| 2. EL BÚHO ENCANTADO (3) | |||
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Me llenó de alegría el escucharla. -La entregarás tú personalmente. -No te regalaré ningún deseo. -No me regalarás ningún deseo. -Nunca dirás que la idea fue tuya. -Nunca diré que la idea fue mía. -Voy a buscarla. Yo no cabía en mí de felicidad. Las hadas, a las que me sentía tan unido después de mi encuentro con Falena, moraban aún entre nosotros y yo iba a ayudarlas, eso era algo más de lo que un periquito azul del amor, y por añadidura australiano, podía esperar en todos los días de su vida, y de verás que no me importaba que los laureles se los llevase Lilí, la cuestión era restituir la estrella a su legítima dueña. -¡Miau! El maullido de sorpresa de Lilí me arrancó de mis gozosas meditaciones, ¿qué le sucedía ahora a aquella gata? Lilí entró corriendo en el mirador con aspecto de aturdimiento. -¡No está! -¿El qué no está? –pregunte tontamente porque ya sabía de sobras a lo que estaba refiriéndome. -¡La estrella! -¿Cómo que no esta, es que se ha volatilizado? -Si. -¡Lilí, no me tomes el pelo, déjate de embustes y saca la estrella de dónde la tengas metida! -Te prometo que no te engaño, la escondí debajo de la colchoneta de mi cestito y allí no está. Respiré profundamente en un vano intento de calmarme. -No perdamos la cabeza, tranquilidad... haz memoria, ¿y si la has sacado en cualquier momento cambiándola de sitio? A veces eres muy despistada Lilí, ¿te acuerdas cuando perdiste aquel ratón de trapo que te regalaron por uno de tus aniversarios?, luego lo encontraron metido detrás del televisor. -¡Ay, calla ya de hablar de ratones, esto es muy serio, desde que la guardé no la había vuelto a mirar hasta esta tarde en que se la enseñé a Negri para demostrarle que aún la tenía, y después no... ! -¡¡¡Negri!!! –chillé yo. -Sí, Negri, ¿se puede saber por qué gritas de esa manera? -Per... pero, pero, Lilí, ¿es qué no te das cuenta? -¿De qué? -¡Pues de que Negri se la ha llevado, so tonta! Lilí pareció caer del limbo. -¡Ah, claro! –dijo tan tranquila-, ahora lo entiendo. Después de todo lo que ha pasado esta tarde, por causa tuya, Negri debe haber vuelto y se la ha llevado para devolverla. Yo estaba histérico. -¿A quién? -¿A quién va a ser? Al firmamento, como tú habías dicho. -¡Lilí, Lilí, no seas tan obtusa! Negri quería devolverla menos que tú, ¿o es que crees que no me di cuenta? Y tú ahí tan tranquila sin enfadarte con lo quisquillosa que eres. -Es que no te entiendo. -¡No me entiendes, no me entiendes! –farfullé-. Si tu precioso Negri se lleva la estrella tú tan contenta. ¿Pero es que no ves algo que está tan claro como la luz del día? ¿No se te ha ocurrido pensar ni por un momento que Negri, el bueno, el cariñoso, el educado de Negri, pueda ser un esbirro del mago Glagól, su enviado, su mensajero? Él pudo robar la estrella y después te la “regala” a ti, porque mejor escondrijo que esta casa no ha podido encontrar mientras las hadas la buscan... Durante unos instantes reinó un silencio glacial en el mirador, los ojos de Lilí, reflejando la claridad de la luna, recordaban dos focos. Un segundo más tarde Lilí estalló. -¡Mira que llegas a ser ridículo en ocasiones con tus obsesiones idiotas, Petrusky, Negri utilizándome como encubridora, ni que fuese boba y luego, si Negri fuera un esbirro de Glagól, no se llamaría Negri sino que tendría un nombre rimbombante, como cuadra al acólito de un brujo, por ejemplo, por ejemplo... Pues Mirambielius, no precisamente Negri, que suena a muy casero! (Curiosa la lógica de los gatos). -No seas tan simple, el nombre es lo de menos, si de verdad fuese Mirambelius, podría disimular bajo la identidad d Negri como alias... Los espías nunca van anunciándose por ahí. -¡Negri no es ningún espía! A mí la cabeza me daba más vueltas que un ventilador. -Está bien, está bien, no es ningún espía, es un ángel bajado del cielo para alegrarnos la existencia, ¡aleluya! Y ahora en serio, si Negri no es el mandado de Glagól, y se ha llevado la estrella, hay que contactar con él inmediatamente. No es cuestión de ir tirando por cualquier lado algo tan valioso para que s pierda otra vez o lo encuentre ese mago codicioso y pérfido. -¿Y no se te ha ocurrido pensar –dijo Lilí combativa-, que tu querido búho Farfor, sea en realidad el mago Glagól disfrazado?... Puestos a imaginar cosas raras... ¡Tate, pues es verdad, a Lilí no le faltaba razón! -Hombre, no creo. -¡No crees, no crees!... Acusas tú con mucha rapidez a los demás sin pararte a reflexionar. Me defendí: -Bueno, si lo es, tampoco le he dicho nada... Sólo tú, Negri y yo lo sabemos. -Por lo que veo, ahora Negri no es tan culpable. -Lilí, por favor, olvidemos las rencillas y ocupémonos de lo que en realidad interesa, hay que ir a buscar a Negri y recobrar la estrella para las hadas. Lilí dio un respingo. -Supongo que no pretenderás que, a estas horitas, me vaya yo a buscarle por el bosque. -No era esa mi intención. -¿Entonces, qué? -Si aquí hay que hacer algo, eso me corresponde a mí. -¡Faltaría más, Sir Petrusky del Lago! La miré de reojo. -Algún día me habrás de explicar eso. Ella pareció divertida. -Algún día. Me acerqué a la puertecita de mi pajarera. -Lilí, haz el favor de abrirla y dime cuál es la dirección de la granja en donde vive Negri. -¿Es qué piensas ir ya? -El tiempo apremia, Lilí. Ella se irguió sobre sus patas traseras y de pie, hurgó con las uñitas en el pestillo de la puerta hasta descorrerlo y yo volé entonces situándome encima de mi pajarera. -¡Deprisa, dime donde vive! -Durante 40 aleteos vuela en dirección a la luna, luego tuerce hacía la izquierda y marcha en línea recta hasta llegar a un pino muy alto, el más alto del bosque, desde su cima divisarás unos campos segados y en medio una granja, esa es. Me dirigí a la ventana en cuyo alféizar me posé. -Deséame suerte, Lilí. Lilí me tiró un besito desde el suelo. -Que llegues a buen puerto, marinero... ¡Ah, y acuérdate de que quiero ser yo quien entregue la estrella a la Reina de las Hadas! Repentinamente me sentí muy emocionado, de nuevo estaba fuera de mi jaula y ante mí esperaba la aventura. -Procuraré regresar antes de que amanezca –dije con voz temblorosa. ¿Intuía ya que iba a tardar mucho en regresar a mi hogar?, no, pero supongo que vagamente lo veía venir. -¡Hasta luego! –me despedí mientras Lilí agitaba su rabito en señal de adiós. Desplegué las alas, respiré hondo y audazmente me lancé al vacío.
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