| 5. EL MAGO COSMOGÓNICO (2) | |||
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-De
acuerdo. Me lo dijeron unas golondrinas que deben tener el nido cerca
de aquí.
El mago Cosmogónico puso cara de hacer memoria. -¡Ah, sí, es cierto, certísimo!, en el alero de enfrente hay varios nidos... Nunca hubiera supuesto que fuesen tan observadoras... ¿Y dices que te han dicho que soy un mago famoso?, ¡estupendo, al menos hay alguien que lo reconoce! Parecía muy halagado, pero yo me estaba impacientando. -¿Me puede usted ayudar? -No, amiguito, sinceramente, creo que no... Al menos –exclamó precipitadamente al apreciar como yo torcía el gesto-, en lo que a magia se refiere. -¿Entonces, cómo? -Verás, soy inventor, ya lo sabes, y eso si que lo domino bien... Aquí –hizo un gesto teatral con la mano señalándomela-, tengo un proyecto de Máquina del Tiempo, en el que estaba trabajando cuando has aparecido... Mira, mira. Se hizo a un lado y me mostró con orgullo de constructor una especie de estrambótico artilugio que más comunicaba la sensación de ser una lavadora automática que otra cosa. -Sí, veo por tu expresión lo que estás pensando. Recuerda una lavadora porque “es” una lavadora, la carcasa es inconfundible, lo de dentro ya no, en absoluto. De todas formas la iba a probar otra vez cuando has venido. Observé al inventor de reojo y con desconfianza. -¿Y las burbujas? El mago Cosmogónico hizo un gesto que restaba importancia al hecho. -Quedaba algo de detergente todavía. ¿Algo?, ¡si aquello parecía la invasión de los ultra cuerpos! Disimuladamente empecé a retroceder hacia la ventana. -Señor mago, ¿ha realizado ya algún experimento con esa máquina? -En efecto, puse una semilla de trigo, la envié al futuro y regresó convertida en espiga, luego la devolví al pasado y de nuevo retornó como grano de trigo. Lo que se dice todo un éxito, ¿no te estás de acuerdo? Sonó el telefonillo de la puerta y el mago Cosmogónico se dio una palmada en la frente. -¡Anda, si lo había olvidado, la bruja Marabina me viene a buscar para nuestro programa de radio! Yo no entendía nada de nada. -¿La bruja Marabina, programa de radio?... ¡Ay, mago Cosmogónico que me estoy liando! El pobre mago se abalanzó sobre el telefonillo. -¡Sí, sí, ahora mismo bajo! –se puso a buscar acto seguido una chaqueta mientras comenzaba a quitarse a estirones su flamante túnica-. ¿Qué es lo que no entiendes, periquito, que tenga por amiga a una colega y que vayamos a hacer juntos un programa de radio? ¡Por favor!, vivimos en pleno siglo XX, a un paso del siglo XXI! No es anormal hablar por radio –concluyó bondadosamente como si yo fuese un periquito palurdo. -¿Pero no aseguraba hace un momento que mantenía oculta su doble personalidad por si acaso, que no deseaba que la gente se le riera o le señalara con el dedo por ser un inventor que oficia de mago en sus ratos libres? El mago Cosmogónico había encontrado la chaqueta y se la estaba colocando sin acordarse todavía de que aún llevaba encima de la cabeza el cucurucho de hechicero. -Claro, claro, y, es verdad de la verdadera, por eso empleo este seudónimo, así nadie me reconoce. -¿Y la bruja Marabina qué es, un sabio atómico? Creo que ni me escuchó, estaba tan atareado cogiendo de una estantería un pequeño libro de tapas marrones, que su respuesta sonó un poco incoherente: -Tiene un coche algo antiguo y no puede estar aparcada mucho rato porque sino se le cala el motor. Yo ironicé malintencionado: -¿No viene en su escoba? ¡Qué lástima, a lo que parece, las tradiciones se pierden! El mago Cosmogónico desenchufó la lavadora. De repente, le habían entrado las prisas y daba la sensación de estar muy nervioso. Desfasadamente me dijo: -No es sabio atómico, trabaja como delineante en una empresa. -¡Ah! El mago abrió la puerta de la buhardilla y se detuvo en el umbral, vestido de paisano y con gorro en la cabeza estaba de lo más cómico. Iba a advertírselo, pero él me soltó con mal disimulada satisfacción. -Si quieres escuchar el programa ahí tienes una radio inventada por mí, dale al botoncito verde y te saldrá la emisora, ya la tengo programada. Dentro de 15 minutos empieza el espacio, lo patrocina jarabes PUP y se llama LA MAGIA AL DÍA... Comienza con el ulular del viento, luego se oye una carcajada siniestra que hiela la sangre en las venas y en ese instante suena la canción compuesta en exclusiva para el programa: “¡Ya está aquí, vino ya!... ¡La magia a su disposición!... ¡Chim póm, chim póm, chim póm!”… ¿Eh, qué te parece? Yo le miré inexpresivamente, hay ocasiones en que es mejor no revelar lo que a uno le pasa por el pensamiento. Él, que no dio muestras de reparar en mi mutismo, concluyó muy animado: -Si me esperas, cuando vuelva, resolveremos tu asunto. -¿Con la Maquina del Tiempo? El telefonillo sonó otra vez impertinentemente. -¡Ya voy, Marabina, ya voy... Dile al guardia urbano... ya bajo! Me miró con desesperación. -¡Están a punto de meterle una multa! –dijo y salió corriendo tan atolondradamente, que, por suerte para él, se le cayó el sombrero al suelo sin que ni siquiera lo advirtiese. Me senté en el borde de un cenicero lleno de pastillas de menta, ¿o eran colillas encantadas?; empezaba a comprender el por qué Laurisilva y las otras hadas, se habían sonreído al oírme preguntar si podía encontrarse ayuda en el Mundo Real.
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