2.05 de la tarde del día... de Junio de 199...
 

Copyright dibujo: Estrella Cardona GamioTigre hizo un comentario mientras movía el extremo de su largo rabo.

-Bueno, al menos ya sabemos que Lindy sigue entre nosotros.

La lulú, combativa, exclamó:

-Ya nos contará, cuando vuelva, cómo y de que forma engulló esa cosa.

-Lindy es muy tragona -dijo despectiva Perla que era una tiquismiquis a la hora de comer.

-Celebro no haber tenido que aullar anunciando la muerte. -afirmó el perro lobo con alivio, y Tigre, filosófico, agregó:

-Vosotros aulláis anunciando la muerte, nosotros la captamos de otra manera.

-¿De qué manera? -quiso saber, curiosa, la lulú.

A lo que Tigre, solemne, repuso:

-Nosotros la sentimos dentro de nuestro corazón.

-¡Dejaros ya de muertes, caray!... -protestó el gran danés- Lindy se ha salvado, mejor, pero, ¿dónde estará Puchi-Puchi?... ¿No decías, Tigre...?

-Si, es verdad, que fuiste el último en verle, ¿no?

-En efecto. Me dijo que quería investigar y yo le ofrecí mi ayuda, no deseaba que anduviera sólo por ahí. Nos dividimos el sector... y debo reconocer que creo que me enredó el muy trapisonda haciéndome ir en la dirección falsa reservándose para él la que suponía acertada... Yo marchaba escurriéndome, saltando, subiendo y bajando cuando sucedieron dos cosas simultáneamente... Imaginé oír a lo lejos, por cierto callejón lleno de containers, un ladridito agudo y acto seguido empezó a caer una lluvia fina y de esas que calan hasta los huesos... ¡Con la noche de luna que estaba haciendo todavía, no sé de dónde salieron tales nubes!

-¡Al grano y déjate de partes meteorológicos! -gruñó el huskie impaciente.

-Está bien, está bien, amigo siberiano... El caso es que la lluvia borró todo rastro de pistas y que antes de llegar al callejón de poco más y me atropella un coche, el único que cruzaba la avenida entonces.

-¿Cogiste la matrícula? -interrogó con aire policial el gran danés.

Tigre dio un bufido.

-¡A ver si te piensas que yo sé leer y escribir!

Barín intervino apaciblemente:

-¿Te fijaste en el coche?

-¿Fijarme?, bastante tiento tuve en que no me chafara como a una rata señor mío... Era grande, oscuro, no sé, de lo que si me acuerdo es de que se trataba de un coche muy ruidoso y de que el tubo de escape dejó una humareda que me hizo toser.

-¿Y de Puchi-Puchi? -preguntó el fox terrier.

-Ni rastro de Puchi-Puchi... Le llamé y lo único que conseguí es que vinieran unos cuantos gatos.

Se hizo el silencio otra vez.

Boby tosió discretamente y Tigre admitió de mala gana:

-Bien, si, eran seis... Y ya es noticia el que los hayan encontrado envenenados esta mañana en ese maldito callejón.

Copy dio un paso hacia delante, carraspeando:

-Creo, Tigre... Moralmente me hallo obligado a buscar a Puchi-Puchi...

Odín, el huskie, ladró con fuerza:

-¡Guuuaauuu!... ¡TODOS estamos obligados!... Puchi-Puchi es nuestro amigo: ¡debemos volver el pueblo de arriba abajo hasta encontrarle!

La gata siamesa maulló juiciosamente:

-Si ahora salimos en desbandada por las calles, vamos a dar la nota exótica y sin otro resultado que el de complicar más la situación.

Al huskie le dio un arrebato de ira.

-¡Bla, bla, bla, y, mientras, unos desaparecen y otros son envenenados!.

Tigre pidió la palabra.

-Propongo que Copy y yo marchemos esta noche al callejón de los containers para investigar, hay un patio, un almacén... Quién sabe, quizás... -y como viera que nadie parecía confiar mucho en ese rastreo, añadió algo molesto:- Es lo que tenemos, tal vez alguien pudo verle... Y además -agregó haciéndose el enterado-, “el criminal siempre vuelve al lugar del crimen”.

-Si Sherlock Holmes -dijo la lulú con retintín-, e igual mañana vamos de entierro... por partida doble.

Barín volvió a mediar entre los litigantes.

-Esta charla se está haciendo interminable... Afortunadamente, Lindy se ha salvado, pero Puchi-Puchi sigue en paradero desconocido, creo, por tanto, que debemos aceptar la propuesta de Tigre... Nuestros compañeros felinos son mucho más ágiles y escurridizos que nosotros los perros. Que vayan, pues, en buena hora y que vuelvan para contarlo.

Aunque se pudo oír algún que otro brote de objeción al plan -una pareja de cocker spaniel que tenían ganas de meter baza-, en líneas generales, la asamblea no tuvo otra solución mejor que la de aceptarlo, en realidad no había ninguna alternativa más apropiada.

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Continuará...

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