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14. EL PRECIO DE LA FAMA (1) |
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Volé muy alto y con el rumbo no muy claro porque
me hallaba embargado por la emoción, y a poco me tropecé con un globito
de esos que tienen cara de bicho gracioso y que se regalan a los niños
por su cumpleaños o se les compra en el parque cuando la familia sale
de paseo.
-¡Hola! –me saludó el risueño globo. -¡Hola! –respondí yo educadamente. -¿Puedo llevarte a algún sitio?... No me sujetaron bien y salí volando. -¿En qué dirección vas? -Creo que a las estrellas. Emití un silbido. -¡Fiiiiiiu!... Demasiado años luz para mí, yo me voy a mi casa que ya está bien. Hace la tira que falto, ¿sabes? -Siento no poder ayudarte, ¿está cerca tu casa? -¡Qué va, muy lejos! -Entonces te cansarás mucho. Iba a replicarle que si, pero, por suerte, la memoria me sirvió de algo. -Relativamente, sé cantar. -¿Cantar? –se extrañó el globito. -Sí, cantar, fíjate bien, escucha y mira. En así diciendo, empecé una nueva canción y tal vez cerré los ojos al hacerlo, porque al abrirlos ya no había globito ni mar debajo de mí. Volaba por encima de un bosque que me resultaba muy familiar, y en ese bosque, el humo de una chimenea delataba que allí abajo había una casa, mi propia casa, ¡mi hogar! Nuevamente pensé: ¿lo habré soñado todo?; nada parecía haber cambiado, las cosas seguían iguales, ¿iguales?... Descendí con el corazón latiéndome alborozado, mas un inesperado factor vino a congelar la alegría del reencuentro. El jardín estaba lleno de gentes que hablaban a grito e iban y venían entre cables, cámaras de televisión y focos. De pronto escuché como una de esas atareadas personas, decía a voz en cuello: -¡Señora, señora!... ¿No dijo usted que era azul el bicho que se les escapó hace 4 meses? ¿Bicho?...¿Cuatro meses? Por la abierta puerta del mirador, salieron tres figuras en tromba: Papá, Mamá y la Niña. -¡Petrusky! -¡Petrusky! -¡Petrusky! Y los extraños: -¡Cámara 3, fílmales a ellos! -¡Cámara 2, encuadra al perico! ¡Perico! -¡Cámara 1, recoge el momento del encuentro! Mamá gritó muy alterada: -¡Por favor, no le asusten que puede volverse a escapar! Oportuna exclamación, porque a punto estaba yo de salir pitando. -¡Petrusky, caríñin!... –dijo la Niña alzando sus manos hacia mí. Me refugié en ellas francamente aterrorizado, ¿qué diablos estaba sucediendo? Por fortuna la Niña me cubrió con sus deditos, de lo contrario no sé si lo hubiera podido resistir, pero escuché muy desconcertado: -Bueno, señora, ¡estará usted contenta con la vuelta del prófugo! -¡También ha sido casualidad que el perico regresara hoy! -¡Mañana completa, ¿eh?! -¡Por favor, por favor, unas palabras para radio Decibelio “siempre en el perihelio”!... ¿Qué significa para usted que el protagonista de su cuento EL GATO CON GAFAS, aparezca hoy aquí, en el momento en que acaban de otorgarle el premio Internacional de literatura infantil PULGARCITO EN EL BOSQUE? ¡Conque lo había conseguido!... ¡El cuento presentado por Mamá a ese concurso tan famoso, resultó ganador! -No hay palabras para expresar lo dichosa que me siento por el regreso de Petrusky, con él en casa el premio resulta perfecto. -¡Señora, permita que filmemos al pájaro! Papá intervino con amabilidad pero firme. -Comprendan que el animalito está muy asustado, será mejor que lo metamos en su pajarera y le dejemos tranquilo. -¿Y una foto nada más? ¡Piensen que saldrá en la portada de la revista BUENOS DÍAS TENGA USTED y ser portada de BUENOS DÍAS etc., equivale a la popularidad más absoluta, ustedes no lo ignoran! La Niña se escurrió entre los mayores y metiéndose velozmente en el interior de la casa, me puso a buen recaudo en mi querida pajarera, que, por cierto, no estaba en el mirador sino en el piso de arriba, en una salita de estar. La Niña salió cerrando con llave. Suspiré tranquilo, allí nadie me podía molestar. Sosegué entonces mi animado corazón, bebí unos sorbitos de agua –mis previsores amos no habían dejado de abastecer la pajarera en tan larga ausencia-, y me disponía a relajarme cuando un maullidito que brotaba de detrás de un sillón, hizo que me girase en redondo, y, ¿sabéis lo que vi?... ¡Pues lo que nunca me hubiese imaginado que podía verse en mi casa!
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