Después
de desayunar, Copy informó a sus compañeros de jardín de las pesquisas
de la noche anterior y Tigre apareció casi enseguida, aún somnoliento,
para corroborarlo. En ello estaban, relatando y con el solitario
lacito de Puchi-Puchi en medio del círculo de animales, cuando un
estornudo inconfundible se escuchó al otro lado de la tapia. Todos
miraron, desorbitados, en esa dirección y Perla cerró sus grandes
ojos redondos como si se negase a ver una aparición fantasmal, cosa
que los demás pensaban igualmente negándose a admitirlo por simple
y puro miedo. Un diminuto espantajo peludo y sucísimo brotó de improviso
sobre la tapia igual que un títere hace su irrupción en el escenario.
-¡¡¡Es
Puchi-Puchi!!!... -gritaron todos al unísono estupefactos.
-¡Guuuau,
guuuuau, grrr, zi!... -ladró feliz Puchi-Puchi- ¡Zi, zoy yo,
eztoy en caza, he regrezado zano y zalvo!
Y
avanzó contoneándose orgulloso e indescriptible.
Pronto
se vio rodeado por sus amigos que le hicieron numerosas demostraciones
de afecto y un diluvio de preguntas.
-¿Qué
pasó?
-¡Cuéntanos!
-¿Te
raptaron?
-¿Fue
el envenenador?
-¿O
es quizás una banda organizada?
-Tigre
y Copy encontraron ayer tu lacito en el callejón.
-¿Vienes
de muy lejos?
-¿Te
has escapado?
-¿Por
qué estás tan sucio?, parece como si te hubieras revolcado en el
barro... -este comentario se le escapó involuntariamente a Copy.
-Pazo
a pazo, amigoz; conteztaré a todoz, zi me lo permitíz.
Puchi-Puchi,
sumamente halagado ante semejantes muestras de interés, se espachurró
sobre el césped satisfecho y entonces los allí reunidos se dieron
cuenta de que si había hablado un poco ceceante era debido a que
aguantaba entre los dientes, como si de una pipa se tratara, un
trozo de tela de tejano.
-¿Qué
es eso?
-¿A
quién se lo has arrancado?
Puchi-Puchi
lo escupió con desprecio.
-Oledlo
bien, uno por uno y fijad ese olor en vuestra memoria... Pertenece
al pantalón del envenenador, que además, es un ladrón, por que se
me llevó...
La
lulú quiso saber temblando de miedo:
-¿Te
quería matar?
Puchi-Puchi
estornudó dándose importancia.
-Es
una historia muy larga pero procuraré resumirla para no cansaros
demasiado, además, tengo que ir a reunirme con mi amito, el tipo
ese tenía la radio puesta todo el día, y la tele local en las horas
de programación y el muy malvado se regocijaba mucho oyendo a toda
la gente lamentarse y protestar.
-¡Qué
malo!... -exclamó Perla estremeciéndose.
-Si,
muy malo... Pues veréis, amigos, como que me llamo Puchi-Puchi que
nunca había vivido una aventura tan espeluznante... El malhechor
me atrapó en el callejón. Yo me enredé con una cesta...
-Si,
lo sabemos... -interrumpió uno de los cocker spaniel.
-¿Ah,
si?... Bueno, el caso es que me atrapó, forcejeamos, ladré y le
quise morder y el muy bruto me dio un golpe en la cabeza dejándome
sin sentido...
-¡Oh!...
-Si,
eso... Cuando recobré el conocimiento, me encontré con el cuerpo
metido en un bolsa de deporte y la cabeza fuera, pero amordazado
con objeto de que no ladrase... ¡Aún me duele el morrito!
-¡Pobre
Puchi-Puchi!... -se condolió, enternecida, la gata siamesa.
-Tranquila,
ya pasó... Íbamos en un coche a toda velocidad, llovía y aquel energúmeno
de poco atropella a un gato en la huida, yo no le vi pero pude escuchar
el desalmado mientras refunfuñaba: “¡Gatos entrometidos, ojalá os
pudiera matar a todos junto con esos malditos chuchos alborotadores!”
-¡Ese
gato era yo!... -protestó Tigre indignado.
-¿Quieres
creerte que me lo pensé?... En fin, que llegamos a su casa...
-¿Por
qué no te asesinó? -quiso saber la lulú con curiosidad morbosa.
-¡Oh,
cállate! -gruñó el pastor alemán-, deja que Puchi-Puchi cuente su
emocionante aventura.
-Gracias,
compañero... Estaba en lo de que llegamos a su casa, pero era de
noche y yendo en coche, la verdad es que ignoraba en dónde nos hallábamos...
El tipo vive solo, lo cual no es de extrañar dadas sus aficiones,
y de la casa, una planta baja con un jardincito ridículo, sólo conocí
una habitación, el comedor, y luego el sótano... Me sacó de la bolsa
de deporte, atándome corto con una cuerda a la pata de la mesa y
me metió dentro de una caja de zapatos sin tapadera...
-¡Qué
horror!... -gimió la lulú.
-Si,
si mucho horror... Pero yo no tenía miedo, únicamente estaba furioso
y hubiese ladrado hasta desgañitarme de no haber seguido amordazado,
claro que el tipo no era tonto como comprenderéis... Se fue a dormir
y al día siguiente estuvimos juntos escuchando las noticias...
¡Ah,
y a todo esto yo seguía con la mordaza puesta!...
-¡Qué
crueldad!... -exclamó Barín con disgusto.
-Imaginaros...
Cuando se acercó la noche el desalmado había tomado una decisión:
“-¿Sabes,
chucho? -me dijo con fastidio-, mañana te devolveré a tus amos...
¡Ja, ja, ja, sí, encima voy a pasar por benefactor público y todo
serán parabienes!... ¡El salvador del yorkshire perdido!... Igual
hasta me dan una buena gratificación... Yo soy muy astuto, ¿sabes,
célebre Puchi-Puchi?, de esta manera nadie podrá identificarme nunca
con el psicópata ese, así me llama la muy estúpida de tu dueña,
y seguiré cargándome mininos y chuchos cuantas veces quiera en la
mayor impunidad, que es lo mío, lo que a mi me gusta... ¡Ojalá pudiera
limpiar el mundo entero de vuestra sucia presencia!...”
-¡Qué
horror, qué horror!... -gritó la audiencia femenina, gatuna y perruna.
-Entonces
me cogió y me llevó al sótano de su casa, allí me quitó la mordaza,
diciendo, mientras se reía entre dientes:
“-Así,
guapito, que no se te note muy deteriorado cuando te devuelva...
Perdona que no te dé de comer, igual no aceptas mi hospitalidad
creyendo que te voy a envenenar... ¡Jo, jo, jo!... ¡Ah, se me olvidaba,
ya puedes ladrar cuanto quieras, aquí abajo no te va a oír nadie!...”
Yo
estaba hecho una fiera como es de suponer y en cuanto me vi libre
de la mordaza, esperé a que subiera por la escalerilla del sótano,
me había desatado confiando en mi debilidad, y le quise morder un
tobillo, pero sólo enganché un bocado de su tejano y él entonces
de poco va y me chafa de un taconazo, claro que ya me había escurrido
previsoramente bajo la escalera.
“-¡Caricatura
de perro -vociferó mi carcelero-, eres un completo desagradecido,
encima que te he indultado, deberías besar el suelo que piso!”
-¡Es
indignante!. comentó Copy muy afectado.
Los
dos cocker spaniel ladraron al unísono:
-¡Guau,
guau, ¿cómo era ese sujeto?!
-Decid
mejor “es” -corrigió severamente el gran danés-, por ejemplo, su
aspecto físico, alguna característica que ayude a su identificación.
Puchi-Puchi
frunció el ceño, recordando.
-Desagradable,
enorme, gigantesco...
(Aquí
todos los perros de la reunión disimularon una sonrisa. Como Puchi-Puchi
era tan pequeñín, cualquier ser que sobrepasara los 40 centímetros
de altura podía resultarle un gigante).
-...además
se pasaba el día fumando unas tagarninas apestosas y tosía continuamente...
No olvidaré, mientras viva, ni el humo de sus cigarros odiosos ni
aquella tosecilla seca igual que la risa de una hiena de esas que
vemos en los documentales de la tele...
El
huskie dijo impaciente:
-Continúa
con tu historia, Puchi-Puchi.
-Si...
El individuo aquel me abandonó en la oscuridad dando un portazo
brutal que me hizo ir pegando tumbos por el suelo, pero como no
hay mal que por bien no venga, hete aquí que de resultas del
encontronazo fui a dar de morros contra un piso de tierra, primer
descubrimiento, el segundo resultó todavía más importante... Entre
los trastos que inundaban el sótano, cubriéndolo, fui a caer precisamente
al lado mismo de... ¿A qué no lo adivináis?
-¡No...
No... No...! -ladraron y maullaron entre todos muy excitados.
Puchi-Puchi
anunció triunfalmente:
-¡Pues
de un agujero que era la boca de un túnel y ya que olía a topo deduje
que en tiempos aquello había sido obra suya!... El pasadizo también
mostraba rastro de ratas y ratones, lo que me hizo pensar que era
frecuentemente utilizado y que en consecuencia llegaría al exterior,
o sea, al jardín...
-¡Y
te escapaste!... -dijo el perro lobo con los ojos brillantes.
-¡Naturalmente!...
¡Iba yo a permitir que ese malvado les tomara el pelo a mis amos
encima de los sufrimientos que estaba ocasionando!... Tuve que agrandar
el túnel en algunos puntos, pero finalmente conseguí salir... La
puerta del jardín era de esas de barrotes amplios de hierro forjado
y pude escapar tan campante... ¡Libre de nuevo! Lo malo es que ignoraba
en que lugar del pueblo había ido a parar y fui caminando sin rumbo
hasta que dí con el camión de riego nocturno y como iba lento mojando
la calle, salté al estribo y tranquilamente me dejé llevar hasta
que di con un barrio conocido, junto al Parque Central, y desde
entonces, camina que te caminarás, siempre escondiéndome de los
viandantes porque no quería tener un mal encuentro, hasta llegar
aquí...
-Estarás
muerto de agotamiento -dijo compasivamente la gata siamesa.
-Y
de hambre y de sed, aunque agua si que he bebido un poco de la que
caía del camión de riego, pero si queréis que os diga la verdad,
no he empezado a darme cuenta de nada de esto hasta ahora que ya
me encuentro a salvo en mi hogar y entre vosotros, mis buenos y
queridos amigos... ¡No sabéis lo que me alegro de volveros a ver!
Puchi-Puchi
se incorporó dando muestras de una gran fatiga.
-Chicos,
tengo que ir con mi amito, sé lo mal que lo está pasando y...
No
hizo falta, una empleada de hogar que había concluido su trabajo
y salía de la casa de Copy, contigua a la de Puchi-Puchi, extrañada
al ver a tanto animalito congregado en torno a algo, se acercó a
ellos temiendo lo peor.
-¿Qué
hacéis aquí todos, qué es lo que... ? ... ¡¡Puchi-Puchi!!... ¡Ay,
pobrecito mío, y cómo estás, si parece que se te haya caído encima
un saco de tierra!... Ven, chiquitín, que te llevaré a tu casa.
Y
la buena mujer se inclinó recogiendo en sus brazos a un astroso
pero felicísimo Puchi-Puchi.