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14. EL PRECIO DE LA FAMA (3) |
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De repente alguien vociferó desde las ramas del árbol que daba a la ventana: -¡Aprovecha ya, saca las fotos, aprovecha que están los gatos también! -Pero la gata permanece en el salón. ¡Ojalá pudiéramos fotografiarla con el perico! Y dos periodistas gráficos, con riesgo de romperse la crisma, empezaron a ametrallar con sus flashes. -¡Marramiau! –maulló Negri con fastidio y los chiquitines mayaron también más de excitación que de miedo, pero a un maullido imperioso de su padre, los tres escaparon prestamente con él, por una gaterita abierta en la puerta del cuarto. (Más adelante me percataría de que toda la casa estaba llena de gateras de esa clase): -¡Lástima que a este bicho no se le pueda entrevistar! -¡Sí, hombre, ya sólo faltaría! -¡Oye, que el árbol empieza a crujir! -¡Saltemos! ¡CATACROK, PLOFF! -¡Ay, uy, ay! ¡Uy, ay, uy! -Bueno –me dije para mis adentros-, les está muy bien empleado por entrometidos. Pude escuchar un gran revuelo en el jardín y luego los sonidos se alejaron. ¡ya era hora, por fin tranquilidad! La gaterita volvió a abrirse sigilosamente y yo me giré con recelo. -Hola Petrusky. -¡Lilí! Una Lilí guapísima, con un gran lazo azul en el cuello, me saludó con el empaque regio de toda una señora de la casa. Yo empecé a dar botes en la jaula. -¡Lilí, ¿qué pasa?, ¿qué significa todo esto?, y no me estoy refiriendo al premio de mamá! Lilí se sentó cómodamente delante de mí. -Me sentía muy mal cuando te fuiste y Negri fue tan amable que se trasladó aquí para hacerme compañía... A todos les pareció bien... En eso entró Negri, quien, sentándose al lado de Lilí, continúo amablemente: -Ya le dije, en su día, señor Petrusky, que pensaba establecerme y fundar una familia... Y hete aquí que ya la tenemos, y bonita, ¿verdad? -Pero Lilí, ¿qué ha sido de tus poderes mágicos? –chillé angustiado. Lilí empezó a lamerse la patita con parsimonia, luego repuso: -Al crecer los perdí, por eso le pedí a Laurisilva tres deseos, uno fue para ayudarte a ti en el caso de Amarilis, después de todo yo te había metido en esos líos, el otro fue para que la familia se viera alegrada con mis tres gatitos y el tercero para que tú regresases y fuésemos por siempre felices todos juntos... -¡Lilí! No puedo negarlo, soy un terrible sentimental. Más derretido que la cera le dije a Lilí: -Tienes unos hijitos monísimos. Lilí tuvo un gesto de preocupación nuevo en ella. -Malísimos, dirás mejor, son de lo más requetetravieso. -Bueno –resumí yo con ironía-, eso no me viene de nuevo.
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