9.45 de la noche del día... de Junio de 199...
 

Copyright dibujo: Estrella Cardona GamioA todo esto y como en los cuentos de Hadas, había habido un pequeño personajillo, quien, calladito durante todo el rato, permanecía debajo de un seto de boj, no diremos que oculto, aunque siendo tan chiquitín daba esa errónea impresión. El personajillo de marras, un diminuto yorkshire con su lacito azul entre las orejas y todo, asomó el morrito entre las hojas que lo cubrían y estornudó, que era la manera que tenía de anunciar sus apariciones en público, de lo contrario podían confundirlo con una bola de pelusa rodante.

-¡Ah, Puchi-Puchi, ¿estabas ahí?!... -vinieron a exclamar todos al verle salir del seto.

-¡Guuuau, guuuau, grrr, sí! -ladró Puchi-Puchi mientras avanzaba contoneándose bravucón. Puchi-Puchi era una pulga, pero a valiente no le ganaba nadie, ni siquiera el más fiero doberman, lástima que su tamaño no correspondiera a la temeridad de que hacía gala.

-¡Guuuau, guuuau, grrr!... -¡Precaución, precaución, no es hora de cautelas sino de ataque!... Si observamos, ¿qué es lo qué vamos a ver?. Pues ni más ni menos que la punta de nuestras mismísimas narices... Yo digo, ¡al ataque!

Todos le miraron con indulgencia. Puchi-Puchi era tan pequeñito que nadie le tomaba en serio nunca.

Un joven y simpático fox terrier de pelo duro habló conciliador.

-Vamos chicos, creo que nos estamos poniendo demasiado nerviosos y todo este plan ha de llevarse a cabo con calma empleando las habilidades de cada uno para conseguir el éxito... Necesitamos el valor de Puchi-Puchi, la sabiduría de Barín y la perfecta coordinación de todos, y me estoy refiriendo, como no, a Copy, Tigre, entre otros de los amigos felinos... ¡Porque todos juntos, unidos, venceremos!

Si en lugar de patas hubieran tenido manos, la concurrencia en pleno hubiese aplaudido, pero como no era así, simplemente ovacionaron al fox terrier marchando acto seguido hacia sus casas ya que se acercaba el crepúsculo y en las cocinas empezaba a reinar una gran actividad.

Bueno, eso de que todos se fueron es un decir, ya que Puchi-Puchi, experto en llevar la contraria, quedóse plantado en medio del jardín con sus cuatro patitas clavadas como tachuelas sobre el césped.

La lulú le gritó en tanto se alejaba a la carrera desenfrenada:

-¿No vienes, Puchi-Puchi?

-¡Guuau, no!

-¡Tú mismo!

Puchi-Puchi estaba muy enfurruñado, su carácter peleón y audaz le hacía sentirse continuamente frustrado ya que nadie parecía reconocer sus méritos y eso que en cierta ocasión luchó contra una rata muchísimo más grande que él consiguiendo ponerla en fuga, lo que dado el tamaño de Puchi-Puchi fue toda una hazaña, no obstante Puchi-Puchi tenía síndrome de Cenicienta, se sentía como el último mono del jardín comunitario y lo que él deseaba era que todos admirasen su valor y su inteligencia, sus excelentes cualidades, en suma, algo en lo que, por desgracia, ninguno daba la impresión de reparar.

Puchi-Puchi pataleó lleno de ira lo que le valió el graznido burlón de una urraca transeúnte quien desde hacía varios minutos, muy pocos, descansaba oculta entre las ramas de un árbol, escuchándoles discutir.

Como Puchi-Puchi estaba al pie del árbol, el graznido aquel, estalló, si estalló materialmente sobre su cabecita haciéndole saltar aún más iracundo.

-¡Guuuau, guuuau. Grrr..! ¿De qué te ríes tú, plumero con patas?

-De lo tonto que eres, Puchi-Puchi.

-¿Yo tonto?... ¡Grrr, grrr, eso lo serás tú!

La urraca planeó hasta una rama baja.

-No, no lo soy, y tú sí muy chiquitín para meterte en berenjenales... Eres valiente pero te falta alzada, y nosotras, entre las aves, tenemos un refrán que se te puede aplicar acertadamente...

-¿Cuál es?.-indagó enfadado, aunque curioso, Puchi-Puchi.

-Alma de águila en cuerpo de gorrión.

-¡Te voy a ...!

La urraca abanicó sus alas divertida.

-Calma, perrito yorkshire, calma, no es más que un refrán... Del que sin embargo, se puede extraer sabiduría. Tú tienes grandes ideas, pero tus compañeros poseen la fuerza y la talla para ponerlas en práctica, debes reconocerlo...

-¿Y qué? -exclamó el belicoso Puchi-Puchi.

-Pues mucho, con su alzada, los perros o los gatos con su agilidad, tienen las cualidades necesarias para, por ejemplo, meterse en cualquier callejón siniestro...

-¿Callejón siniestro?

La urraca empezó a balancearse en su rama, dándose importancia.

-Si, callejón siniestro... Recuerda que yo vuelo y además, como a las de nuestra especia nos gustan mucho los objetos brillantes, ¡ejém!... Pues bien, hace unos días, volaba yo por el pueblo y pude ver a través de una ventana abierta, la más linda colección de cucharillas de plata que te puedas imaginar... Bueno, realmente no quería decir eso, sino otra cosa muy diferente. La ventana daba sobre un patio descuidadísimo que a su vez tenía una puerta de madera que servía de acceso a un trozo de callejón lleno de containers rebosantes de basuras y entre los containers estaba un hombre, que no era un vagabundo, colocando en el suelo un trozo de salchicha de aspecto sumamente apetitoso para  quienes les guste tal clase de alimentos... Y ese era el callejón que solía frecuentar Malas Pulgas, ¿comprendes ahora?

A Puchi-Puchi casi le falló la voz al exclamar:

-¡Pe... pero, dejó la salchicha y se fue, ¿no?!...

La urraca descendió a otra rama.

-No, señorito Puchi-Puchi, la dejó y luego empujando la puertecilla de madera, entró en el patio, allí, bajo un arco y semi oculta detrás de unas cajas de cartón muy grandotas, aparecía una entrada de esas de puerta metálica de tienda o almacén, él la levantó sin gran esfuerzo, y se introdujo en el interior.

-¡Entonces ahí vive! -chilló Puchi-Puchi triunfalmente.

La urraca picoteó distraída una corteza del tronco.

-Tal vez, pero no es seguro... Pudo haber trabajado en tiempos en el almacén, o simplemente, toda esa planta se halle abandonada y él la utilice para pasar de una calle transitada a un callejón oscuro... Recuerda, Puchi-Puchi, que los desalmados suelen ser muy hábiles en no dejar rastro...

Puchi-Puchi no le escuchaba ya.

-¿Cual es la calle?

La urraca se lo dijo y acto seguido, cayendo en la cuenta del error que acababa de cometer al darle al dirección, añadió apresuradamente:

-...pero te aconsejo que no se te ocurra ir, por allí abundan los animaluchos de mal vivir y son temibles... Pásale la información a tu amigo Odín, el huskie, o a Laky, el perro lobo, o a Boby, o... en fin, cualquiera de ellos sabrá hacer buen uso del parte... PERO NO SE TE OCURRA IR A TI SOLO, ¿Me has oído bien Puchi-Puchi?... y ahora me marcho, que ya he hablado más de la cuenta por hoy y en mi nido me están esperando los pequeñines para cenar... ¡Chao!

Comenzaba a anochecer, la urraca desplegó sus alas y blandamente voló rumbo a su hogar en donde la familia la aguardaba.

-¡Puchi-Puchi, Puchi-Puchi -llamó una vocecita infantil desde la puerta de una de las casas-, ven a cenar, Puchi-Puchi!...

Puchi-Puchi se arrancó del alelamiento en el que se había sumido momentáneamente y casi estornudó de verdad porque la naricilla se le había quedado helada por las emociones.

-¡Puchi-Puchi! -clamó su amito empezando a inquietarse.

Aquella noche habría luna llena, Puchi-Puchi la descubrió de repente, redonda y brillante como un globo ascendiendo majestuosa, volvió la cabecita en dirección a casa, y por tercera vez escuchó la voz de su joven amo,

-¡Puchi-Puchi, ¿en dónde te has metido?!...

El yorkshire reflexionó profundamente durante medio segundo,  luego sentenció para sí mismo:

- “No es bueno meterse en líos con la barriga vacía”.

Lo primero era lo primero, cenar, y después la aventura le esperaba a el solito; iba a demostrarle al mundo entero de lo que podía ser capaz Puchi-Puchi, ¡faltaría plus!

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____Continuará...

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