| 4. LAURISILVA (2) | |||
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Sirinx se había sentado junto a aquel monstruo felino y le rascaba
entre las dos orejas, lo que le obligaba a él a cerrar los ojos y a emitir
un ronroneo cavernoso de satisfacción.
Laurisilva le rogó amablemente: -Bor, ¿tendrías la bondad de explicarle a Petrusky lo que nos contaste a nosotras? La fiera esa olfateó en mi dirección y yo hubiese jurado que con glotonería, mal pensado que es uno. -Si tú me lo pides, hada –tenía una voz ronca de tipo duro-. Escucha pajarillo... –sonrió torcidamente- Y pensar que de todos los lugares en que he estado tenía que encontrarte aquí precisamente... Tiene guasa... (¡Ay, Petrusky, que mal te veo!) Sirinx amonestó a Bor. -Vale, hada, no temas, que esto puede ser el comienzo de una buena amistad... Como iba diciendo pajarillo, marchaba yo por el bosque, harto ya de tanta miseria y mala vida, cuando de repente el viento me trajo el olor de un desconocido, y además estúpido, porque ningún animal silvestre se pone en el camino del viento para delatarse... Yo arrastraba una respetable gazuza de varios días, pero aquel bicho no era materia comestible ya que pertenecía a mi especie... Arrugué el bigote, ¡sólo me faltaba competencia en mi territorio, yo que estaba a base de grillos y lombrices de tierra por toda dieta, y ahora otro cazador merodeando, perra suerte!... Perdón, lindas hadas, ya sé que delante de las damas no se debe usar tal lenguaje... A lo que iba, pajarillo –Bor se acomodó torpemente en las hierbas curativas que le servían de cama-, me camuflé entre unas piedras y le vi pasar, era mucho más grande que yo y de pelaje gris. Imponía respeto y fíjate que es menda quien te lo dice, que no temo a nadie ni a nada en este mundo, mas parecía despistado, y eso me infundió moral, después de todo aquellos eran mis dominios y no los suyos. “-¡Eh, tú! –le grité abandonando mi escondite-, ¿qué es lo que se te ha perdido por aquí, si puede saberse?!” El otro, que se había sobresaltado al escuchar mi voz, en cuanto me echó el ojo, recobro la compostura. “-Que yo advierta no existen vallas en este lugar y el bosque es de todos, ¿o no? -Depende de cómo se mire, forastero... Por el momento te diré que estas tierras me pertenecen y que quien las quiera transitar o pide permiso o paga por ello.” El lince gris se me puso bravucón. “-Pues mira por donde hoy me he dejado la bolsa en casa.“ Yo, que me estaba preparando desde hacía un rato, salté, mientras rugía amenazador: “-Descuida, pagarás con el pellejo.” El desconocido me evitó con ágil regate, cosa que hay que reconocer me sorprendió bastante porque no tenía un aire demasiado despejado que digamos. “-Tranquilo, no quiero peleas, no soy ningún camorrista. Si no fueras tan picajoso hace rato que ya me habría ido y lo haré enseguida si me dices hacia dónde cae el mar.” Podéis estar seguros de que nunca me hubiese imaginado esa salida. “-¿El mar?” El intruso se impacientó. “-Sí, el mar, agua, ya sabes, mucho agua y barcos por encima... Alguien me aguarda en el puerto. -¿Quién te espera? -Eso a tí no te importa.” Tenía razón, los estatutos de las leyes del bosque son bien claros: no preguntes lo que no es de tu incumbencia, come cuando tengas hambre y bebe cuando tengas sed y mientras deja a los demás tranquilos...” Yo, Petrusky, interrumpí: -Eso está muy requetebién, ¿y lo cumplís? Bor me miró con malicia. -Siempre que no tengamos hambre y sed, procura no cruzarte en mi camino entonces... -Bor –reconvino de nuevo Sirinx. El lince suspiró pacientemente. -Está bien, está bien... Continúo... El forastero tenía prisa y yo ignoraba en que dirección estaba el mar. Los linces no somos animales acuáticos, pero debo reconocer que su pregunta me intrigó y mucho, quizás por ello decidí seguirle porque algo había en su extraño comportamiento que despertaba mi recelo. No anduve mucho tras su rastro; un cepo traicionero me salió al paso atrapándome la pata y dejándome en el estado en que me ves... Y si no hubiera sido por las hadas, te aseguro que ésta no la cuento... Ya me lo advirtió Negri: ¡ojo con las trampas que pueden ser mortales! -¿Conoces a Negri? –exclamé lleno de alegría. -Claro que lo conozco, un gran tipo ese Negri, gato doméstico pero muy buen camarada. Me previno de los cepos contándome la historia de un pariente suyo lejano, un tal Gatín, a quien una maldita trampa mutiló la mitad de la garra dejándosela sin dedos. Yo me estremecí y las hadas, indignadas, corearon una protesta. -¡No hay derecho! -¡Qué salvajada! -¿Cuándo aprenderá el ser humano a dejar en paz a los pobres animales? -Negri es amigo mío.. Bueno, amigo de una amiga más bien, ¿hace mucho que lo viste? -¡Huy y tanto!... Creo recordar que fue en primavera... Le dije que pensaba marcharme a una reserva protegida, pero el camino es demasiado largo. Sirinx le acarició el lomo. -Ahora, querido Bor, tus tribulaciones han concluido; nosotras te llevaremos a un parque nacional en donde tu especie está a salvo. Ruky intervino: -También llevaréis a los otros, ¿verdad? -¿Qué otros? –quise saber curioso. La Reina de las hadas me dio una explicación: -Tenemos recogidos varios conejos de monte, una familia de perdices, un faisán, tres erizos, cuatro ardillas, unos pinzones, un picapinos y algunos jilgueros así como una pareja de palomas torcaces... Todos son refugiados, supervivientes del incendio de un bosque, que conseguimos salvar, lamentablemente muchos otros fallecieron ya que no pudimos llegar a tiempo... Tu has llevado una buena vida, periquito Petrusky, por eso no sabes lo triste que es perderlo todo, patria y hogar y a los seres queridos, cuando la mano del Hombre provoca catástrofes. -Pero a veces hay rayos que incendian bosques. -No siempre, Petrusky, no siempre... Por descuido o por maldad, el ser humano tiene mucho que ver con los grandes fuegos del verano. Pensé en la casita en la que vivíamos tan felices Papá, Mamá, la Niña, Lilí y yo y se me pusieron las plumas de punta a la sola evocación de semejante desastre: el bosque en llamas, ¡qué horror! -¿Y los llevaréis a una reserva de animales? Sirinx tomó la palabra de nuevo: -En efecto... Es trabajo nuestro; ayudamos en cuanto podemos y ésta es una de las maneras. -Deberías visitar una reserva, Petrusky –dijo Ruky-, yo estuve el verano pasado de vacaciones en una y me lo pasé la mar de bien, hice muchos amiguetes y conocí incluso aves exóticas que estaban de paso, fue muy diver, además, los paisajes son preciosos. -Ya me gustaría, ya. Tal vez en otra ocasión, pero ahora a quien tengo que encontrar es a Negri, ya que sólo él sabe del paradero de la estrella puesto que se la ha llevado. ¡La estrella!, volvíamos a nuestro problema inmediato. Bor, somnoliento, murmuró: -Sé algo de ese asunto por las hadas y según lo que acabo de oír, tú afirmas que Negri se ha apropiado de la estrella mágica... Negri no es ningún ladrón, de eso estoy seguro. Yo protesté enérgicamente: -¡No he querido decir semejante cosa! Bor se estaba durmiendo por momentos. -Mi intuición me indica que el forastero tiene mucho que ver con todo esto –bostezó-. No era portador de ninguna estrella, pero, ¿por qué un lince busca el mar?... Si yo me perdiese que no me fueran a buscar en el puerto, eso lo tengo bien claro... Creo que ese lince gris no es lo que... Se durmió de golpe.
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