| 6. EN DONDE CONOZCO A BAM Y TAM Y AL PERRO DE LAS NIEVES (2) | |||
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Penetró nervioso e impaciente en el callejón y se quedó plantado en su entrada con las cuatro patas firmemente clavadas en el suelo. Olfateaba tenso el aire y moviendo la cabeza acabó por descubrirme. -¡Guau! –ladró amistosamente-¡Guau, guau! ¿Qué hace un periquito como tú en un lugar cómo éste? Yo descendí de la ventana planeando. -Es una historia muy larga que contar. Y tú, ¿es qué te has perdido o te han abandonado?; tampoco es normal que un perro de tu categoría ande suelto por estos andurriales. El huskie se sentó sobre sus cuartos traseros agitando levemente la punta de la cola, mientras las siniestras ratas que se habían escondido de prisa y corriendo cuando él apareció, empezaron a agitarse en sus guaridas cautelosamente, pero el huskie, y eso que movía las orejas en dirección suya, no dio la impresión de inquietarse. -Ni perdido ni abandonado –repuso con orgullo-. Vuelvo al Gran Norte de donde procedo. Mi amo me adquirió de cachorro, comprendiendo después que no está bien retener a un animal en un habitat que no es el suyo, porque a mí, como buen perro de las nieves, el calor me agobia y me hace sentir desgraciado. Yo he nacido para el frío y el retozar en la extensión blanca de los hielos, para aullarle a la aurora boreal y al sol de media noche, para tirar de los trineos y correr mil aventuras con mis compañeros de raza. Mi amo, que es muy inteligente, lo comprendió y hace unos días me dio la libertad, y por eso he venido a la costa, para enrolarme en un barco que me lleve al Gran Norte. Yo estaba muy impresionado. -¿Y por dónde cae el gran Norte ese? El huskie contestó con leve impaciencia: -Allá lejos, en el confín de la Tierra, en el Polo. -¡Brrr, que frío! -A mí me gusta, es mi vida. ¡Qué gustos más raros tienen algunos! El huskie pareció leer mis pensamientos. -No es tan mala vida como te pueda parecer. En marzo, y aún faltan muchos meses, en Alaska, en la ciudad de Anchorage, tiene lugar la carrera más dura de todas las de competición, la Iditarod, ¿no te suena?-no me sonaba en absoluto-. En ella compiten por lo menos un centenar de trineos que arrastran perros como yo...¡Y es una carrera gloriosa! –los ojos le brillaban de entusiasmo- Se cruza Alaska entera bajo ventiscas y temperaturas de unos 45 bajo cero... ¿Puedes imaginar que se recorren más de 1688 kilómetros de territorio helado y prácticamente desierto hasta alcanzar la meta y con ella el triunfo? No me lo imaginaba, mejor dicho, no quería ni imaginármelo. -¡Eso es vida, muchacho! –gruñó jubiloso el huskie- Y te diré una cosa, si no fuese por estas carreras, hace tiempo que habrá desaparecido la raza de perros árticos a la que pertenezco. -¿Por qué? -Es muy sencillo, para las carreras se necesitan perros y por ese motivo existen granjas especialmente destinadas a su crianza y adiestramiento. Yo –dijo con legítima satisfacción-, desciendo de los antiguos perros de los indios y de los esquimales y entre mis antepasados está Walto que sirvió de perro guía en una legendaria expedición que consistió en llevar desde la ciudad de Nenana hasta la de Nona, el suero que cortaría una terrible epidemia de difteria... Muy impresionado, pero no queriendo dejarme achicar, exclamé: -Yo soy un periquito azul australiano, mis antepasados vienen de allí. El huskie abrió la boca en una amplia sonrisa. -Mira por donde los dos procedemos de lejanas tierras. ¡Ah, si supieras las ganas que tengo de regresar! -¿Y te enrolarás en un barco, es fácil hacerlo? -Depende, pero si eres listo y te las ingenias, puedes caerle bien al capitán del navío y entonces tendrás un rincón para dormir y un pedazo de carne salada y galletas para comer, a cambio estoy dispuesto a trabajar e lo que sea, como vigía, limpiando de ratas el barco, cualquier cosa, que a mí no se me caen los anillos por trabajar. Me sentía fascinado, aquel joven can impetuoso, rebosaba entusiasmo y espíritu de lucha, algo que a mí me hacía mucha falta en los momentos que me tocaba vivir. -Antes has dicho que tu historia es larga de contar, ¿puedo conocerla? Lo que conlleva la vida aventurera, es que entras en contacto con mucha gente, todos te cuentan sus vicisitudes y tú a la recíproca les explicas tus batallitas, y eso resulta interesante y muy instructivo. -Verás, voy buscando a cierto lince gris que está en posesión de un secreto de mucha importancia y del que depende la libertad de una doncella encantada. -¡No me digas! -¿Qué no te diga el qué? El huskie se levantó de un salto. -¡Pues que yo he visto a ese lince tuyo! -¡No me digas! –chillé yo a mi vez como un eco. -Si te digo... Y no hace mucho, a lo sumo media hora... Iba yo por un callejón parecido a este, sólo que con salida, y de repente, hete aquí que se me aparece un enorme lince gris y como no es normal que los linces frecuenten las ciudades ni por equivocación, supuse que algo no marchaba bien... Podía haberse escapado de alguna jaula y hacer daño a alguien en su fuga, así es que me planté delante suyo y le espeté: -¿De dónde vienes y adónde vas? -Eso a ti no te importa –me respondió él más fastidiado que verdaderamente asustado-, aparta y déjame seguir mi camino que yo no me meto en líos contigo, fiel amigo del hombre. Esto último lo soltó con mucho retintín, lo cual me hizo sentir molesto, de modo que gruñí, enseñándole los dientes y me dispuse a saltar sobre él para darle una lección por insolente, y abalanzándome estaba, cuando, para mi asombro, el lince pareció como desperezarse y se convirtió en una persona, un individuo alto, de pelo hirsuto, malencarado y envuelto en una amplia capa hecha con pieles de lince gris. Yo sentí que se me secaba la garganta. -¡Era él! -¿Ese es el lince que buscas? -¡Sí, sí, es ese!... Vaya, creo, supongo que lo es... ¡El tal lince es un mago o el criado de un mago terrible!... -¿Qué más aconteció?, cuéntame. -Qué yo me quedé pasmado frente al lince humano, ¡luego dirán del Hombre Lobo!, nunca había visto una cosa tan rara en mi vida, y él entonces se echó a reír en mis hocicos. -Esto no te lo esperabas, ¿eh, fiel amigo del hombre?... ¡Anda y lárgate chucho de la nieves y procura por ti y tus asuntos y no le busques tres pies al gato que sólo tiene cuatro!... ¡Ja, ja, ja, ja! Yo me había quedado tan sorprendido que no pude ni reaccionar ante su sarcasmo. El sujeto se embozó en la capa de lince apretando el paso, y a mí se me escapó un ladrido involuntario, cosa que le hizo volverse con cierto recelo. -Desde luego, ¡mira que los perros sois pesados! ¿Qué, me vas a seguir?; peor para ti, no creo que en EL TESORO Y EL COFRE te dejen entrar a tomarte una copas de aguardiente, si asomas el morro te sacarán a puntapiés, eso te lo juro. Yo estaba muy excitado escuchando tales noticias. -¿Qué es EL TESORO Y EL COFRE? -Imagino que una taberna portuaria o algo parecido. Me puse a dar brincos de alegría. -¡Eso, eso, EL TESORO Y EL COFRE es el lugar de la reunión!... ¡Tengo que ir allí de la forma que sea, el lince, perdón, el esbirro, tiene que estar hablando ya con el mago... y yo debo estar presente en esa cita! El huskie se quedó pensativo un instante, luego exclamó animado: -¡Súbete a mi lomo, vamos a buscar esa taberna!
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