4. LAURISILVA (3)

Me volví hacia Laurisilva.

-¿Es por esto que me has presentado a Bor?

-Sí, primero él, luego el búho encantado, y tú después... Creo, efectivamente, que ese lince gris, como insinúa nuestro amigo, puede conducirnos por el buen camino.

-¿La solución está en la cita misteriosa junto al puerto?

-En efecto, el enigma se puede aclarar si sabemos quién es el que espera allí al forastero.

-Perdona, ¡oh, reina!, pero no lo entiendo muy bien; si como todos los indicios parecen apuntar, la estrella la tiene Negri, o al menos eso imaginamos, ¿qué nos importa lo que le espere al lince gris en el puerto?

-Mucho –dijo Laurisilva con paciencia-, porque si es Glagól el que le aguarda, en el supuesto que el lince gris sea su esbirro, ello significa que el perverso mago ignora el paradero de mi estrella, y, no sabiéndolo, su desconocimiento nos abre muchas posibilidades. Poder encontrar tranquilamente a Negri recuperando lo que esa urraca gigante me robó por orden de Glagól.

Me quedé muy pensativo, luego exclamé:

-Discúlpame por la torpeza de mis entendederas, reina Laurisilva, pero, ¿cuánto tiempo hace que Bor se encontró con el forastero? Es que si ha transcurrido mucho, Glagól puede haber tenido ocasión de ir y volver del puerto más de cien veces, y estamos en las mismas.

La Reina de las hadas sonrió con indulgencia.

-Eres muy listo, periquito azul del amor, muy listo, mas sosiega tus temores porque no hace ni 24 horas que Bor tuvo su encuentro con el forastero, lo cual significa que aún estamos a tiempo de desentrañar el misterio... Voy a revelarte mi plan, buscaremos a Negri por toda la zona. Hadas, duendes y elfos, incluso los enanitos mineros, nos pondremos en movimiento, y tú, mientras...

Di un respingo y abrí mucho los ojos.

-¿Yoooo?

-Sí, tú, mi valeroso Petrusky, precisamente tú, de quien Glagól no puede ni sospechar tan siquiera, tú, repito, marcharás en pos del forastero hasta hallarlo, y escondido prudentemente asistirás a su cita misteriosa. De lo que en ésta escuches y sepas puede depender el futuro del Reino de las Hadas, fíjate si tu misión es importante.

-Sí, si, pero, un momento, majestad, ¿y si no me entero de nada porque no hay nada que saber, y si en tanto yo corro detrás de un fantasma, Glagól se encuentra en otro sitio haciendo de las suyas?

-¿Y si llueven comadrejas de nubes saladas? –soltó Ruky haciendo una mueca burlona.

-Ruky –regañó Laurisilva, y luego, a mí me dijo:

-Si el forastero nada tiene que ver con la desaparición de mi estrella, tanto mejor por ese lado, mas para entonces ya habremos dado con Negri.

La lógica de las hadas no dejaba de parecerme un mucho extraña. Porfié:

-¿Y si Negri no la tiene, y si ha sido otro el que se la ha quitado a Lilí?

Laurisilva suspiró no sé si de pesar o de cansancio ante mi insistencia.

-No puedo responder a esas preguntas y tú sabes cuál es la causa. Sin el poder de mi varita de virtudes nuestra magia ha mermado muchísimo y sólo podemos atender los casos pequeños, todo lo demás son incógnitas amiguito y para resolverlas te necesitamos a ti, que perteneces al Mundo Real, te hemos escogido como enviado.

No iba a ser tan mentecato que menospreciara el gran honor otorgado por las hadas a este humilde periquito, pero, ¡córcholis!, ¿por qué siempre yo?

-Porque –me respondió la Reina de las hadas que había leído mi pensamiento-, tú eres nuestro enlace entre el Mundo Real y el Otro Mundo, al que nosotras pertenecemos.

De repente me asusté ya que creí entender algo en lo que no había reparado aún.

-¿Dónde estoy yo ahora?

-Con nosotras.

-Sí, pero, ¿dónde?

Un hada deliciosa, ambarina, que hasta el momento guardase silencio, habló entonces con su vocecita musical:

-En los límites del sueño, en los límites de la realidad. Si retrocedes vuelves a tu mundo, si avanzas, penetras en el nuestro. Tu lugar debe estar entre los dos mundos, justo en la línea divisoria, es ahí en donde debes permanecer si quieres andar el camino que te aguarda.

-¿Si quiero o si debo? –pregunté yo muy mosqueado.

-Deber es querer –dijo Ámbar, ya que no se podía llamar de otra forma aquella hada.

Me sentía un poco acorralado. No es que no quisiera ayudarlas, pero, la verdad, por muy periquito azul del amor que fuese un servidor, por muchas aventuras que hubiera vivido con anterioridad, lo cierto es que... ¡Pues que tenía miedo, que caray!

-¿Y no podría buscar ayuda en el Mundo Real? –quise saber tímidamente.

Las hadas se miraron entre sí, al principio con sorpresa, después, al parecer, divertidas como si lo dicho por mí sonara a chascarrillo.

Laurisilva me preguntó maliciosa.

-¿De verdad pretendes buscar ayuda en el Mundo Real?

Yo me sentí muy abatido e infeliz.

-¿Puedo?

Ámbar, la encantadora, revoloteó en torno a su reina susurrándole algo al oído. Laurisilva tuvo una enigmática sonrisa.

-Si quieres probar, hazlo.

-¿No os enfadaréis conmigo por eso?

-No, Petrusky, las hadas no nos enfadamos con nuestros amigos.

Muy aliviado, dije.

-Una última pregunta, ¿en qué dirección he de marchar?

-¡Canta! –exclamaron a coro las hadas.

-¿Qué cante? -repetí perplejo.

Ámbar miró a Laurisilva como pidiéndole permiso y la reina asintió con la cabeza concediéndoselo.

-Cierra los ojos y empieza a cantar pues a medida que cantes el futuro irá surgiendo delante de ti, tu futuro, porque será tu canción. Es una antigua fórmula mágica y te la regalamos, haz buen uso de ella, Petrusky.

¿Qué cantara? ¡Mira que son sorprendentes las hadas!

En fin, me encogí de alas, ¿qué iba a hacer si no tenía otra opción?, era lo de siempre.

Canté, ¡que remedio!, de todas formas me había pasado la tarde haciéndolo.

 

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