10 de la mañana del día... de Junio de 199...
 

Copyright dibujo: Estrella Cardona GamioDespués de desayunar, Copy informó a sus compañeros de jardín de las pesquisas de la noche anterior y Tigre apareció casi enseguida, aún somnoliento, para corroborarlo. En ello estaban, relatando y con el solitario lacito de Puchi-Puchi en medio del círculo de animales, cuando un estornudo inconfundible se escuchó al otro lado de la tapia. Todos miraron, desorbitados, en esa dirección y Perla cerró sus grandes ojos redondos como si se negase a ver una aparición fantasmal, cosa que los demás pensaban igualmente negándose a admitirlo por simple y puro miedo. Un diminuto espantajo peludo y sucísimo brotó de improviso sobre la tapia igual que un títere hace su irrupción en el escenario.

-¡¡¡Es Puchi-Puchi!!!... -gritaron todos al unísono estupefactos.

-¡Guuuau, guuuuau, grrr, zi!... -ladró feliz Puchi-Puchi- ¡Zi, zoy yo, eztoy en caza, he regrezado zano y zalvo!

Y avanzó contoneándose orgulloso e indescriptible.

Pronto se vio rodeado por sus amigos que le hicieron numerosas demostraciones de afecto y un diluvio de preguntas.

-¿Qué pasó?

-¡Cuéntanos!

-¿Te raptaron?

-¿Fue el envenenador?

-¿O es quizás una banda organizada?

-Tigre y Copy encontraron ayer tu lacito en el callejón.

-¿Vienes de muy lejos?

-¿Te has escapado?

-¿Por qué estás tan sucio?, parece como si te hubieras revolcado en el barro... -este comentario se le escapó involuntariamente a Copy.

-Pazo a pazo, amigoz; conteztaré a todoz, zi me lo permitíz.

Puchi-Puchi, sumamente halagado ante semejantes muestras de interés, se espachurró sobre el césped satisfecho y entonces los allí reunidos se dieron cuenta de que si había hablado un poco ceceante era debido a que aguantaba entre los dientes, como si de una pipa se tratara, un trozo de tela de tejano.

-¿Qué es eso?

-¿A quién se lo has arrancado?

Puchi-Puchi lo escupió con desprecio.

-Oledlo bien, uno por uno y fijad ese olor en vuestra memoria... Pertenece al pantalón del envenenador, que además, es un ladrón, por que se me llevó...

La lulú quiso saber temblando de miedo:

-¿Te quería matar?

Puchi-Puchi estornudó dándose importancia.

-Es una historia muy larga pero procuraré resumirla para no cansaros demasiado, además, tengo que ir a reunirme con mi amito, el tipo ese tenía la radio puesta todo el día, y la tele local en las horas de programación y el muy malvado se regocijaba mucho oyendo a toda la gente lamentarse y protestar.

-¡Qué malo!... -exclamó Perla estremeciéndose.

-Si, muy malo... Pues veréis, amigos, como que me llamo Puchi-Puchi que nunca había vivido una aventura tan espeluznante... El malhechor me atrapó en el callejón. Yo me enredé con una cesta...

-Si, lo sabemos... -interrumpió uno de los cocker spaniel.

-¿Ah, si?... Bueno, el caso es que me atrapó, forcejeamos, ladré y le quise morder y el muy bruto me dio un golpe en la cabeza dejándome sin sentido...

-¡Oh!...

-Si, eso... Cuando recobré el conocimiento, me encontré con el cuerpo metido en un bolsa de deporte y la cabeza fuera, pero amordazado con objeto de que no ladrase... ¡Aún me duele el morrito!

-¡Pobre Puchi-Puchi!... -se condolió, enternecida, la gata siamesa.

-Tranquila, ya pasó... Íbamos en un coche a toda velocidad, llovía y aquel energúmeno de poco atropella a un gato en la huida, yo no le vi pero pude escuchar el desalmado mientras refunfuñaba: “¡Gatos entrometidos, ojalá os pudiera matar a todos junto con esos malditos chuchos alborotadores!”

-¡Ese gato era yo!... -protestó Tigre indignado.

-¿Quieres creerte que me lo pensé?... En fin, que llegamos a su casa...

-¿Por qué no te asesinó? -quiso saber la lulú con curiosidad morbosa.

-¡Oh, cállate! -gruñó el pastor alemán-, deja que Puchi-Puchi cuente su emocionante aventura.

-Gracias, compañero... Estaba en lo de que llegamos a su casa, pero era de noche y yendo en coche, la verdad es que ignoraba en dónde nos hallábamos... El tipo vive solo, lo cual no es de extrañar dadas sus aficiones, y de la casa, una planta baja con un jardincito ridículo, sólo conocí una habitación, el comedor, y luego el sótano... Me sacó de la bolsa de deporte, atándome corto con una cuerda a la pata de la mesa y me metió dentro de una caja de zapatos sin tapadera...

-¡Qué horror!... -gimió la lulú.

-Si, si mucho horror... Pero yo no tenía miedo, únicamente estaba furioso y hubiese ladrado hasta desgañitarme de no haber seguido amordazado, claro que el tipo no era tonto como comprenderéis... Se fue a dormir y al día siguiente estuvimos juntos escuchando las noticias...

¡Ah, y a todo esto yo seguía con la mordaza puesta!...

-¡Qué crueldad!... -exclamó Barín con disgusto.

-Imaginaros... Cuando se acercó la noche el desalmado había tomado una decisión:

“-¿Sabes, chucho? -me dijo con fastidio-, mañana te devolveré a tus amos... ¡Ja, ja, ja, sí, encima voy a pasar por benefactor público y todo serán parabienes!... ¡El salvador del yorkshire perdido!... Igual hasta me dan una buena gratificación... Yo soy muy astuto, ¿sabes, célebre Puchi-Puchi?, de esta manera nadie podrá identificarme nunca con el psicópata ese, así me llama la muy estúpida de tu dueña, y seguiré cargándome mininos y chuchos cuantas veces quiera en la mayor impunidad, que es lo mío, lo que a mi me gusta... ¡Ojalá pudiera limpiar el mundo entero de vuestra sucia presencia!...”

-¡Qué horror, qué horror!... -gritó la audiencia femenina, gatuna y perruna.

-Entonces me cogió y me llevó al sótano de su casa, allí me quitó la mordaza, diciendo, mientras se reía entre dientes:

“-Así, guapito, que no se te note muy deteriorado cuando te devuelva... Perdona que no te dé de comer, igual no aceptas mi hospitalidad creyendo que te voy a envenenar... ¡Jo, jo, jo!... ¡Ah, se me olvidaba, ya puedes ladrar cuanto quieras, aquí abajo no te va a oír nadie!...”

Yo estaba hecho una fiera como es de suponer y en cuanto me vi libre de la mordaza, esperé a que subiera por la escalerilla del sótano, me había desatado confiando en mi debilidad, y le quise morder un tobillo, pero sólo enganché un bocado de su tejano y él entonces de poco va y me chafa de un taconazo, claro que ya me había escurrido previsoramente bajo la escalera.

“-¡Caricatura de perro -vociferó mi carcelero-, eres un completo desagradecido, encima que te he indultado, deberías besar el suelo que piso!”

-¡Es indignante!. comentó Copy muy afectado.

Los dos cocker spaniel ladraron al unísono:

-¡Guau, guau, ¿cómo era ese sujeto?!

-Decid mejor “es” -corrigió severamente el gran danés-, por ejemplo, su aspecto físico, alguna característica que ayude a su identificación.

Puchi-Puchi frunció el ceño, recordando.

-Desagradable, enorme, gigantesco...

(Aquí todos los perros de la reunión disimularon una sonrisa. Como Puchi-Puchi era tan pequeñín, cualquier ser que sobrepasara los 40 centímetros de altura podía resultarle un gigante).

-...además se pasaba el día fumando unas tagarninas apestosas y tosía continuamente... No olvidaré, mientras viva, ni el humo de sus cigarros odiosos ni aquella tosecilla seca igual que la risa de una hiena de esas que vemos en los documentales de la tele...

El huskie dijo impaciente:

-Continúa con tu historia, Puchi-Puchi.

-Si... El individuo aquel me abandonó en la oscuridad dando un portazo brutal que me hizo ir pegando tumbos por el suelo, pero como no hay mal que por  bien no venga, hete aquí que de resultas del encontronazo fui a dar de morros contra un piso de tierra, primer descubrimiento, el segundo resultó todavía más importante... Entre los trastos que inundaban el sótano, cubriéndolo, fui a caer precisamente al lado mismo de... ¿A qué no lo adivináis?

-¡No... No... No...! -ladraron y maullaron entre todos muy excitados.

Puchi-Puchi anunció triunfalmente:

-¡Pues de un agujero que era la boca de un túnel y ya que olía a topo deduje que en tiempos aquello había sido obra suya!... El pasadizo también mostraba rastro de ratas y ratones, lo que me hizo pensar que era frecuentemente utilizado y que en consecuencia llegaría al exterior, o sea, al jardín...

-¡Y te escapaste!... -dijo el perro lobo con los ojos brillantes.

-¡Naturalmente!... ¡Iba yo a permitir que ese malvado les tomara el pelo a mis amos encima de los sufrimientos que estaba ocasionando!... Tuve que agrandar el túnel en algunos puntos, pero finalmente conseguí salir... La puerta del jardín era de esas de barrotes amplios de hierro forjado y pude escapar tan campante... ¡Libre de nuevo! Lo malo es que ignoraba en que lugar del pueblo había ido a parar y fui caminando sin rumbo hasta que dí con el camión de riego nocturno y como iba lento mojando la calle, salté al estribo y tranquilamente me dejé llevar hasta que di con un barrio conocido, junto al Parque Central, y desde entonces, camina que te caminarás, siempre escondiéndome de los viandantes porque no quería tener un mal encuentro, hasta llegar aquí...

-Estarás muerto de agotamiento -dijo compasivamente la gata siamesa.

-Y de hambre y de sed, aunque agua si que he bebido un poco de la que caía del camión de riego, pero si queréis que os diga la verdad, no he empezado a darme cuenta de nada de esto hasta ahora que ya me encuentro a salvo en mi hogar y entre vosotros, mis buenos y queridos amigos... ¡No sabéis lo que me alegro de volveros a ver!

Puchi-Puchi se incorporó dando muestras de una gran fatiga.

-Chicos, tengo que ir con mi amito, sé lo mal que lo está pasando y...

No hizo falta, una empleada de hogar que había concluido su trabajo y salía de la casa de Copy, contigua a la de Puchi-Puchi, extrañada al ver a tanto animalito congregado en torno a algo, se acercó a ellos temiendo lo peor.

-¿Qué hacéis aquí todos, qué es lo que... ? ... ¡¡Puchi-Puchi!!... ¡Ay, pobrecito mío, y cómo estás, si parece que se te haya caído encima un saco de tierra!... Ven, chiquitín, que te llevaré a tu casa.

Y la buena mujer se inclinó recogiendo en sus brazos a un astroso pero felicísimo Puchi-Puchi.

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__Continuará...

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