14. EL PRECIO DE LA FAMA (2)


De debajo del sillón, salieron tres gatitos, uno negro, uno blanco y pardo reflejo de una Lilí en miniatura, y el otro mitad negro y mitad blanco, y los tres, dando muestras de una gran desenvoltura, se acercaron a mi jaula, sentándose en hilera delante de mí. Yo les contemplaba como el que ve visiones y entonces, un maullido adulto se oyó en el alfeizar de la ventana, que estaba abierta y daba a las ramas de un árbol cercano. Me volví y la guinda para coronar el pastel estaba allí en forma de viejo conocido.

-¡Señor Petrusky –dijo Negri obsequiosamente-, tanto de bueno de verle nuevamente en esta su casa!

-¿Qué... qué... qué es... “esto”?

-¿Esto, ser refiere usted a los niños, tal vez?

-¿Qué niños?

-Bueno, modismos humanos, quise decir los tres cachorritos.

-Sí, eso mismo, los tres gatitos.

-Permítame que se los presente: el negrito es Pici, la blanca y parda se llama Lilita y el negro y blanco... Ejém, en honor suyo, señor Petrusky, le llamamos Petru, ¿qué le parece?

¿Qué me iba a parecer?; casi me da un síncope de la impresión.

No habían transcurrido cuatro meses, habían pasado milenios desde que me fuera, ya nada era igual, todo había cambiado...

Los tres gatitos me miraban en silencio con una expresión juguetona en sus ojitos azules, los tres movían de un lado a otro su rabito nerviosamente, los tres parecían dispuestos a tomar por asalto mi pajarera a poco que yo me distrajese.

-¿Y Lilí? –pregunté con desmayo.

-Abajo, señor Petrusky, atendiendo a la prensa... Ahora usted y ella son muy famosos... Menos mal que ha comparecido usted tan a punto ara disfrutar de las mieles del éxito... ¿Sabe? –me dijo confidencialmente-, resulta que el cuento de Mamá –se me pusieron las plumas de punta al escuchar semejantes confianzas-, va a ser llevado al cine en un largometraje de dibujos animados, ¿no le parece maravilloso, señor Petrusky?

Continuará...

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