LOS PRIMITOS DE ÁFRICA

Copyright dibujo: Estrella Cardona Gamio

IX ¡TODOS ENFERMOS!

A la mañana del día siguiente se extendió por el pueblo una noticia que corrió como un reguero de pólvora, y las personas que no se impresionaron fueron sólo aquellas que carecían de mascotas.

¡Se había declarado una extraña epidemia entre los animalitos de compañía y a todos sin excepción, les dolía la barriga!

¡Anda y que no estuvieron atareados los veterinarios, no poco!

Francamente, apenas daban abasto, tanto, que empezó a correr el rumor de que pudiera tratarse de veneno, rumor que se desvaneció rápidamente cuando los pobres veterinarios empezaron a decir que a las mascotas no les pasaba nada absolutamente, vaya, que no habían comido nada malo, pero, lo que no podían explicarse de forma razonable, era la causa de que todos chillaran y se revolcaran montando el número, y no precisamente de circo.

La dueña de Lindy, la de Copy y un largo etc., corrieron entonces, desesperadas, a la tienda de la señora Escarola, buscando, entre sus remedios de hierbas, alguno que pudiera librar de aquella misteriosa enfermedad a los animalitos.

-¡No lo entiendo, si estaba tan bien!

-¡Ha sido rarísimo, de la noche a la mañana venga a revolcarse y a maullar y el veterinario asegura que no ha podido comer ni beber nada que le haga daño!

-¡Yo tampoco lo entiendo, mi Copy nunca ha sido un gato numerero y hace lo mismo!

-¡Debe ser una epidemia porque Barín, que no puede salir de casa el pobre con su reuma, de lo viejo que es, no come y se queja suavemente, será porque no tiene fuerzas, claro!

-¡Y Puchi-Puchi no para de chillar y revolcarse!

-¡Y Terry!

-¡Y Miska!

-¡Y Laky!

-¡Y Boby!

-¡Y Odín!

-¡Y Topsy, y Punto y Mimí y Michi!

-¡Y Perla!

-Y...

-Y...

-Y...

La señora Escarola preguntó:

-¿Y Duc, también se queja?

-Pues no, al menos que sepamos por sus dueños... Será que como no se relaciona casi con los demás perros, no ha podido contagiarse.

-¿Y de Nos y Mos se sabe algo? -siguió interrogando la señora Escarola.

-¿Si están enfermos? -preguntó la dueña de Lindy- No, no se sabe que lo estén. Claro que sus amos no han tenido tiempo de decir nada porque no hace ni 24 horas que se ha desatado la epidemia... Quizás unos tarden más que otros en contagiarse.

La señora Escarola se quedó pensativa. Veinticuatro horas exactas era el tiempo que hacía que sus amigas las mascotas, habían venido a verla la última vez, cuando algunas se reunieron con ella en la cocina para lamentarse, protestar, y oír de paso, la historia del los primitos de África. Recordó como Punto habíase quejado, al marcharse, de que le dolía la barriguita y que Mimí y Michi se unieron a las quejas, pero dado que los gatitos eran unos trapisondas, ella, la señora Escarola, no creía que precisamente aquel dolor de barriga fuese cierto, sino más bien una excusa para que el pastor alemán les llevase a cuestas hasta su casa...

Bueno, eso es lo que había pensado en su momento, pero ahora ya empezaba a dudar. Igual, sí, era una epidemia rara de esas... ¡Últimamente se presentan tantas desconocidas.

-Miren, señoras, no me atrevo a darles ningún remedio sin ver antes a varios de los animalitos enfermos... No es que pretenda ocupar el sitio de los veterinarios, ya que yo no lo soy, pero si me gustaría observar a alguno de esos pacientes para hacerme una idea.

La dueña de Lulú interrogó ansiosa:

-¿Cree usted, señora Escarola, que será grave?

-Ni idea, mi querida amiga, no tengo ni idea, pero si quisiera ver a una cualquiera de esas mascotas con mal de barriga.

-¿Si las hubiesen envenenado, se habría muerto alguna, verdad, señora Escarola? -quiso saber, angustiada, la dueña de Lindy.

El amo de Fiel y Leal, que se encontraba también muy preocupado, dijo a su vez, aprovechando que las señoras se callaban un instante.

-No, no creo que sea veneno... Quizás la lluvia está contaminada y los animales han bebido de alguna charca... Tratándose de mis perros no me extraña, son de lo más ingobernable y siempre están metiendo el morro donde no deben...

-¿También se quejan?

-¡Y no vea usted como, señora Escarola, arman tanto escándalo que te da la impresión que están muriéndose por momentos!

-¡Mis hijos tienen un disgusto horrible, con la ilusión que les hacía a ellos el que su mascota realizara un número de circo en la función de Navidad!

-¡Si, a ese paso, tendrán que montar una obra de teatro infantil, porque lo que es circo me parece a mí que de eso nada, al menos por este año!

La señora Escarola frunció el ceño como el que intenta recordar algo, y finalmente lo encontró: ni Duc, ni Mos ni Nos ensayaban ningún numero de circo, porque sus dueños no tenían niños.

-¡Una lástima, si hubierais visto a Copy lo gracioso que estaba caminando por la cuerda floja con un gran globo rojo atado con un lazo a su rabo!... ¡Y lo que el animalito disfrutaba!

La señora Escarola la miró por encima de sus gafas verdes, de esas de lentes cortados a mitad para alternar la visión de lo que está cerca con lo que se halla lejos.

-¿Usted cree?

-Perdón, ¿cómo dice?

-Digo si usted cree que Copy se lo pasaba bien con un globo atado al rabo y andando por la cuerda floja...

-¡Naturalmente! -exclamó la dueña de Copy muy convencida.

-¡Y Topsy tirando de un carrito con ruedas en el que iban Mimí y Michi, porque Punto es demasiado travieso!

-¡Igual nuestro Puchi-Puchi, se divertía un horror haciendo el payasito!... ¡Si lo hubiera visto, señora Escarola, estaba monísimo, de veras!

-¿Y Lindy, dándole con un palito de golf a una pelotita? ¡Con lo glotona que es, antes no se convenció que la pelota no era comestible!...

-¡Ya! -dijo la señora Escarola, pero la clientela que llenaba su tienda, femenina mayoritariamente, no supo captar lo que se encerraba en el tono de aquella exclamación.

Continuará...

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