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horas del día... de Junio de 199... y luego muchas más.. |
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(Debemos aclarar que los rastros
de tierra en el pelaje de Puchi-Puchi no revelaron otra pista que
la de confirmar que se trataba de arcilla del pueblo, o sea que
el raptor no era de fuera, y los residuos del estómago de Lindy,
que a la tragona perrita la habían intentado envenenar como a los
demás con una mezcla casera pero mortífera, o sea, que se trataba
del mismo individuo, lo cual era mucho, más no suficiente). -¡Ah, si este simpático can hablara
-había llegado a decir hasta el mismo señor alcalde- ,lo que podría
contarnos! Indudablemente. Transcurrieron dos semanas que sirvieron
para que Puchi-Puchi se repusiera por completo de los malos tratos
vividos, -desnutrición, estrés, heridas en las patitas-, y en ese
mismo espacio de tiempo, el envenenador no dio señales de vida con
gran alivio y contento de los habitantes del pueblo. Unos decían: -Se debe haber ido. Otros, -Le ha entrado miedo, seguro. Otros, -No querrá que le descubran. Otros (que no habían hecho absolutamente
nada), -¡Habrá visto que nos lo hemos tomado
en serio! Y otros, -Ya era hora que nos dejara tranquilos. Mientras, los más ingenuos suponían, -Le deben haber entrado remordimientos. -Es que lo que hacía era una canallada,
¡pobres animales! El caso es que como ningún otro animalito
apareció envenenado, todos empezaron a confiarse pensando que la
pesadilla había concluido. La vigilancia se relajó y comenzaron
de nuevo a llevar de paseo al Parque Central a sus perros. La normalidad
reinaba otra vez. PERO EL CRIMINAL ESTABA AL ACECHO... |