24 horas del día... de Junio de 199... y luego muchas más..
 

Copyright dibujo: Estrella Cardona GamioNi que decir tiene que el regreso de Puchi-Puchi sano y salvo, aunque hecho un asco, constituyó la noticia del día en el pueblo. Se dio por radio y por la tele locales, el periódico, que como bien sabéis, era semanal, hizo un tiraje extra hablando del caso con gran riqueza de pormenores, hasta incluyó el parte médico en relación a su salud, después del chequeo que se le hizo a Puchi-Puchi. Por extensión, también se habló de Lindy, era justo, y las fotos de ambos canes conocieron la gloria de ser portada. Incluso la policía tomo cartas en el asunto, pidiendo muestras de Puchi-Puchi, que junto con las de Lindy, servirían para hacer análisis a ver si podían descubrir algo, ya que todo el mundo estaba de acuerdo en una cosa, creían, y nadie se lo había dicho, me refiero a   que Puchi-Puchi no se lo pudo contar según resulta fácil de comprender, que el ladrón de Puchi-Puchi era también el desalmado envenenador.

(Debemos aclarar que los rastros de tierra en el pelaje de Puchi-Puchi no revelaron otra pista que la de confirmar que se trataba de arcilla del pueblo, o sea que el raptor no era de fuera, y los residuos del estómago de Lindy, que a la tragona perrita la habían intentado envenenar como a los demás con una mezcla casera pero mortífera, o sea, que se trataba del mismo individuo, lo cual era mucho, más no suficiente).

-¡Ah, si este simpático can hablara -había llegado a decir hasta el mismo señor alcalde- ,lo que podría contarnos!

Indudablemente.

Transcurrieron dos semanas que sirvieron para que Puchi-Puchi se repusiera por completo de los malos tratos vividos, -desnutrición, estrés, heridas en las patitas-, y en ese mismo espacio de tiempo, el envenenador no dio señales de vida con gran alivio y contento de los habitantes del pueblo.

Unos decían:

-Se debe haber ido.

Otros,

-Le ha entrado miedo, seguro.

Otros,

-No querrá que le descubran.

Otros (que no habían hecho absolutamente nada),

-¡Habrá visto que nos lo hemos tomado en serio!

Y otros,

-Ya era hora que nos dejara tranquilos.

Mientras, los más ingenuos suponían,

-Le deben haber entrado remordimientos.

-Es que lo que hacía era una canallada, ¡pobres animales!

El caso es que como ningún otro animalito apareció envenenado, todos empezaron a confiarse pensando que la pesadilla había concluido. La vigilancia se relajó y comenzaron de nuevo a llevar de paseo al Parque Central a sus perros. La normalidad reinaba otra vez.

PERO EL CRIMINAL ESTABA AL ACECHO...

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Continuará...

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