar mucho en ese rastreo, añadió
algo molesto:- Es lo que tenemos, tal vez alguien pudo verle... Y
además -agregó haciéndose el enterado-, “el criminal siempre vuelve
al lugar del crimen”.
-Si
Sherlock Holmes -dijo la lulú con retintín-, e igual mañana vamos
de entierro... por partida doble.
Barín
volvió a mediar entre los litigantes.
-Esta
charla se está haciendo interminable... Afortunadamente, Lindy se
ha salvado, pero Puchi-Puchi sigue en paradero desconocido, creo,
por tanto, que debemos aceptar la propuesta de Tigre... Nuestros compañeros
felinos son mucho más ágiles y escurridizos que nosotros los perros.
Que vayan, pues, en buena hora y que vuelvan para contarlo.
Aunque
se pudo oír algún que otro brote de objeción al plan -una pareja de
cocker spaniel que tenían ganas de meter baza-, en líneas generales,
la asamblea no tuvo otra solución mejor que la de aceptarlo, en realidad
no había ninguna alternativa más apropiada.
___________________________________
_____________________________